La seguridad privada abre una salida laboral fuera de las áreas periciales
Los sectores que absorben a los egresados ayudan a dimensionar la dispersión laboral. El gobierno y los organismos internacionales emplean a 28.8%, pero 20.7% trabaja en comercio y 13.1% en servicios profesionales, financieros y corporativos. Otros se distribuyen entre manufactura, transporte, restaurantes, servicios sociales y construcción.
Hoy, Laura trabaja en una compañía de seguridad privada que atiende emergencias de personas, familias y corporativos como directora del Centro de Inteligencia y Zafe Academy. Mediante botones SOS instalados en aplicaciones, automóviles y dispositivos GPS, un centro de comando recibe reportes de seguridad, urgencias médicas y percances viales.
Ella participó en el desarrollo inicial de los protocolos de actuación utilizados para responder ante esas situaciones. Posteriormente pasó al área donde está ahora para recopilar y analizar información sobre accidentes carreteros, desastres naturales y situaciones de inseguridad a fin de convertirla en alertas dirigidas al público.
“Si una alerta ayuda a que alguien cambie su ruta, evite una zona de riesgo, tome precauciones o reaccione mejor ante una emergencia, entonces esa información ya hizo una diferencia”, dice.
La seguridad privada aparece así como una salida para conocimientos que antes se asociaban principalmente con procuradurías, fiscalías, laboratorios y servicios periciales. Sin embargo, esa movilidad profesional también dificulta establecer dónde termina el ejercicio directo de la carrera y dónde comienza una ocupación distinta.
Por otro lado, el 38.4% de quienes estudiaron Criminología y Criminalística trabaja sin las condiciones de un empleo formal, mientras que la tasa de desempleo llega a 6%, lo que coloca a esta profesión en el séptimo lugar entre las licenciaturas con mayor proporción de desocupados.
Quienes logran incorporarse al mercado reciben un salario promedio mensual de 18,993 pesos. La cifra aumenta a 20,602 pesos entre los trabajadores formales y cae a 15,485 pesos en la informalidad, una brecha de 5,117 pesos mensuales.
El promedio también esconde diferencias dentro del mismo grupo. Una cuarta parte gana menos de 11,461 pesos mensuales, la mediana se sitúa en 16,276 pesos y el 25% con mayores ingresos supera los 24,023 pesos.
Un posgrado puede elevar el salario promedio a 29,343 pesos, un incremento de 59.3% frente a la licenciatura. Sin embargo, solo 7.6% de los profesionistas de esta área cuenta con ese grado académico.
Los datos obligan a mirar más allá del atractivo que pueden generar los casos criminales, las técnicas forenses o las producciones televisivas. Antes de elegir la licenciatura, los aspirantes necesitan conocer cuántos puestos existen, qué actividades realizan realmente sus egresados y en qué otros sectores podrían utilizar su formación.
Laura volvería a estudiar la misma carrera porque considera que sus conocimientos no la encerraron en una sola ocupación. La licenciatura cambió su manera de observar, separar hechos de interpretaciones y anticipar riesgos, capacidades que ahora aplica desde la seguridad privada.
Y el robo que despertó su interés también tuvo un desenlace. Meses después, las autoridades detuvieron al responsable por otro delito y comprobaron que sus huellas coincidían con las levantadas en su casa. La denuncia permitió vincular ambos casos y aportar más elementos a la investigación.
“Al final, aquellas huellas no solamente ayudaron a encontrar al responsable, también dejaron una huella en mí. Fueron las que despertaron mi vocación y, de alguna manera, marcaron el inicio de todo lo que hago hoy”, expresa.