OPINIÓN: Una lección de Saddam Hussein para Donald Trump

El analista Mark Hertling escribe que el "discurso duro" del presidente de Estados Unidos acerca de Corea del Norte no es un buen ejemplo de liderazgo estratégico.
Estrategia  El presidente estadounidense Donald Trump debería evitar el "discurso duro" y poner manos a la obra para alcanzar el éxito, opinan analistas.  (Foto: AFP)
Mark Hertling

Nota del editor: El teniente general retirado Mark Hertling es analista de CNN en seguridad nacional, inteligencia y terrorismo. Sirvió 37 años en el Ejército; estuvo tres años en combate y se retiró como general al mando de la 7ª Legión de Estados Unidos y de la división del ejército estadounidense en Europa. Escribió el libro Growing Physician Leaders. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Era el 6 de enero de 1991. Un grupo de soldados estadounidenses y yo escuchábamos en la BBC un discurso de Saddam Hussein al ejército iraquí en una radio llena de estática en el centro de operaciones de nuestro escuadrón, en medio del desierto.

Todos sabíamos que iríamos la guerra. El intérprete británico hizo una pausa, confundido, para tratar de entender la frase coloquial de Saddam y luego la tradujo lo mejor que pudo: "Soldados iraquíes, la batalla en la que están enzarzados hoy es la madre de todas las batallas… nuestro encuentro con la victoria está muy cerca".

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Nos miramos y reímos. ¿La madre de todas las batallas? La frase de Saddam se volvió un eslogan de inmediato. Al día siguiente, el dictador iraquí se mostró aún más confiado y presumió que "el gran enfrentamiento ha comenzado; ¡la madre de todas las batallas está en curso!".

Pero la cuestión es que Iraq perdió decisiva y rápidamente la guerra que Estados Unidos llamó Tormenta del Desierto. El eslogan de Saddam se volvió una broma.

Lo que aprendí de esta experiencia es que los líderes estratégicos siempre deben mostrar confianza y fuerza, pero deben evitar la arrogancia y los "discursos duros". Desafortunadamente, el discurso de Donald Trump sobre "fuego y furia", relativo a Corea del Norte, no cumple esos estándares.

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¿Qué deben hacer los líderes para lograr este equilibrio? Tres cosas sencillas, que reconozco que son más fáciles de decir que de hacer.

Primero

El líder estratégico debe mantener un enfoque sereno, lógico y razonado ante cualquier amenaza, sin importar lo peligrosa que parezca. El líder debe controlar el ritmo al que se toman decisiones y adoptar una postura sensata y pragmática, incluso en las circunstancias más adversas.

Los grandes líderes estratégicos también buscan soluciones innovadoras mientras se aseguran de que la energía física y emocional de su país se use solo para las cosas más importantes: abordar el problema y encontrar la solución, no generar divisiones y disipar la concentración. En otras palabras: estar sereno, garantizar la calma, tener una percepción clara y controlar el tiempo.

Segundo

El líder estratégico debe entender las consecuencias de sus posibles actos… o de su inacción. Es esencial determinar las metas y los objetivos antes de hacer una amenaza. El líder estratégico debe describir el estado final deseado, analizar los resultados posibles en caso de que las suposiciones resulten equivocadas e imaginar cómo sería una situación exitosa si se reúnen todos los elementos esenciales.

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Es igualmente importante que este líder estratégico anticipe lo que pasaría si no actúa. ¿Qué pasaría si la inercia o la indolencia dominan la toma de decisiones y qué es lo mejor y lo peor que puede pasar en ese caso?

Tercero

Mientras todo esto pasa, el líder estratégico inteligente amasa un poder abrumador… de sus aliados, su equipo, el gobierno y su pueblo.

Para ganar, ninguna batalla debe ser justa. Todo líder estratégico sabe que al abordar una cuestión de importancia nacional (particularmente cuando se pone en peligro a los hijos y a las hijas de la nación), debe tener una ventaja abrumadora porque no hay sustitutos para la victoria ni para alcanzar el objetivo.

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Sabiendo esto, el líder estratégico debe generar todos los elementos de diplomacia, influencia económica, información y poderío militar para fortalecer las capacidades de su país. Luego, el líder estratégico debe generar también el poder de los aliados que influyen en la situación y que, en muchos casos, tendrán enfoques tan diferentes que podrían no coincidir con lo que queremos.

El líder también debe asegurarse de que él y su equipo de comuniquen con una sola voz. Luego, el líder tiene que lograr que el Congreso y el pueblo respalden la estrategia propuesta porque el apoyo es el elemento más importante del poder nacional.

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Nada de esto es fácil. Pero no hacerlo suele ser catastrófico.

En otras palabras, Trump debería evitar el "discurso duro" y poner manos a la obra para alcanzar el éxito. Si quiere resolver la amenaza nuclear de Corea del Norte, tendrá que operar con precisión quirúrgica y aplicar su energía intensamente. Además, debería recordar que será muy difícil ganar "la madre de todas las batallas" bluffeando.

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