OPINIÓN: Les guste o no, Donald Trump es responsabilidad de los republicanos

Cada vez son más los académicos conservadores que manifiestan cómodamente sus dudas acerca del presidente de EU, incluso en Fox News, tierra santa de los conservadores, asegura Julian Zelizer.
La gente ya está especulando quiénes serán los principales rivales de Trump en las elecciones primarias, si es que se lanza a la reelección en 2020, estiman analistas.
Próximo periodo  La gente ya está especulando quiénes serán los principales rivales de Trump en las elecciones primarias, si es que se lanza a la reelección en 2020, estiman analistas.  (Foto: Reuters/Archivo)
Julian Zelizer

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton, además de miembro numerario de New America. Escribió los libros Jimmy Carter y The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society. También es conductor del podcast Politics & Polls. Síguelo en Twitter en @julianzelizer. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Cada vez son más los republicanos estadounidenses que critican a Donald Trump. Las delegaciones legislativas republicanas que controlan ambas cámaras se fueron de vacaciones la semana pasada sin tener una ley importante que presumir tras sus primeros seis meses de gobierno unido e incluso el mismo Trump se fue de vacaciones.

En semanas recientes hemos visto que el senador John McCain desafió al presidente de Estados Unidos hundiendo el esfuerzo por abrogar Obamacare. El senador Lindsey Graham advirtió a Trump que dejara de criticar al fiscal general, Jeff Sessions, o sería el principio del fin de su presidencia.

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Jeff Blake, senador por Arizona, publicó un libro en el que hace pedazos a los republicanos por mirar en silencio cómo se desarrolla la disfunción de esta presidencia en tiempo real. La gente ya está especulando quiénes serán los principales rivales de Trump en las elecciones primarias, si es que se lanza a la reelección en 2020.

Además, cada vez son más los académicos conservadores que manifiestan cómodamente sus dudas acerca de Donald Trump, incluso en Fox News, la tierra santa de los conservadores.

Sin embargo, esta no es una postura fácil para los republicanos. De hecho, Donald Trump es su responsabilidad. Pueden tratar de deslindarse de él, pero tanto ellos como su partido son tan culpables como cualquiera de haber abierto un camino en la política estadounidense para que él ganara las elecciones y gobernara como lo hace.

Él es, de hecho, un republicano (en vista de lo que ahora es ese partido), no un disidente que se robó el partido. No es que haya sido más inteligente que el sistema, es que el sistema republicano ha cambiado.

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Para entender las raíces de Donald Trump es vital recordar que, hasta ahora, el Partido Republicano generalmente lo ha apoyado con sus proyectos. Los electores evangélicos participaron en un trato faustiano al apoyar a un candidato que parece ser la antítesis de los principios de su movimiento.

A pesar de todas estas posturas y declaraciones polémicas, a Trump le fue muy bien en la mayoría de los estados republicanos en las elecciones; las encuestas indican que sigue contando con bastante apoyo entre el electorado republicano.

En una encuesta de Quinnipiac se halló que el 76% de los republicanos apoya al presidente. Esas cifras han bajado, pero no son tan bajas como podría esperarse si las comparamos con las encuestas nacionales, en las que Donald Trump es impopular, poco confiable y esencialmente inaceptable como presidente de Estados Unidos para muchos demócratas y muchos electores independientes.

Muchos legisladores republicanos se han mostrado renuentes a abordar el problema de Rusia y solo un puñado de republicanos rechazó la propuesta de ley de servicios de salud a pesar de todo lo que se dijo sobre la revuelta de los tres moderados en el Senado.

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Una cantidad sorprendente de republicanos de la Cámara de Representantes, ajenos al Freedom Caucus, votó a favor de una propuesta de ley extraordinariamente conservadora. Como escribió Jennifer Senior en su reseña sobre el nuevo libro del senador Flake para el New York Times: "sin embargo, la mayoría de los votos de Flake ha sido a favor de los proyectos de Trump".

Casi ningún republicano se ha opuesto a las medidas extremas que Donald Trump ha querido implementar a través de decretos, tales como la eliminación de reglamentos para combatir el cambio climático o la intensificación de la seguridad en las fronteras.

Hubo poca resistencia cuando Trump reaccionó a su semana de crisis con el respaldo a una propuesta de ley que reduciría radicalmente la inmigración e hizo "bromas" sobre que quería más brutalidad policiaca, lo que aparentemente tenía la intención de formar parte de algo parecido a la semana del "No se preocupen, son un republicano conservador". Trump ha dejado en claro que tiene la intención de reducir el impuesto empresarial al 15%, que es como maná caído del cielo para los herederos del legado del sector productivo de Ronald Reagan.

Desde que eligieron a Newt Gingrich como presidente de la Cámara de Representantes antes de las elecciones intermedias de 1994 y hasta el surgimiento del Tea Party, los republicanos se han recargado públicamente a la derecha en cuestiones de políticas públicas y han adoptado un estilo de gobierno agresivo, de "cueste lo que cueste", que sentó las bases para la presidencia de Trump.

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En temas como inmigración, derechos electorales, política fiscal, cambio climático y más, el Partido Republicano se alejó del elector promedio y Donald Trump les ha seguido el paso. La reforma a los servicios de salud que Trump respaldaba salió directamente de los proyectos del Freedom Caucus… y fracasó cuando los estadounidenses se enteraron, a través de los análisis de la Oficina de Presupuestos del Congreso, lo draconianos que serían los recortes a sus coberturas de gastos médicos.

El lenguaje vulgar y el rechazo ferviente a los análisis basados en hechos (como el fraude electoral o el cambio climático) salen directamente del universo mediático conservador que ha estado difundiendo este estilo de discurso político desde hace algún tiempo. Sabemos que a Trump le caen bien Alex Jones y Fox & Friends, mientras que su jefe de asesores, Steve Bannon, ayudó a que el sitio web Breitbart.com sea lo que es hoy.

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Los académicos conservadores han estado rechazando desde hace mucho tiempo las conclusiones de investigaciones serias sobre temas como el cambio climático. En los medios, es común ver a conductores y a reporteros vilipendiando a los demócratas y a republicanos demasiado centristas y las discusiones de acusaciones de conspiración, tales como la polémica sobre el lugar de nacimiento de Obama, se tratan como si fueran noticias serias. Los radioescuchas que recuerden los feroces programas de radio de Bob Grant reconocerán el linaje de las declaraciones más agudas de Trump.

Aunque algunos republicanos se distancian de estos elementos de la prensa, en realidad gran parte del partido ha aprovechado este aspecto de su mundo para sentar las bases del poder del partido. Personajes como Rush Limbaugh han estado profundamente arraigados entre los republicanos desde hace décadas.

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Además, las alianzas que Donald Trump ha hecho con los electores extremistas no son nada nuevo. Esta supuesta "base de apoyo" de Trump ya se estaba volviendo parte importante del Partido Republicano en 2008, año en el que en senador John McCain eligió a la entonces gobernadora de Alaska, Sarah Palin, como compañera de fórmula.

En el revelador documental Right America: Feeling Wronged, la cineasta Alexandra Pelosi (hija de Nancy Pelosi) capturó la atmósfera que reinaba en los mítines a favor de McCain y Palin en 2008: era casi igual al de los mítines a favor de Trump y Pence en la campaña de 2016.

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En la cinta se ve a los electores que asistieron a los mítines, quienes llevaban carteles en los que se leía "El país es primero", atacaban a una prensa que, según ellos, estaba a favor de los demócratas y predecían que la presidencia de Obama sería el fin de la civilización. El historiador Rick Perlstein ha demostrado lo importante que ha sido esta corriente de la política republicana desde la década de 1960.

Si los republicanos realmente terminan por sentirse insatisfechos con Donald Trump y lo que representa, tendrán que echarse un buen clavado en su propia historia y enfrentarla. De otra forma, ningún esfuerzo por limpiar al partido del impacto de Donald Trump será realmente efectivo. Los republicanos están en el mismo sitio en el que estaban en vísperas de 2020.

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