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“Se puede heredar una empresa, pero no la capacidad de hacer fortuna”: IPADE

El apellido abre la puerta, pero para dirigir el negocio se necesita preparación y reglas a fin de evitar que la sucesión termine en una disputa familiar.
Empresario mayor y dos adultos que revisan planos y documentos en una oficina, alusiva a la sucesión en empresas familiares.
La sucesión en una empresa familiar requiere preparar a quienes asumirán la dirección y definir cómo se transferirá el mando. (Imagen generada con inteligencia artificial.)

Heredar una empresa convierte a los hijos en propietarios, pero no necesariamente en los sucesores capaces de dirigirla. La diferencia entre recibir un patrimonio y saber hacerlo crecer está en la preparación, la experiencia y las reglas que definen quién debe asumir el mando, un proceso que en México sigue pendiente para buena parte de los negocios familiares.

El estudio Nivel de progreso de las empresas familiares para lograr su continuidad y armonía halló que 49% de las empresas familiares enfrenta riesgos por no determinar los tiempos y procesos de sucesión. Otro 43% tiene asuntos importantes por resolver y apenas 8% tiene un nivel adecuado de avance.

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Una sucesión que puede tomar una década

Ricardo Aparicio, director del Centro de Investigación para Familias de Empresarios del IPADE, asegura que algunos fundadores esperan que sus hijos tengan las mismas habilidades que hicieron crear y crecer el negocio, como si la capacidad de dirigir pudiera transmitirse por parentesco, cuando en realidad requiere formación y experiencia para tomar decisiones.

“La transición de una dirección general es un proceso que puede llevar rápido cinco años bien hecha y con calma, normalmente son 10”, puntualizó durante la presentación del estudio.

El especialista recuperó una reflexión de su colega del IPADE, José Antonio Dávila, para explicar la diferencia entre recibir un patrimonio y saber construirlo. “Se puede heredar la empresa, pero no se puede heredar la capacidad de hacer fortuna”.

Quien ocupa la dirección general toma decisiones que afectan a los socios, los trabajadores y el futuro de la compañía. Para hacerlo necesita capacidades que el parentesco no garantiza y que deben desarrollarse antes de asumir el puesto.

Aparicio comparte que el proceso empieza con la formación de los posibles candidatos y con una conversación que suele resultar incómoda para la familia.

Sin embargo, aplazar esa definición puede consumir buena parte de la vida profesional de los hijos, sobre todo cuando el fundador conserva la salud y la capacidad para seguir trabajando a los 85 o 90 años, de modo que el relevo llegue cuando sus descendientes también estén cerca del retiro.

Durante la sesión, Aparicio planteó el ejemplo de un empresario que fallece a los 90 años y deja a un hijo de 65 frente a la posibilidad de asumir la dirección. Pero justo por eso es que algunas familias comienzan a considerar a los nietos para dirigir el negocio.

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También puede ocurrir que la persona preparada para suceder al fundador cambie de planes, encuentre otra oportunidad profesional o decida emprender por su cuenta, por lo que Aparicio recomendó formar a más de un candidato.

“Entonces, si esa persona tuviera algún problema o le surge una mejor oportunidad que quiere tomar empresarialmente o lo que fuera, pues ya no tienes margen de maniobra, no hay como una reserva”, expresó.

Reglas para elegir al sucesor

La preparación necesita acompañarse de criterios para elegir a quien llegará al puesto, porque la antigüedad dentro de la familia, el afecto del fundador o la expectativa de un hijo pueden entrar en conflicto con las capacidades que requiere la compañía.

Además, tener varios candidatos obliga a conversar sobre el futuro de quienes no ocupen la dirección, desde otras responsabilidades dentro del negocio hasta proyectos propios, en lugar de mantener a todos compitiendo por una sola posición.

Este posible desencuentro entre los intereses personales y las expectativas familiares también aparece cuando los nietos prefieren una carrera fuera del negocio , por lo que la continuidad exige conocer qué quiere hacer cada integrante.

Una herramienta para ordenar la elección es el consejo de administración, siempre que tenga una participación real en las decisiones y pueda evaluar a los candidatos con criterios profesionales, además de acompañar a quien asuma el mando.

“Porque si tienes un consejo de administración potente, te va a ayudar primero a elegir a la persona más capaz, no a quien tú más quieres o a tu consentido o consentida. Y segundo, le va a ayudar a esa persona a tomar buenas decisiones”, mencionó Aparicio.

No obstante, solo 7% de las firmas familiares tiene un nivel óptimo de institucionalización, y 64% requiere trabajar intensamente en ese ámbito, entendido como el desarrollo de estructuras que permitan funcionar sin depender de una o pocas personas.

Aparicio insistió en que el buen desempeño actual no garantiza la continuidad del negocio. Y para los hijos, contar con un horizonte claro ayuda a decidir si quieren dirigir, participar como propietarios o hacer su carrera fuera de la empresa, sin dejar su futuro profesional sujeto a una espera indefinida.

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