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La nueva era dorada en la filantropía

Una clase emergente de individuos ultra ricos ha desempeñado un enorme papel en la donación caritativa que ahora ha reemplazado funciones que antes cumplía el gobierno, afirma Jonathan A. Knee.
filantropía era dorada
Propuesta En su nuevo libro, David Callahan pide un aumento significativo en la regulación gubernamental de la actividad filantrópica. (Foto: mphillips007/Getty Images/iStockphoto)

Nota del editor: Jonathan A. Knee, autor de “Class Clowns: How the Smartest Investors Lost Billions in Education” (Columbia University Press, 2016) entre otros libros, es profesor de práctica profesional en la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia y asesor senior de Evercore Partners, una consultora independiente de banca de inversión en Nueva York.

(The News York Times) – El papel de la filantropía en la actual época de creciente desigualdad económica es el tema del nuevo libro de David Callahan, “The Givers: Wealth, Power and Philanthropy in a New Gilded Age” (Knopf, 2017).

Por un lado, los servicios básicos del gobierno se han reducido conforme las obligaciones a largo plazo se han disparado, las pensiones a nivel estatal y varios programas sociales a nivel nacional, y el número de ciudadanos que dependen de estos programas ha crecido. Por otra parte, una clase emergente de individuos ultra ricos ha venido a desempeñar un enorme papel en la donación caritativa que ahora ha reemplazado funciones que antes cumplía el gobierno.

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La conclusión de Callahan es que estas tendencias representan conjuntamente una amenaza para la democracia y pide un aumento significativo en la regulación gubernamental de la actividad filantrópica.

Callahan aborda estos temas con una experiencia significativa. Él es el fundador y editor de la página web Inside Philanthropy, que analiza el mundo de la donación, y un número sorprendente de ricos filántropos le han hablado con franqueza sobre sus esfuerzos caritativos. "The Givers" se organiza en capítulos dedicados a tipos particulares de personas acaudaladas, el enfoque caritativo, el estilo o la estructura de la caridad, y termina con un torrente de propuestas políticas.

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El resultado es esencialmente dos libros paralelos, muy diferentes en estilo y sustancia. El primero es una cuidada y sobria descripción de cómo la generación actual de multimillonarios decidió sus respectivas estrategias para donar gran parte de sus fortunas. El segundo es una encendida polémica contra la corrupción omnipresente de la democracia representativa provocada por la desigualdad económica. En esta historia, la donación filantrópica se presenta como un posible cómplice involuntario.

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El primero de estos libros es realmente interesante. "The Givers" contiene muchas narraciones detalladas de lo difícil que es alcanzar una estrategia eficaz para donar mucho dinero y la diversidad de caminos que las personas han tomado. Desde multimillonarios tecnológicos como Sean Parker que buscan gastar su fortuna en vida a través de "apuestas concentradas" en "problemas hackables" de alto impacto hasta multimillonarios de bajo perfil que se centran en problemas locales como Amos y Barbara Hostetter, que buscan mejorar la calidad de la vida en Boston.

La historia de la colaboración entre Bill Gates y Warren E. Buffett que resultó en el compromiso Giving Pledge es ampliamente conocida, pero "The Givers" también describe la infraestructura institucional establecida para ayudar a donar a quienes hicieron el compromiso.

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Mucho menos satisfactorios son los argumentos que plantea el libro sobre los peligros de la "plutocracia progresiva" y la extendida influencia corruptora de la desigualdad. Además de no ser convincentes, la obsesiva preocupación de Callahan con el tema distrae de estudios de caso de otro modo fascinantes. Por ejemplo, después de discutir las estrategias colaborativas empleadas entre los multimillonarios del ámbito tecnológico que persiguen "el equivalente filantrópico de un unicornio", el autor emprende una diatriba inconexa sobre las estrategias de evasión fiscal de las mayores corporaciones tecnológicas que cotizan en Bolsa.

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Callahan reconoce que los donantes ricos en los que centra su interés representan menos de una cuarta parte de todas las donaciones benéficas anuales y que la caridad en su conjunto se ha mantenido en el 2% del producto interno bruto durante décadas. En ausencia de datos concretos, su insistencia en que los crecientes intereses filantrópicos de los estadounidenses más ricos "aumentarán dramáticamente el tamaño y la influencia de una nueva élite del poder" se vuelve cansina. El uso excesivo de adjetivos como "alarmante" y "sombrío" no agrega mucho a la narración ni apoya particularmente su exposición.

nullCuando Callahan finalmente se enfoca en sus sugeridas reformas regulatorias en el último capítulo, queda claro que la frustración con el aumento de la desigualdad económica es la verdadera fuerza motriz detrás de sus preocupaciones. Las últimas tres páginas del libro están llenas de una bien conocida lista de propuestas para elevar los impuestos, reducir el gasto militar, limitar el papel del dinero en la política y aumentar la eficacia del gobierno.

La misma complejidad y diversidad de las historias que precedieron a esta llamada a las armas, sin embargo, socava la afirmación de que "las huellas de la filantropía están presentes" en la tendencia que suma cuatro décadas de un aumento abrupto de la desigualdad económica.

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La propuesta política más extraña hecha por Callahan se refiere específicamente a la filantropía. No es de sorprender que, dadas sus preocupaciones, aboga por la creación de una oficina federal de asuntos benéficos para adoptar una amplia gama de nuevas regulaciones. Empero, no está convencido de que se pueda confiar en los funcionarios electos para supervisar esta agencia y defiende una gobernanza "que pueda parecerse a la Reserva Federal".

Hasta este punto, "The Givers" había descrito con frecuencia a los donantes como presuntos usurpadores del papel de las autoridades gubernamentales. Si Callahan no puede confiar en la imparcialidad de los funcionarios electos y en los responsables designados por éstos, ninguna regulación resolverá su problema.

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Hubiera sido mejor que "The Givers" se centrara en las formas en que la filantropía puede mitigar el impacto de lo que Callahan ve como un sistema político intrínsecamente corrupto, en vez de buscar una forma de dirigir ese sistema para mejorar la filantropía.

Mejor aún, podría haber incidido aún más si examinara en cambio por qué tantos multimillonarios no donan más. El reciente reportaje que le valió el premio Pulitzer a David Fahrenthold del Washington Post sugiere que el presidente de Estados Unidos habría sido un buen lugar para empezar.

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