OPINIÓN: Es hora de despedir al oso polar

El oso polar se fue volviendo símbolo del cambio climático, cuyos extremos son evidentes en el Ártico.
Efecto  Las imágenes del oso polar vagando por el hielo fragmentado son símbolo importante de los efectos del calentamiento global.  (Foto: iStock)
Erica M. Dingman

Nota del editor: Erica Dingman es investigadora del World Policy Institute y es directora de la iniciativa Artic in Context. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

(CNN) — Cuando el público vio por primera vez la impactante imagen de un oso polar vagando por el hielo del Ártico, guiando a su cachorro a través de un Norte blanco aparentemente inmaculado, el Ártico recibió la atención que le faltaba desde que terminó la Guerra Fría. La campaña publicitaria, que comenzó en 2011, fue idea del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) en alianza con Coca Cola.

En los años siguientes, el oso polar se fue volviendo símbolo del cambio climático, cuyos extremos son evidentes en el Ártico. Me dedico a investigar cuestiones árticas y por ello agradecí particularmente que la atención creciera. Cuando hablo con otras personas sobre este problema, suelo sentir que la respuesta es un "¿a quién le importa?" implícito. Lo que el oso polar nos demostró fue el cambio abrumador que afecta al entorno ártico.

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Aunque la intención de la campaña del WWF con el oso polar fue correcta, también desvió la atención respecto a la gente que vive en el Ártico y de las consecuencias del calentamiento del Ártico para la gente de todo el mundo. Lo primero y lo más importante es que alrededor de cuatro millones de pueblos originarios del norte de Canadá y Rusia, Alaska, Groenlandia y Noruega tienen su hogar en el Ártico. Su vida se ve directamente afectada por el cambio climático.

Tal vez la menor manera de asegurarnos de que esta gente que vive en el Ártico (y en otras partes) reciba la atención que merece sea compartir sus historias con el público en general.

Aunque en días recientes han abundado los titulares sobre pronunciamientos de cambios tremendos en nuestro medio ambiente, es importante que el impacto directo de esta cuestión sobre la gente siga siendo el eje del diálogo internacional.

¿Y qué pasará con el mundo si no logra frenar el calentamiento global?

Conforme el Ártico se calienta, el hielo se adelgaza más pronto y los cazadores se enfrentan a más peligros para encontrar el alimento esencial para las tradiciones de muchos pueblos originarios como los inuit. "La comida es el salvavidas de la comunidad", señaló uno de los 146 autores del reporte sobre seguridad alimentaria en Alaska de 2015 del Consejo Inuit Circumpolar. De hecho, la comida es la piedra angular de la cultura, la identidad, la salud y el bienestar de los inuit.

Sin embargo, las comunidades originarias no son las únicas que están bajo amenaza por el cambio climático. El aumento del nivel del mar nos hace vulnerables a la amenaza de las inundaciones masivas en todo Estados Unidos y alrededor del mundo.

En un titular reciente de la revista National Geographic se leía: "El aumento del nivel del mar inundará cientos de ciudades en el futuro cercano". El diario británico The Independent llamó la atención del público con el artículo El 'colapso catastrófico' del casquete de hielo de la Antártida Occidental podría elevar el nivel mundial del mar en tres metros, advierten los científicos.

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A pesar de este peligro tan real e inminente, el enunciado principal de un informe reciente de la Unión de Científicos Preocupados (UCS, por sus siglas en inglés) indica que "el cambio climático suele parecer una amenaza distante. Es difícil imaginar cómo afectará o alterará nuestra vida".

Los hallazgos de este informe de la UCS son ciertamente significativos. Si no se toman medidas preventivas, 170 comunidades costeras de Estados Unidos sufrirán "inundaciones a causa del aumento del umbral del nivel del mar" en los próximos 20 años.

A lo largo de la Costa Oeste de Estados Unidos, desde Washington hasta California, y en la Costa Este, desde Maine hasta la punta de Florida, el Golfo de México y el extremo sur de Texas, los habitantes de las comunidades rurales son las más vulnerables. Cada vez más familias tendrán que pensar en mudarse porque sus casas se verán inundadas regularmente y los negocios tendrán que cerrar.

Las ciudades densamente pobladas como Nueva York tendrán que tomar decisiones difíciles a lo largo de este siglo. En la ciudad de Nueva York, el nivel del mar ha aumentado al menos 30 centímetros desde 1990 y se espera que aumente entre 46 y 127 centímetros para el 2100. Los sistemas de agua potable, de drenaje, de transporte, de comunicación y de energía estará bajo amenaza si no se toman medidas para proteger las costas y la infraestructura urbana.

En el peor de los casos, según el informe de la UCS, las emisiones siguen aumentando, los casquetes polares se derriten más rápido y el nivel mundial del mar aumenta hasta dos metros. En el mejor de los casos, las emisiones mundiales colectivas se limitan a menos de dos grados Celsius, en conformidad con el Acuerdo de París.

La pérdida de hielo se disminuye sustancialmente y las inundaciones crónicas ceden en gran medida. Es poco probable que lleguemos a cualquiera de los dos casos, pero las probabilidades de que lleguemos al mejor son aún más remotas a consecuencia de la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París.

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El pueblo inuit nos ha advertido de la realidad del calentamiento global desde hace décadas. Pero ya seas inuit, habitante de una comunidad costera o de otra parte, hay que tomar medidas colectivas contra el cambio climático para preservar las comunidades a las que consideramos nuestro hogar.

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Las imágenes del oso polar vagando por el hielo fragmentado son símbolo importante de los efectos del calentamiento global. Sin embargo, las imágenes de la gente son las que deben impulsar el diálogo que provoque el cambio.

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