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Los títulos universitarios pierden peso como filtro en el mercado laboral

Las empresas están fijándose cada vez más en la experiencia y las habilidades prácticas al contratar personal.
vie 30 enero 2026 12:36 PM
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Para muchos profesionistas se hace visible, hasta que salen al mercado laboral, que el papel ya no abre las puertas como antes. (iStock)

Hace unos años estudiar una carrera profesional marcaba el camino y daba una sensación de certeza para encontrar trabajo, pero hoy algo no cuadra en ese esquema. Hay jóvenes que salen de la universidad con el título en la mano y no encuentran empleo, y otros que no pasaron por la carrera y logran colocarse con cursos, certificaciones o experiencia previa.

La paradoja ya se vive en la forma en que contratan las empresas, ya que en México, 50% de los empleadores prioriza la experiencia sobre el título universitario, de acuerdo con datos de PageGroup.

El grado sigue contando, pero dejó de ser el filtro. Para muchos profesionistas, esa diferencia se hace visible hasta que salen al mercado laboral y descubren que el papel ya no abre la puerta como antes.

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Hoy, quienes terminan la carrera se enfrentan a vacantes que piden herramientas que no vieron en clase, procesos que no conocen y experiencia que no tienen, mientras que el promedio pesa menos que la capacidad de ejecutar.

Para José Escamilla, director ejecutivo del Instituto del Futuro para la Educación del Tecnológico de Monterrey, ahí está el fondo del problema. “El desajuste no está en el valor del título universitario, sino en la velocidad con la que cambia el mercado laboral frente a los planes de estudio”, explica.

Mientras las empresas ajustan perfiles y necesidades en lapsos cada vez más cortos, los programas académicos tardan años en modificarse. En ese tiempo, la tecnología avanza, los puestos cambian y las habilidades que se piden ya no son las mismas.

“Cuando una persona se gradúa, muchas de las habilidades técnicas que aprendió ya no son exactamente las que el mercado está demandando”, apunta Escamilla. “No porque lo aprendido esté mal, sino porque el contexto ya es otro”.

Ese desfase ayuda a explicar por qué el aprendizaje empezó a moverse fuera del aula. Cursos en línea, certificaciones y programas cortos se volvieron una vía para ponerse al día, no como sustituto de la universidad, sino como complemento.

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En México, 64.3% de las personas prefiere capacitarse mediante cursos digitales, según Page Group, y 75% afirma que mejorar sus habilidades ya tuvo un impacto positivo en su trabajo.

“Antes salías de la escuela y ya terminabas de estudiar, ahora debemos ser aprendedores porque aprender dejó de ser una etapa previa al empleo y se convirtió en parte permanente de la carrera”, dice Escamilla.

La llegada de la inteligencia artificial aceleró todavía más esa presión. Muchas personas saben que necesitan nuevas habilidades, pero no siempre tienen claro cuáles ni por dónde empezar. Casi ocho de cada diez considera que la IA ya es relevante en su sector, aunque una parte importante reconoce no haber recibido capacitación reciente, acorde con la firma de reclutamiento.

“Hoy vemos una combinación de urgencia por aprender y mucha confusión. El mercado manda señales muy rápidas y no todos tienen cómo responder al mismo ritmo”, alertó el experto, en entrevista durante el IFE Conference 2026.

En otros países, el ajuste ocurrió antes. En Estados Unidos, varias empresas dejaron de exigir título para ciertos puestos técnicos y priorizan portafolios y certificaciones. En Alemania, estudiar y trabajar ocurre al mismo tiempo mediante el modelo dual. En Reino Unido, existen rutas profesionales que no pasan por la universidad tradicional.

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Si bien, en esos mercados el título perdió centralidad más rápido, México avanza distinto. “Aquí el título sigue siendo una base importante, no todas las empresas al momento de reclutar saben medir por competencias y terminan por hacerlo con el título, y en un mercado donde la mitad del empleo es informal, el grado todavía funciona como respaldo y como puerta de entrada a esquemas más estables”, asegura Escamilla.

Pero lo que ya no funciona es asumir que con el título basta. “Pensar que la formación termina al graduarse ya no corresponde a la realidad”, reitera. “La carrera profesional dejó de ser un trayecto lineal. No empieza ni termina con el título; estudiar, trabajar y volver a aprender se mezclan a lo largo de toda la vida laboral”.

Al preguntarle qué pasará con el título en diez años, Escamilla dijo que el documento no va a desaparecer, pero tampoco puede seguir igual. “El título universitario será una especie de seguro. Sigue siendo valioso y funciona como un igualador social, pero ya no puede operar como antes. Tiene que cambiar”.

En su visión, el grado académico dejará de ser un requisito automático para convertirse en un respaldo que blinde trayectorias más largas y cambiantes. No garantiza empleo, pero sí ofrece herramientas que ayudan a resistir los cambios del mercado. “Te da resiliencia, pensamiento crítico y capacidad de reinventarte”, señala.

Escamilla plantea que las universidades deben dejar de ver el grado como su único producto central y abrir paso a esquemas más flexibles. Carreras que integren microcredenciales, certificaciones parciales y evidencias de competencias antes de la graduación formal. “El grado académico se tiene que reinventar. Debe estar conectado de verdad con lo que el mercado necesita y responder más rápido”.

En ese modelo, la señal para el empleador ya no sería solo el diploma, sino un portafolio de evidencias como proyectos realizados, problemas resueltos, habilidades demostradas. Algo similar a lo que hoy se exige en disciplinas creativas o técnicas, pero extendido a más profesiones.

“El título dejará de ser el centro absoluto. En diez años, su valor dependerá menos del papel y más de su capacidad para adaptarse”, apunta Escamilla.

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