Apego generacional
Acorde con datos de Mercer y Pandapé, el apego al trabajo es más común entre personas de 35 a 50 años, sobre todo en puestos medios o gerenciales. Tienen responsabilidades familiares y compromisos financieros, por lo que ven cualquier movimiento laboral como un riesgo.
Las generaciones jóvenes, en contraste, se mueven con mayor libertad. “Los centennials y millennials buscan propósito y flexibilidad. Los baby boomers y la generación X valoran la permanencia. Esa combinación hace que las organizaciones vivan tiempos de transición”, explica Jaime.
Si bien no es una regla, las generaciones se relacionan distinto con la estabilidad. Para quienes crecieron en un entorno económico volátil, el empleo representa refugio y seguridad, pero los que nacieron en un mundo digital, ven al trabajo como una plataforma de aprendizaje y cambio.
La generación X y los baby boomers suelen valorar la permanencia como símbolo de éxito. En cambio, los millennials y centennials asocian el desarrollo con la posibilidad de moverse, reinventarse y equilibrar su vida personal con la profesional.
La distancia no solo es de edad, también de expectativas. Los jóvenes cuestionan el liderazgo tradicional, exigen sentido en sus tareas y esperan empatía real. Los mayores buscan certeza, estructura y reconocimiento.
En las empresas donde conviven estas visiones se genera tensión, pues mientras unos temen perder estabilidad, otros temen estancarse. En América Latina, la permanencia laboral todavía se asocia con éxito. Cambiar de empleo, por otro lado, se percibe como una señal de inestabilidad.
“Los líderes deben entender que la lealtad no siempre es un valor, a veces es un síntoma de miedo”, reitera Rodríguez. “El reto para ellos es entender ambas miradas y construir entornos que ofrezcan propósito sin quitar la seguridad”.
Erika Chafino, directora general de Código 111, ha visto cómo ese apego también se percibe en los mandos medios. “Son quienes más sostienen la operación y menos espacio tienen para innovar. En empresas que premian la presencia sobre los resultados, es fácil caer en la rutina. La permanencia solo tiene sentido cuando va acompañada de aprendizaje y autonomía”, comenta.
Las cifras de bienestar confirman que las empresas intentan reaccionar, aunque no siempre con profundidad. Siete de cada 10 dicen tener programas de salud mental, seis ofrecen apoyo psicológico y apenas la mitad promueve esquemas de flexibilidad. Son avances, pero aún falta abordar el miedo laboral como un tema estratégico y no solo emocional.
El problema es que el job hugging suele disfrazarse de buena noticia. Una organización presume baja rotación y cree que eso refleja compromiso, cuando en realidad puede ser inmovilidad. “Hay empresas que confunden estabilidad con fidelidad. Si no hay ideas nuevas ni movimiento interno, algo se detuvo”, enfatiza Jaime.
María Gabriela Ruiz, directora de Beneficios para Empleados en Mercer Marsh Beneficios, advierte que este tipo de apego daña la cultura organizacional y la reputación. “Un equipo que se queda por miedo no atrae talento, ni retiene a los clientes”, asegura.
La automatización y la inteligencia artificial también tienen un efecto. Los despidos en sectores digitales y la narrativa sobre el reemplazo humano han incrementado la sensación de vulnerabilidad. “Hay empleados que sienten que el mercado se achica y que ya no son indispensables. Eso los hace aferrarse más a lo que conocen. Pero el miedo inmoviliza, y la innovación exige movimiento”, comenta Jaime.