OPINIÓN: Chris Cornell ayudó a otros hombres a reconocer su capacidad de amar

La versión de la masculinidad blanca de Chris Cornell era emotiva, autocensurada, con bordes difuminados pero aún atrevida.
'Grunge'  En la década de 1990 se oía a las feministas rechazar al 'grunge' porque era una remodelación meramente cosmética de la vieja hombrecracia machista del rock 'n' roll.  (Foto: AFP)
Sara Marcus

Nota del editor: Sara Marcus es ensayista y crítica. Escribió el libro Girls to the Front (Editorial Harper Perennial, 2010), una historia crítica y cultural sobre el movimiento feminista punk riot grrrl de la década de 1990. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) — Chris Cornell, mejor conocido como el vocalista y líder de la banda Soundgarden, murió el miércoles 18 de mayo por la noche. Se determinó que fue suicidio.

Lo que más recuerdo de Cornell es que aunque mi amigo Jordan es heterosexual, le encantaba Chris Cornell y quería que todos lo supieran.

En nuestro salón de clases, en el sótano de la Escuela Hebrea situada en los suburbios de Maryland, a principios de la década de 1990, Jordan pintaba el logotipo de Soundgarden en los costados de sus botines Converse de lona y besaba efusivamente las fotos de Cornell que se publicaban en las revistas Spin y Rolling Stone. Yo observaba divertida todo el fenómeno grunge a la distancia. Mi colección de música comenzaba en las Indigo Girls y Ani DiFranco y pasaba por grupos más ruidosos aunque explícitamente políticos como Bikini Kill, Bratmobile, Hole y Fugazi, los héroes locales de Washington. El grunge simplemente no era lo mío, pero sí era lo de Jordan.

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Es por eso que Cornell fue importante para mí en ese entonces, no solo por su trabajo como cantante sino por la clase de masculinidad blanca de la década de 1990 que vivía, pregonaba y encarnaba. Tenía el cabello largo y bien cuidado, rasgos faciales delicados y esos tritonos y whooo-ooo-ooo-ooos que transmitían telegráficamente una sinceridad decidida.

Podía cantar lleno de remordimientos y sin desdén, como lo hizo en Fell on Black Days: Whomsoever I've cured, I've sickened now/And whomsoever I've cradled, I've put you down... I'm only faking when I get it right. (A quien he curado, he hecho enfermar/a quienquiera que he acunado, he abandonado… solo finjo cuando hago lo correcto). Cornell cantó esa canción en su último concierto en Detroit. Era la clase de hombre al que Jordan (otro hombre introspectivo, heterosexual pero no rígido, que cumpliría la mayoría de edad en la década de 1990) podía amar y ese amor los inspiró a romper las viejas reglas de la masculinidad.

Mi compañero desenterró hace poco un viejo CD de Soundgarden y cuando lo escuchamos con las ventanas del auto abiertas mientras paseábamos cerca de nuestra casa nueva, en Indiana, escucharlo pareció casi un acto contracultural. No puedo imaginar que hoy una canción como Hunger Strike, que Cornell compuso y cantó con su efímero supergrupo Temple of the Dog, pudiera llegar a los 10 primeros lugares si tiene la frase I can't feed on the powerless when my cup's already overfilled (no puedo alimentarme de los desvalidos si mi copa ya está rebosante). Tomar más de lo que necesitas de la gente que no tiene nada: eso es lo que significa ganar para los estadounidenses de la actualidad. ¿La versión de la masculinidad blanca de Chris Cornell (emotiva, autocensurada, con bordes difuminados pero aún atrevida) sigue teniendo lugar en el Estados Unidos de Trump?

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En la década de 1990 se oía a las feministas rechazar al grunge porque era una remodelación meramente cosmética de la vieja hombrecracia machista del rock 'n' roll… David Lee Roth con un peinado menos ondulado. Yo también pensé así durante un tiempo. Pero si surgiera otro Chris Cornell y ayudara a inspirar a una nueva generación de hombres a reconocer su ira y su vulnerabilidad, su capacidad de amar y su humildad, no lo desdeñaría. Le diría: "Pasa, te necesitamos".

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