OPINIÓN: El personaje hueco del presidente Trump es el resultado de su vida

Si tomamos su pasado como prólogo, nos será fácil creer que la prensa afirme que Trump filtró información clasificada a los funcionarios rusos y que haya intentado justificarse en Twitter.
Donald Trump ha sido fiel a los rasgos de personalidad que ha dejado ver desde hace mucho y al personaje que ha encarnado todos los días durante toda su vida, aseguran analistas.
¿Siempre el mismo?  Donald Trump ha sido fiel a los rasgos de personalidad que ha dejado ver desde hace mucho y al personaje que ha encarnado todos los días durante toda su vida, aseguran analistas.  (Foto: EFE)
Michael D'Antonio

Nota del editor: Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (editorial St. Martin's Press). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Carácter es destino. Eso también se deja ver en todo lo que hacemos.

Antes de que hiciera campaña para ser presidente de Estados Unidos, Donald Trump reveló rasgos de carácter durante 40 años. En ese lapso, dejó claro que es un fanfarrón desleal incluso con las mujeres a las que ha amado, que resta importancia a los hechos y que parece que no le conmueve el dolor que ha causado al acosar a los vulnerables y al no hacerse responsable de sus deudas.

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Entre sus víctimas están sus propios hijos, quienes estuvieron sujetos a sus escándalos sexuales, e incluso un caballo que quedó cojo porque Trump insistió en hacerlo correr aunque estuviera enfermo.

Si tomamos su pasado como prólogo, nos será fácil creer que la prensa afirme que Trump filtró información sumamente clasificada a los funcionarios rusos y que haya intentado justificarse en Twitter. Trump no tiene ninguna de las cualidades que le habrían servido para ser más discreto y dar información así es justo su estilo, simplemente para demostrar que sabe cosas.

En vez de cultivar las virtudes que relacionamos con el buen carácter (integridad, honestidad, compasión, etc.), ha llegado a vivir el personaje que inventó. "El espectáculo se llama 'Trump' y las entradas están agotadas en todas partes", dijo en 1990. "Me he divertido haciéndolo y seguiré divirtiéndome; creo que la mayoría de la gente lo disfruta".

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En las dos crisis autoinfligidas más recientes (el despido del director del FBI y la presunta filtración de información confidencial), Trump ha sido fiel a los rasgos de personalidad que ha dejado ver desde hace mucho y al personaje que ha encarnado todos los días durante toda su vida.

La única salvedad es que el personaje de "Trump" no estaba listo para asumir la presidencia y no había tiempo para volver a escribir el guion. Como se quedó solo en el escenario, bajo los reflectores, se vio obligado a improvisar. Nunca ha sido un líder auténtico con sentido de responsabilidad ni respeto por los demás, así que solo cuenta con su imaginación.

En su cabeza, los presidentes firman documentos, aceptan los aplausos del acto y entregan plumas a los dignatarios asistentes. Los presidentes pasean en el avión presidencial. Juegan golf y conceden entrevistas. Sí, estos aspectos del trabajo son únicamente para las cámaras, pero son las partes que Trump sí sabe actuar.

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El resto se le escapa y por eso Estados Unidos tiene la presidencia más caótica de la que haya memoria. Tenemos un jefe del Ejecutivo que no puede armar un gobierno, que no puede lograr que se aprueben leyes en el Congreso y que carece de la constancia que esperamos del líder del mundo libre.

El personaje hueco del presidente es simplemente el resultado de su vida de esfuerzos por presentarse como un dechado de éxitos. Bendecido con la fortuna que su padre amasó, Trump creó un submundo en el que es tan rico y famoso como dice que es.

Hizo afirmaciones ridículas, tanto en entornos sociales como ante la prensa, sobre toda clase de cosas, tales como su fortuna o su atractivo sexual. Protegió su versión de la realidad en una fortaleza de recortes de periódicos sobre empleados aduladores que dependían de él. Cuando una autoridad neutral como la revista Forbes le reventaba su burbuja, se quejaba amargamente.

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Para cuando decidió buscar la presidencia, Trump había dedicado buena parte de su vida a la fabricación del personaje del estadounidense exitoso y consumado. Trump llegó a caminar, a hablar e incluso a pensar como el tipo que dice "¡Estás despedido!" en el programa de televisión El aprendiz.

La campaña presidencial fue una versión itinerante del acto que presentó durante décadas en Nueva York. Las multitudes demostraron a Trump y al mundo que este personaje era tan atractivo como él creía. Le dio a la gente lo que quería y para sorpresa de muchos (yo creo que incluso de él), el Colegio Electoral lo hizo presidente de Estados Unidos.

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Al igual que una mala obra de teatro que está a punto de cancelarse, la presidencia defectuosa de Trump confirma que para las personas, carácter es destino. Si también es destino para los países, esperemos que en alguna parte de Washington haya hombres y mujeres con los rasgos necesarios para liderarnos.

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