OPINIÓN: Todavía no descarten a Donald Trump

Un triunfo político importante le daría impulso al presidente estadounidense, a menos que termine por consumirse con las investigaciones sobre Rusia.
Un as bajo la manga  A pesar de todo el ajetreo de los primeros 70 días de Trump en la presidencia, todavía puede darle un giro radical a su administración.  (Foto: EFE)
Julian Zelizer

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton, además de miembro numerario de New America. Escribió los libros Jimmy Carter y The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society. También es conductor del podcast Politics & Polls. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Sería un error grave descartar a Donald Trump demasiado pronto. Aunque ha pasado dos meses difíciles, es importante recordar que otros presidentes de Estados Unidos han sobrevivido a comienzos increíblemente complicados y han podido gobernar dos mandatos.

No cabe duda de que Donald Trump ha cometido una gran cantidad de errores graves. Ha permitido que el capital político se fugue por la ventana con sus decretos torpemente redactados para prohibir a los refugiados, con su mal manejo de las negociaciones para la abrogación de la Ley de Cuidados de Salud Asequibles y con el avance casi nulo en el frente legislativo.

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Sus tuits descabellados y sus declaraciones irresponsables son algunas de las causas de sus bajos índices de aprobación nacional (otros presidentes tuvieron índices de aprobación igualmente bajos). Los tribunales y el Congreso han podido frenar al presidente en varias ocasiones, mientras que un movimiento de oposición, llamado Indivisible, ha logrado intimidar a legisladores de ambos partidos y obligarlos a pensar dos veces antes de apoyar al presidente.

La investigación del asunto de Rusia es la amenaza más grave para él. Cuando Mike Flynn, exasesor de Seguridad Nacional, pidió inmunidad a cambio de su testimonio, todos los estadounidenses que tienen memoria histórica no pudieron evitar preguntarse si sería el John Dean de esta presidencia.

A pesar de todo, es importante recordar que otros presidentes reelectos lograron sobrevivir un comienzo complicado y polémico en su presidencia.

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El republicano Ronald Reagan, quien terminó reconstruyendo la política estadounidense al inclinar el debate nacional profundamente hacia la derecha, tuvo muchas dificultades en sus primeros meses en el cargo. Propuso recortes presupuestarios que se toparon con una resistencia feroz mientras los estadounidenses descubrían que sus ataques retóricos contra el gobierno se transformarían en ley vigente. El rezago de la economía dificultó que Reagan expandiera su apoyo público, particularmente porque su paquete económico se estancó en la Comisión de Presupuesto de un Senado dominado por los republicanos. Firmó su primera propuesta de ley (la reducción de los subsidios al precio de los lácteos) hasta el 31 de marzo, en el hospital de la Universidad George Washington, un día después de haber sufrido un atentado.

Bill Clinton tuvo problemas a lo largo de sus primeros meses en la Casa Blanca. Una serie de designaciones controvertidas y problemáticas para el gabinete, así como la serie de errores con su Fiscal General (Janet Reno fue su tercera opción y la confirmaron hasta marzo) provocaron que luciera incompetente y fueron obstáculo para lograr avances en el Congreso. Su compromiso atenuado sobre si los gays y las lesbianas podrían servir en las fuerzas armadas (mejor conocido como "no preguntes, no cuentes"), provocó que muchas personas se enojaran con él y a muy pocos les gustó el resultado.

Clinton también encontró obstáculos para su agenda legislativa y se fue alejando del recorte a los impuestos a la clase media que prometió durante su campaña. Sus índices de aprobación cayeron de un 64% en febrero de 1993 a un 37% en mayo de ese mismo año. Un mes más tarde, la revista Time publicó un artículo en el que llamó a Clinton "el increíble presidente que se encoge". Vernon Jordan, uno de sus asesores más experimentados, se quejó de que "allí no hay nadie que haya trabajado antes en la Casa Blanca".

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Sin embargo, Reagan y Clinton se recuperaron y tuvieron presidencias muy exitosas. Reagan regresó tras su recuperación del intento de asesinato y promovió un recorte histórico a los impuestos al sector de distribución de mercancías a mediados de 1981. Dio vigor a los republicanos y sentó las bases para promover otros planes, tales como los incrementos masivos en el gasto en defensa.

Aunque seguiría pasando por momentos difíciles, tales como los muchos triunfos de los demócratas en las elecciones intermedias de 1982 y el escándalo de Irán-Contras, se volvió un presidente icónico.

A Clinton le tomó más tiempo recuperarse. Su presupuesto de 1993, en el que aumentaba los impuestos a las corporaciones y a los ricos, fue un éxito político a largo plazo porque se redujo el déficit, pero causó gran caos porque los conservadores lo tildaron de liberal paternalista disfrazado.

Como en el caso de Trump, el plan inicial de Clinton para los cuidados de salud falló. Este golpe sirvió para que los republicanos recuperaran el control de ambas cámaras del Congreso en 1994 por primera vez en 40 años. Durante su segundo mandato, la Cámara de Representantes votó por someterlo a juicio político en diciembre de 1998 por haber cometido perjurio al declarar sobre un romance extramarital. Sin embargo, Clinton sobrevivió y disfrutó de índices de aprobación cada vez más altos a lo largo de dos mandatos, además de que sus triunfos en temas como la reducción del déficit, el contraterrorismo y la atención médica, siguen siendo esenciales.

¿Donald Trump puede hacer lo mismo? Está claro que es posible que termine igual que Herbert Hoover o que Jimmy Carter, lo que significa que sus problemas no desaparecerán y que será presidente por solo un mandato… cuando mucho.

Como sobre la Casa Blanca se cierne un escándalo relacionado con la colusión de su equipo de campaña y Rusia, las probabilidades de que esta presidencia se salga de control siguen siendo muy reales.

Como el Comité de la Libertad de la Cámara de Representantes y la minoría demócrata ya se envalentonaron, no se la van a poner fácil a este presidente y parece que la investigación del escándalo de Rusia se va a intensificar. Los electores que se opusieron a Trump, que probaron la victoria tras las protestas contra las asambleas públicas republicanas, estarán mucho más decididos a echar abajo el resto de sus planes.

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Sin embargo, sus oponentes también deberían estar conscientes de que Trump tiene la capacidad para recuperarse. El escándalo de Rusia podría resultar algo parecido al de Irán-Contras: la investigación explosiva y devastadora nunca tocó al presidente y los blancos de la investigación pudieron argumentar que los inquisidores partidistas pretendían socavar la seguridad nacional.

Los demócratas también podrían llegar a la conclusión de que intentar destituir a Trump a través de un juicio político sería contraproducente, ya que el vicepresidente Mike Pence es muy conservador y es muy probable que trabajara bien con el Comité de Libertad en cuestiones a las que la izquierda se opondría radicalmente.

Las posibilidades de un juicio político para Donald Trump

Si Trump puede ponerse en orden, podría promover leyes o alguna clase de plan audaz de infraestructura que dificultaría la oposición de los demócratas y de los republicanos que no pertenecen al Comité de Libertad. Con esto se podría alcanzar una victoria bipartidista y podría alzarse como independiente y liberarse de algunas alianzas partidistas que hasta ahora lo han detenido. Trump, cuyos tuits de esta semana estuvieron dirigidos contra el Comité de Libertad, tiene el potencial de debilitar a ese grupo, una de las fuentes principales de las obstrucciones en el Congreso estadounidense desde 2010, y así atraer a los demócratas.

Si es astuto, Trump podría hacer todo esto y seguir avanzando con su muy agresiva agenda desreguladora, combinada con un recorte a los impuestos al sector de la distribución estilo Reagan con el que podría mantener contentos a los republicanos. Este sería un golpe doble que rápidamente pondría a los demócratas a la defensiva.

Trump, quien sigue teniendo el apoyo de los republicanos en las encuestas, puede seguir ofreciendo a sus partidarios lo que quieren a través de ataques renovados contra los inmigrantes ilegales y la promoción de "la ley y el orden" en las ciudades. La parte conservadora de su populismo ha sido una de las más exitosas y ha servido para demostrar que puede explotar los elementos más oscuros de la derecha.

De acuerdo con Steve Bannon, Trump aún puede "deconstruir el Estado administrativo". No es cierto que Obamacare explotará solo, pero Tom Price, secretario de Salud y Servicios Humanos, puede hacer mucho daño a este frágil programa y volverlo menos efectivo y menos atractivo en los próximos años. Por ejemplo: podría reducir los subsidios a los costos compartidos de los que han dependido las aseguradoras, medida que generaría inestabilidad en los mercados.

Trump puede crear poco a poco una coalición más poderosa para lograr que la Ley de Cuidados de Salud Asequibles parezcan lo peor para la mayoría de los electores.

Como escribió Steve Rattner, "si se disminuye la efectividad de la ACA [Ley de Cuidados de Salud Asequibles, por sus siglas en inglés)… pueden estar seguros de que los republicanos intentarán culpar a los partidarios de Obamacare".

Este es un momento decisivo para Trump. Su siguiente jugada es crucial. Los problemas a los que se enfrenta son muy reales, así como significativos los avances que ha tenido en ciertas cuestiones y su potencial para superar los desafíos actuales.

Parte de la respuesta a esta situación dependerá no tanto de Trump, sino de lo que sus oponentes hagan en los próximos meses y de si son capaces de aprovechar las debilidades y las inestabilidades que han quedado expuestas en la Casa Blanca como resultado del fracaso con la ACA.

Sin embargo, sus detractores deberían estar conscientes de que así como un gran fracaso en la política le abre la puerta a otros fracasos al permitir que tus oponentes vean todas tus debilidades, un gran triunfo puede generar el impulso político que le da a los presidentes la oportunidad de avanzar en otros asuntos e incluso de reelegirse.

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