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Los CEO ya no ocupan el cargo por décadas, ahora lo dejan antes de cinco años

Cada vez más CEO dejan el puesto antes de cinco años, no necesariamente por bajo desempeño, sino por el desgaste que implica el cargo.
Cuatro de cada 10 CEO renuncian a su cargo en menos de cinco años: la razón muestra un cambio laboral
La permanencia promedio de los CEO en las empresas del S&P 1500 cayó a 8.5 años en 2025, su nivel más bajo desde 2019, según Spencer Stuart. (Imagen generada con IA)

Hace algunos años, la dirección general era vista como la última estación de una carrera profesional. Quien llegaba al puesto esperaba permanecer el tiempo suficiente para transformar una organización, consolidar una estrategia y dejar un legado. Hoy ese horizonte se ha reducido.

Cada vez son más los directores generales que dejan el cargo antes de cumplir cinco años. No necesariamente porque los resultados sean malos, sino porque la presión del mercado ha cambiado la naturaleza del puesto.

Un análisis de Spencer Stuart muestra que la permanencia promedio de los CEO en las empresas del S&P 1500 cayó a 8.5 años en 2025, el nivel más bajo desde 2019. Además, casi cuatro de cada 10 dejaron el cargo antes de cumplir cinco años.

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Ahora, muchos dedican buena parte de su gestión a responder a crisis económicas, presiones financieras y exigencias de rentabilidad inmediata, cuando antes podían concentrarse en construir estrategias para la siguiente década.

"Los directorios hoy tienen una mirada mucho más cortoplacista del negocio. La exigencia es mucho mayor y hay mucho más presión sobre los CEO", asegura Alfredo Araneda, Director Regional de Robert Walters.

Antes, la rotación de directores generales obedecía principalmente a programas internacionales de movilidad; era común que ejecutivos expatriados permanecieran un par de años en un país antes de asumir otra responsabilidad dentro del mismo grupo.

Ese modelo perdió fuerza. Las empresas ahora privilegian los planes de sucesión internos y promueven a líderes que conocen el negocio, pero que enfrentan un contexto considerablemente más complejo.

La inflación, la desaceleración económica, la incertidumbre geopolítica y una mayor presión por parte de los consejos de administración modificaron las prioridades del puesto. Ahora el crecimiento comparte espacio con la reducción de costos, la eficiencia operativa y la rentabilidad de corto plazo.

"Antes podías pensar en desarrollar nuevos mercados o abrir líneas de negocio. Hoy muchas veces la conversación consiste en reducir estructuras o mejorar márgenes", señala Araneda.

El cambio igual se percibe en el perfil de quienes ocupan la dirección general. Las nuevas generaciones de CEO suelen llegar antes al cargo, cuentan con una formación más especializada y mantienen una relación distinta con el poder.

De acuerdo con Spencer Stuart, 84% de los CEO que asumieron el cargo en las compañías del S&P 1500 durante 2025 lo hicieron por primera vez. La mayoría llegó después de desempeñarse como director de operaciones o responsable de una unidad de negocio, mientras que cerca de 9% ascendió desde la dirección financiera.

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Una silla cada vez más difícil de ocupar

Atrás quedó la figura del líder distante que permanecía aislado en su oficina. Las organizaciones ahora buscan ejecutivos con mayor capacidad para comunicarse, gestionar emociones y mantener cerca a sus equipos.

Por lo tanto, la experiencia como CEO dejó de ser el principal requisito. Hoy pesa más la capacidad para adaptarse a un escenario donde las decisiones deben tomarse con mayor velocidad y bajo una presión constante por entregar resultados.

Paradójicamente, mientras las responsabilidades aumentan, también lo hace la compensación. Los paquetes salariales incluyen bonos, incentivos de largo plazo y acciones que elevan de forma considerable los ingresos de estos ejecutivos. Sin embargo, el dinero dejó de compensar el desgaste que implica el puesto.

"Las razones para cambiar de empresa no pasan primero por lo económico. Tienen mucho más peso la motivación personal, el proyecto y el tipo de reto profesional que quieren asumir", afirma Araneda.

El bienestar también empezó a pesar en la decisión de permanecer o dar un paso al costado. Araneda explica que muchos CEO disponen de más de 25 días de vacaciones al año, pero rara vez los toman.

La presión constante, la necesidad de entregar resultados y la dificultad para desconectarse terminan afectando su salud física y emocional, por lo que cada vez es más frecuente que busquen proyectos con un ritmo distinto.

Asimismo, esa transformación está modificando la manera en que muchos conciben el éxito profesional. Una vez que dejan la dirección general, cada vez es más frecuente que opten por integrarse a consejos de administración, desarrollar proyectos propios o desempeñarse como asesores estratégicos.

En algunos casos, los directivos optan por asumir un reto equivalente, pero en una organización con una agenda distinta. El caso de Camilo Plazas es un ejemplo. El creativo asumió la dirección general de BBDO México en enero de 2022 y, tras poco más de cuatro años al frente de la agencia, dejó el cargo en mayo de 2026 para convertirse en CEO de Leo Constellation México y Publicis Production México.

Plazas comentó en entrevista con Expansión que la decisión se debió a la oportunidad de liderar un proyecto diferente dentro de un grupo que, asegura, atraviesa un momento de transformación tecnológica y creativa. "Publicis está en un momento espectacular. Tiene una capacidad para entender hacia dónde va el futuro del negocio que fue lo que más me sedujo del grupo", expresó.

Pese a ello, el directivo reconoce que la decisión no fue fácil. "Cuesta tomar la decisión. (BBDO) es un proyecto que vi crecer durante casi cinco años y donde construyes lazos muy importantes con la gente. Eso siempre pesa en la balanza", afirma.

Por otro lado, el desgaste no suele responder a una sola causa. Araneda reconoce que la permanencia comienza a perder sentido cuando disminuye la autonomía, la confianza con el consejo de administración se deteriora o las expectativas dejan de ser compatibles con el tiempo que requiere ejecutar una estrategia.

El directivo de Robert Walters asegura que las empresas pueden contribuir a prolongar la permanencia de sus directores generales si definen con claridad el propósito del puesto, otorgan autonomía para tomar decisiones y mantienen una estrategia que combine resultados de corto plazo con objetivos de largo alcance. “Eso ayuda a reducir ciclos prematuros de desgaste”.

Para Araneda, parte del debate, además de determinar cuánto debería durar un CEO en el cargo, está en reconocer que las organizaciones también evolucionan por etapas. "Los negocios necesitan refrescarse. En muchos casos es sano tanto para la empresa como para la persona cerrar un ciclo y abrir otro".

Pese al desgaste que hoy representa ser un CEO, la dirección general sigue siendo uno de los puestos más aspiracionales del mundo corporativo, solo que la forma de ejercerlo cambió.

Los CEO ya no llegan con la expectativa de construir un legado durante una década. Ahora llegan para resolver el siguiente ciclo del negocio, conscientes de que el tiempo para demostrar resultados, y también para decidir cuándo dar un paso al costado, es cada vez más corto.

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