Aprender antes de emprender
La recomendación terminó convirtiéndose en una ventaja de negocio. Mientras muchos emprendedores buscan oportunidades donde ven crecimiento, Amezcua decidió pasar años aprendiendo cómo funcionaba la industria farmacéutica desde dentro.
Por eso trabajó en compañías como Sanofi y Merck antes de fundar su propia empresa. Ahí entendió algo que más tarde definiría el rumbo de Gabame, y es que en salud no basta con tener un buen producto, también hay que dominar la regulación, logística, distribución, almacenamiento y relaciones de largo plazo con proveedores y clientes.
Ese conocimiento le permitió a Amezcua identificar una oportunidad que otros pasaban por alto. Él comenzó distribuyendo vacunas para el sector privado y, conforme conoció las necesidades del mercado, amplió sus operaciones hacia segmentos especializados y la atención de instituciones públicas.
La decisión resultó clave, pues entrar al mercado gubernamental implica competir en un mercado donde el precio es apenas una parte de la ecuación. La capacidad para cumplir requisitos regulatorios, garantizar inventarios, mantener cadenas de suministro y responder a procesos de compra complejos suele ser tan importante como la oferta comercial.
Amezcua asegura que esa etapa no se construyó de la noche a la mañana. “Primero llegaron los aprendizajes, después las relaciones y finalmente la escala”, dice.
Trece años después de la fundación de Gabame, el grupo integra operaciones farmacéuticas, distribución, logística especializada y productos de bienestar. Su portafolio también incluye productos OTC, dermocosmética clínica y marcas de belleza de alto volumen como Laboratorios Babé y SHEGLAM.
Gabame comercializa medicamentos para áreas como oncología, cardiología, endocrinología y enfermedades respiratorias, mantiene alianzas con más de 30 socios internacionales, entre ellos Novartis, Orion, Adamed, Zentiva, NTC, Mankind, Pinnacle, Shilpa, Indoco, Naprod, Aculife, Amneal, Gland Pharma, Wockhardt y Laurus Labs.
Además emplea a 250 personas y en el último año creció 35%. Cuando se le pregunta a qué se debe ese incremento, Amezcua vuelve a las enseñanzas que recibió durante aquellos años de formación.
"No puedes ayudar a alguien si tú primero no estás bien", recuerda que le repetían sus mentores y la frase terminó convirtiéndose en una filosofía de trabajo. “Primero construir una organización sostenible. Después generar impacto”, apunta.
La filosofía parece sencilla; sin embargo, va en sentido contrario a la narrativa emprendedora actual, que suele privilegiar la velocidad y la ejecución inmediata. Amezcua, en cambio, aprendió que entender una industria reduce riesgos, permite construir relaciones y ayuda a detectar oportunidades reales de negocio
Hoy Amezcua asegura que el crecimiento de una empresa rara vez es un esfuerzo individual. Este año inauguró nuevas oficinas corporativas de la compañía en el Valle de México y decidió dedicar una placa a Aída Melo de Feldman, Enrique Feldman Melo y Alfredo Bernal, las tres personas que apostaron por él cuando nadie más lo hacía.
A su parecer, detrás de cada empresario suele haber alguien que abrió una puerta, compartió conocimiento o ayudó a ver una posibilidad que parecía fuera de alcance. Quizá por eso, cuando habla de éxito, rara vez lo hace en términos de ventas o contratos. Él prefiere hablar de las personas que lo ayudaron a llegar hasta ahí y de la responsabilidad de hacer lo mismo por otros.