OPINIÓN: Encuestas, elecciones y lecciones

La pregunta es si en estos 12 años aprendimos lo suficiente (encuestadores, medios y sociedad) para medir, entender y enfrentar una elección con un resultado incierto por una competencia muy cerrada.
Elecciones 2017  El domingo 4 de junio se realizaron votaciones para elegir gobernador en el Estado de México (foto), Coahuila y Nayarit, así como 212 alcaldías en Veracruz.  (Foto: EFE)
Marco A. Morales

Nota del editor: Marco A. Morales es Investigador Afiliado al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Su cuenta de Twitter es @marco_morales. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(Expansión) – Es lugar común esta semana decir que las elecciones del domingo pasado son una muestra del panorama electoral del próximo año. Puede que, en materia de encuestas, sea también el caso. Dados los resultados del domingo, no es improbable que la elección presidencial de 2018 tenga también un final muy cerrado… como en 2006.

OPINIÓN: Vanguardia y retaguardia

La pregunta es si en estos 12 años aprendimos lo suficiente (encuestadores, medios y sociedad) para medir, entender y enfrentar una elección con un resultado incierto por una competencia muy cerrada. Vienen retos interesantes que pueden hacer difícil la medición: coaliciones de partidos, candidatos independientes, precandidatos conocidos bajo camisetas diferentes…

Mientras la reflexión continúa en México, la Asociación Estadunidense de Investigación en Opinión Pública (AAPOR, por sus siglas en inglés) presentó hace unos días el reporte que la industria de las encuestas comisionó a un grupo de expertos y académicos para explicar qué pasó con las encuestas en la elección presidencial de 2016. Destaco las cuatro principales explicaciones.

OPINIÓN: La antesala al 2018

Primero

Las encuestas nacionales fueron acertadas. De hecho, las encuestas nacionales – subraya el reporte – tuvieron un error promedio de 1% para estimar la proporción nacional de votos que recibieron ambos candidatos. Las encuestas nacionales de 2016 fueron las más acertadas en la historia de las encuestas en Estados Unidos, que comenzara en 1936. Desafortunadamente, el Colegio Electoral estadunidense hace que este dato no corresponda siempre con el ganador de la elección, que se decide – como en 2016 – en unos cuantos estados.

Segundo

El problema real fueron los errores en las encuestas estatales. Las encuestas estatales son menos frecuentes y tienen menos encuestadoras de calidad, especialmente en estados que no son competidos. En 2016, las encuestas estatales tuvieron un error promedio de 3% que afectó especialmente a estados que debieron haber sido ganados por Clinton: Pennsylvania, Michigan y Wisconsin. La explicación sobre el problema en las encuestas estatales nos lleva a los últimos dos puntos.

Tercero

No hubo voto oculto. No hay evidencia de que los votantes de Trump prefirieran no revelar que votarían por él para evitar el escarnio. De hecho, la evidencia sugiere que mientras que los votantes de Clinton reportaban una alta probabilidad (80%) de ir a votar, los votantes de Trump manifestaban una probabilidad media (60%) de emitir su voto. En las últimas semanas de la campaña, sin embargo, los votantes de Trump aumentaron su probabilidad de salir a votar. Es decir, la preferencia de voto no parece haber cambiando, sólo la intensidad en la intención de los votantes de Trump para salir a votar.

Cuarto

Las encuestas sobre-representaron a los votantes más educados. Las encuestas estatales tendieron a encuestar a votantes más educados que la proporción en el estado. No sólo resulta que los votantes más educados son más propensos a contestar encuestas, también eran más propensos en esos estados a manifestar su preferencia por Clinton. Al no corregir este sesgo, las encuestas estatales consistentemente sobreestimaron la intención de voto por Clinton en estados que terminaría ganando Trump.

Estos errores explican que el consenso en las encuestas y en los modelos de predicción basados en encuestas haya sido la victoria de Clinton hasta el día de la elección. También explica que muchos analistas, incluido yo, basados en la información disponible hayamos concluido que Hillary Clinton sería presidenta en 2016.

ESPECIAL: #Elecciones2017: la antesala presidencial

Un último punto interesante que revela este estudio – relevante por la reciente racha de declaraciones inculpatorias en la reaparición de Hillary Clinton – es que no hay evidencia que sustente el “efecto Comey por el cual el anuncio de la re-apertura de la investigación del FBI a Hillary Clinton le costó la presidencia. De hecho, la evidencia sugiere que la erosión en la intención de voto por Clinton había iniciado varias semanas antes y no se incrementó notoriamente luego del anuncio.

Como siempre, en política hay explicaciones políticas y explicaciones factuales. No siempre se traslapan.

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