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El CEO que pasó de 400 rechazos a construir un grupo empresarial en el sector salud

Daniel Amezcua pasó de lavar coches y trabajar como mesero a construir un grupo de salud. En el camino descubrió que la disciplina pesa más que el talento.
El CEO que pasó de 400 rechazos para lograr su sueño a construir un grupo empresarial en el sector salud
Una beca, tres mentores y cientos de negativas marcaron la formación empresarial de Daniel Amezcua, hoy al frente de uno de los grupos mexicanos del sector salud. (Cortesía)

Cuando Daniel Amezcua habla de los momentos que cambiaron su vida no menciona la fundación de su empresa, Gabame; tampoco un contrato relevante ni una negociación decisiva. La historia de su éxito data de mucho antes.

A los 12 años, trabajaba lavando coches y atendiendo mesas en un restaurante de carnitas en Aguascalientes. Él no creció en una familia de empresarios ni heredó una compañía. Su formación más bien ocurrió en medio de dificultades económicas, empleos temporales y una mentoría que terminaría moldeando su visión sobre los negocios.

Todo comenzó después del terremoto de 1985. Su padre, entonces funcionario público, optó por trasladar a la familia de la Ciudad de México a Aguascalientes, una decisión que implicó una reducción importante en los ingresos familiares. Su madre empezó a vender productos por catálogo y los hijos tuvieron que trabajar desde temprana edad.

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"Mi mejor escuela de negocios fue ver trabajar a mi mamá. Todo el tema de cobrar, vender, entregar y dar servicio al cliente lo aprendí ahí", recuerda.

Mientras estudiaba becado, Amezcua trabajó en distintas actividades para ayudar en casa. Además de lavar coches y ser mesero, dio clases de regularización, vendió tiempos compartidos por teléfono y luego trabajó en colegios apoyando en áreas de computación.

Aquella etapa dejó una enseñanza que sigue considerando fundamental ahora como empresario. "¿Qué necesitas para levantarte a las siete de la mañana y trabajar mientras estudias? Disciplina", afirma. Sin embargo, la disciplina por sí sola no explica la trayectoria que siguió después.

La beca que cambió una vida

Tras concluir la universidad, fue aceptado en el IPADE. El problema era que no tenía cómo financiar sus estudios. Amezcua asegura que después de intentar conseguir apoyo económico en distintos lugares, acumuló cerca de 400 negativas.

"Redacté 400 cartas buscando apoyo para estudiar en el IPADE y recibí 400 negativas", afirmó. Pero lejos de rendirse, decidió seguir buscando.

Un día escuchó que una empresaria acababa de donar recursos para construir edificios en la universidad. No la conocía ni tenía una cita, lo único que tenía era una carta que le escribió para explcarle su situación y pedirle ayuda.

Primero investigó en qué hotel estaba y la buscó ahí, sin éxito. Luego la buscó en la universidad y por azares del destino terminó en el aeropuerto de Aguascalientes tratando de encontrarla antes de que ella abordara su vuelo. Y ahí fue donde consiguió dar con ella.

"Para mí esto es un sueño y usted es la única persona que puede hacerlo realidad", recuerda haberle dicho. La empresaria era Aída Melo de Feldman, empresaria y filántropa vinculada a una de las familias fundadoras de Mifel . Junto con Enrique Feldman Melo y Alfredo Bernal decidió financiar sus estudios y acompañarlo durante años como mentora.

Cuando Alfredo Bernal hizo las cuentas, le dice que la ayuda representaba cerca de 500,000 pesos entre colegiatura y manutención. Y si bien, la ayuda económica fue importante, Amezcua asegura que el verdadero valor estuvo en el acompañamiento. "Me cambiaron la vida por dos cosas. Sí es cierto que me becaron, pero el cambio más fuerte fue cuando me hicieron creer que podía lograr algo que parecía imposible".

Aquella relación derivó en una especie de segunda maestría. Cada vez que desarrollaba una idea de negocio la llevaba con sus mentores, y cada vez que imaginaba una empresa regresaba con nuevas observaciones.

"Yo creo que les llevé diez o doce business cases y me decían: esto está mal por esto, esto está mal por aquello", dice. Entre todas las lecciones hubo una que terminaría definiendo el resto de su carrera.

"No tenía un papá empresario. ¿De dónde iba a aprender cómo funciona una empresa? Ellos me decían: entra a una industria, entiéndela y después crea una compañía relacionada con ella". Y así lo hizo.

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Aprender antes de emprender

La recomendación terminó convirtiéndose en una ventaja de negocio. Mientras muchos emprendedores buscan oportunidades donde ven crecimiento, Amezcua decidió pasar años aprendiendo cómo funcionaba la industria farmacéutica desde dentro.

Por eso trabajó en compañías como Sanofi y Merck antes de fundar su propia empresa. Ahí entendió algo que más tarde definiría el rumbo de Gabame, y es que en salud no basta con tener un buen producto, también hay que dominar la regulación, logística, distribución, almacenamiento y relaciones de largo plazo con proveedores y clientes.

Ese conocimiento le permitió a Amezcua identificar una oportunidad que otros pasaban por alto. Él comenzó distribuyendo vacunas para el sector privado y, conforme conoció las necesidades del mercado, amplió sus operaciones hacia segmentos especializados y la atención de instituciones públicas.

La decisión resultó clave, pues entrar al mercado gubernamental implica competir en un mercado donde el precio es apenas una parte de la ecuación. La capacidad para cumplir requisitos regulatorios, garantizar inventarios, mantener cadenas de suministro y responder a procesos de compra complejos suele ser tan importante como la oferta comercial.

Amezcua asegura que esa etapa no se construyó de la noche a la mañana. “Primero llegaron los aprendizajes, después las relaciones y finalmente la escala”, dice.

Trece años después de la fundación de Gabame, el grupo integra operaciones farmacéuticas, distribución, logística especializada y productos de bienestar. Su portafolio también incluye productos OTC, dermocosmética clínica y marcas de belleza de alto volumen como Laboratorios Babé y SHEGLAM.

Gabame comercializa medicamentos para áreas como oncología, cardiología, endocrinología y enfermedades respiratorias, mantiene alianzas con más de 30 socios internacionales, entre ellos Novartis, Orion, Adamed, Zentiva, NTC, Mankind, Pinnacle, Shilpa, Indoco, Naprod, Aculife, Amneal, Gland Pharma, Wockhardt y Laurus Labs.

Además emplea a 250 personas y en el último año creció 35%. Cuando se le pregunta a qué se debe ese incremento, Amezcua vuelve a las enseñanzas que recibió durante aquellos años de formación.

"No puedes ayudar a alguien si tú primero no estás bien", recuerda que le repetían sus mentores y la frase terminó convirtiéndose en una filosofía de trabajo. “Primero construir una organización sostenible. Después generar impacto”, apunta.

La filosofía parece sencilla; sin embargo, va en sentido contrario a la narrativa emprendedora actual, que suele privilegiar la velocidad y la ejecución inmediata. Amezcua, en cambio, aprendió que entender una industria reduce riesgos, permite construir relaciones y ayuda a detectar oportunidades reales de negocio

Hoy Amezcua asegura que el crecimiento de una empresa rara vez es un esfuerzo individual. Este año inauguró nuevas oficinas corporativas de la compañía en el Valle de México y decidió dedicar una placa a Aída Melo de Feldman, Enrique Feldman Melo y Alfredo Bernal, las tres personas que apostaron por él cuando nadie más lo hacía.

A su parecer, detrás de cada empresario suele haber alguien que abrió una puerta, compartió conocimiento o ayudó a ver una posibilidad que parecía fuera de alcance. Quizá por eso, cuando habla de éxito, rara vez lo hace en términos de ventas o contratos. Él prefiere hablar de las personas que lo ayudaron a llegar hasta ahí y de la responsabilidad de hacer lo mismo por otros.

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