OPINIÓN: La incómoda relación de Donald Trump y su gabinete

Gloria Borger opina que puede que el presidente se haya dado cuenta de que él necesita a miembros del gabinete y consejeros clave más de lo que ellos lo necesitan a él.
Equipo  Si Donald Trump estuviera dirigiendo la organización Trump, algunos de sus empleados se habrían ido; o habrían renunciado después de haber sido minados por el jefe, señalan analistas.  (Foto: Reuters/Archivo)
Gloria Borger

Nota del editor: Gloria Borger es jefa de analistas políticos de CNN; participa regularmente en el programa The Situation Room con Wolf Blitzer, en el programa AC360, con Anderson Cooper, y en los demás programas de horario estelar de la televisora. Síguela en Twitter como @GloriaBorger. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) – Este es el Estados Unidos en el que ahora vivimos: El secretario de Estado aparentemente llamó idiota al presidente y pasó un día tratando de limpiar el desaguisado. El secretario de Defensa contradijo públicamente la intención declarada del presidente de retirarse del acuerdo con Irán y también dijo que las conversaciones no se han agotado con Corea del Norte, luego de que el presidente tuiteara que no se negociaría más con Corea del Norte.

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Al mismo tiempo, el principal consejero económico declaró que la administración debe hacer un mejor trabajo en denunciar grupos de odio después de Charlottesville. El jefe de gabinete, un general condecorado, ha dicho en privado que nunca nadie le había hablado con tan malas maneras en sus 35 años de servicio gubernamental, según el New York Times.

En otro mundo -y en cualquier otra administración- este nivel de insubordinación sería inaceptable, intolerable y estos hombres probablemente ya se habrían ido. Recordemos: luego de que el General Stanley McChrystal y sus asistentes se refirieran en términos despectivos a la administración -incluyendo al presidente- en 2010, Obama lo despidió a los pocos días.

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Claro, el presidente Trump despidió al secretario de Salud Tom Price por su uso excesivo de aviones privados, porque con ese dispendio hizo que Trump se viera mal. Y, sí, la Casa Blanca ha tenido muchos cambios en altos cargos por una variedad de razones. Parece que la vida cotidiana con Donald Trump no es un camino de rosas.

¿Pero, qué sigue ahora?

Si Donald Trump estuviera dirigiendo la organización Trump, estos empleados se habrían ido. O habrían renunciado después de haber sido minados por el jefe, o el jefe los habría despedido por su comportamiento inaceptable, en un santiamén.

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Pero en esta Casa Blanca, están todos encerrados. Están, por el momento, atrapados en un incómodo abrazo mutuo. Es una serie de precarias alianzas sostenidas con alfileres, sea por la imagen, por las promesas de logro y quizás, sobre todo, por un sentimiento de patriotismo.

Después de la polvareda que levantó el secretario de Estado Rex Tillerson, el senador de Tennessee Bob Corker, desinhibido gracias a su decisión de no postularse para la reelección, tuvo un momento de total franqueza. "Creo que el Secretario Tillerson, el Secretario Mattis y el Jefe de Gabinete Kelly son la gente que ayuda a separar nuestro país del caos", dijo. Así lo admitió en la cadena C-SPAN, el presidente republicano de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado lo dijo en voz alta: estas personas están allí en la Casa Blanca para protegernos. No necesitaba decir de quién.

A estas alturas, puede que el presidente se haya dado cuenta de que él necesita a estos miembros del gabinete y consejeros clave más de lo que ellos lo necesitan a él. Sin duda al hombre más famoso por sus despidos televisivos le choca que, si eso hiciera ahora, sería el responsable de sumir a su administración en la crisis.

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Hubo un tiempo - bueno, hace dos meses - en que Trump parecía disfrutar de ametrallar públicamente a su propio fiscal general Jeff Sessions. Trump sigue enojado con Sessions porque éste se recusó y apartó de la investigación de Rusia - y lo hizo sin comunicárselo a él primero - pero Sessions no ha cedido un ápice. Y Trump se aguanta porque, bueno, no tiene opción.

Claro, Tillerson es el objetivo más fácilmente reemplazable en este momento. Lo más probable es que acuerden (si es que no lo han hecho ya) permitir que el secretario de Estado renuncie después de un año en el cargo. Ha sido una relación incómoda entre estos dos CEO, y nadie se sorprenderá cuando termine. Lo mismo ocurre con Gary Cohn, director del Consejo Nacional Económico, quien ha dejado claro que sigue en su puesto para reestructurar el código tributario de la mayor economía del mundo. O para convertirse en presidente de la Fed, lo que parece cada vez menos probable.

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Pero los generales son diferentes. Nada que ver con los CEO. Cuando los generales discrepan con el presidente en público, es preocupante. No porque estén equivocados, sino porque corren un riesgo cada vez que lo hacen. Y si un general se va, sabremos que se va porque cree que la naturaleza de su relación con el comandante en jefe se ha deteriorado hasta el punto de que ya no puede ser eficiente.

El patriotismo es una muy buena razón para servir. ¿Pero es razón suficiente para permanecer cuando tu influencia ha desaparecido?

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