OPINIÓN: 'Fuego y furia', el nuevo eslogan de Donald Trump

El analista Michael D'Antonio escribe que el presidente de Estados Unidos está actuando como si el líder norcoreano Kim Jong Un fuera otro rival de campaña.
Experiencia  Donald Trump asumió la presidencia sin la experiencia ni las habilidades necesarias para que un presidente trabaje con el Congreso ni aborde cuestiones diplomáticas, señalan analistas.  (Foto: Expansión)
Michael D'Antonio

Nota del editor: Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (editorial St. Martin's Press). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Al enfrentarse a un desafío que, como siempre, se tomó personal, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acuñó una nueva frase. Su amenaza de "fuego y furia" contra Kim Jong Un es el equivalente nuclear del "enciérrenla" que Trump usó contra Hillary Clinton.

Acuñar frases como esta le permite a Trump acicatear la ira de sus bases políticas. También intensifica las emociones y hace del mundo un lugar un poco menos seguro.

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Durante la campaña a la presidencia, el discurso de Trump incluyó una clase de amenaza (que intentaría que procesaran a su oponente) que se considera indigna de una democracia establecida. Hablar de encarcelar a Hillary Clinton habría sido inimaginable hace apenas unos años. Al provenir de Trump, fue una transgresión más que indicaba que no era apto para la presidencia.

Durante la campaña, Trump estuvo dispuesto a llegar a extremos inesperados porque, por su experiencia como conductor y promotor, sabe que cuando se trata de sus seguidores más apasionados, "podría estar de pie en medio de la Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería ni un solo voto".

Los fans de Trump, quienes se volvieron la base de su bloque electoral, se deleitaban con el discurso trastornado de Trump porque hacía eco de sus propios resentimientos, al menos en parte. Cuando Trump insultaba a las élites, por quienes se sentían traicionados, afirmaba que les estaba dando voz y a ellos les encantaba lo que decía.

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Trump asumió la presidencia sin la experiencia ni las habilidades necesarias para que un presidente trabaje con el Congreso ni aborde cuestiones diplomáticas. El resultado ha sido terrible… no hay logros legislativos de importancia, fuera de la confirmación de un ministro de la Suprema Corte y de un gabinete dividido e ineficaz en muchos aspectos.

En el caso de Corea del Norte, a pesar de que Barack Obama advirtió que sería su problema más desafiante, Trump ha actuado como si el líder supremo, Kim Jong Un, fuera otro rival al que puede acosar. La diferencia es, desde luego, que Kim está al mando de una fuerza militar enorme con poderío nuclear que amenaza tanto a Corea del Sur, aliado de Estados Unidos, como a territorios estadounidenses como Guam, que está al alcance de sus misiles.

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Cuando le advirtió a Kim que las provocaciones lo llevarían a desatar "un poder como el mundo nunca ha visto", Trump insinuó un ataque superior a las bombas atómicas que Harry Truman lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki.

Piensen en el impacto emocional que la declaración de Trump tuvo en su base, a la que le encanta su grandilocuencia; el límite que Trump marcó podría considerarse parte de su esfuerzo por subir sus índices de aprobación, que están en mínimos históricos.

Pero ahora que Trump es presidente, entre su público también están Kim Jong Un y los líderes de otros países, tales como el único aliado importante de Corea del Norte: China.

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Si tiene que decidir entre la vergüenza y la intensificación, es probable que Kim elija la intensificación. Si un error de cálculo desata la guerra, no se puede esperar a que China abandone al líder que le sirve como amortiguador frente al gobierno surcoreano, que cuenta con el respaldo de Estados Unidos.

Como las reacciones en el Congreso estadounidense y las capitales del mundo están decididamente en contra de Trump, el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, cambió el tono e insistió en que no considera que haya una "amenaza inminente" y que "los estadounidenses deberían dormir tranquilos". Tras tranquilizar al mundo alejando a Estados Unidos del límite que Trump marcó, Tillerson aplaudió su "mensaje fuerte" y le ayudó a salvar su reputación.

La interpretación que Tillerson hizo del arranque de Trump fue la versión diplomática de una palmadita en la cabeza de un presidente al que aparentemente le interesa más manipular a sus bases políticas que fungir como líder efectivo. De hecho, le está diciendo al mundo que en lo que concierne a la geopolítica, el presidente es meramente decorativo y el verdadero liderazgo provendrá del Departamento de Estado.

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En cuanto a las cuestiones internas, los líderes del Congreso, que han tratado de avanzar en un proyecto legislativo mientras el hombre de la Casa Blanca se mantiene ocupado en las redes sociales (en donde critica a sus colegas republicanos) y en mítines, han manifestado un sentir parecido.

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El fracaso total de Trump en el Capitolio es una prueba más de que está haciéndose cada vez menos relevante. Para quienes están interesados en la seguridad del mundo y en el futuro de la república, esto hace brillar un rayo de esperanza en un entorno mayormente oscuro.

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