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Las empresas familiares no quiebran por dinero, sino por conflictos que nadie quiere enfrentar

Jorge Paoli, CEO de Diestra Hoteles, afirma que las empresas familiares fracasan más por conflictos humanos que por falta de recursos económicos.
Las empresas familiares en México no quiebran por dinero, sino por conflictos que nadie quiere enfrentar
En su libro Cuidar lo común, Jorge Paoli analiza por qué apenas una minoría de las empresas familiares logra llegar a la cuarta generación. (Jorge Paoli/LinkedIn)

Las charlas sobre empresas familiares suelen centrarse en sucesión, patrimonio o resultados financieros, pero Jorge Paoli propone mirar hacia otro lado. A su juicio, la mayoría de las organizaciones fracasan porque postergan conversaciones incómodas sobre poder, mérito, liderazgo y reglas de convivencia.

El problema crece con el paso del tiempo. La empresa que en una primera generación funciona por confianza y cercanía, después necesita reglas más específicas para ordenar decisiones, responsabilidades y diferencias entre familiares.

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Para el autor de Cuidar lo común, la empresa familiar funciona como un laboratorio social porque mezcla dos planos difíciles de separar. Por un lado están la rentabilidad, la operación y el crecimiento. Por el otro, los afectos, las rivalidades y las historias familiares que influyen en cada decisión.

"La empresa familiar es un laboratorio social muy interesante en donde por un lado sucede todo lo transaccional típico de cualquier empresa, pero también muchos de los sesgos, filias y fobias que tenemos los seres humanos", dice.

La combinación explica por qué los conflictos tienden a ser más complejos que en otro tipo de organizaciones, ya que en una empresa familiar está en juego la rentabilidad del negocio , pero también las relaciones entre padres, hijos, hermanos y sucesores.

De acuerdo con el IPADE, las empresas familiares representan cerca del 90% de las unidades económicas del país y generan alrededor del 67% del empleo. También aportan cerca del 80% del PIB nacional. Sin embargo, la mayoría enfrenta dificultades para sobrevivir al relevo generacional y entre 3 y 5% logra llegar a la cuarta generación.

Paoli atribuye parte del problema al crecimiento natural de estas organizaciones, pues lo que comienza como un proyecto entre pocas personas puede convertirse décadas después en una empresa con decenas de accionistas y visiones distintas sobre el futuro del negocio. "Hay muchísimo más en juego que solo la rentabilidad. Puedes perder relaciones que para ti son de lo más importante en tu vida", afirma.

Por eso considera que uno de los errores más comunes es evitar las conversaciones difíciles. La sucesión, la evaluación objetiva del desempeño, la reinversión de largo plazo o las diferencias entre accionistas habitualmente permanecen debajo de la mesa hasta que se convierten en crisis.

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La confianza no se hereda

Paoli sostiene que muchas veces los problemas financieros son la consecuencia visible de algo que viene de raíz, ya que las crisis son detonadas por factores menos tangibles, como la pérdida de confianza entre familiares, socios, colaboradores o clientes. "Lo financiero normalmente tiene detrás muchas cosas. Yo diría que quizá una de las más importantes es la confianza", afirma.

El también CEO de Diestra Hoteles señala que las organizaciones que logran trascender generaciones construyen relaciones de confianza dentro y fuera de la empresa. La relación entre accionistas es importante, pero también lo son los vínculos con colaboradores, proveedores y clientes, quienes terminan formando parte de una misma red de valor. "Son seres humanos que están dispuestos a poner sus recursos y su tiempo en manos de otro para construir cosas juntos", explica.

Esa confianza, sin embargo, no permanece intacta con el paso del tiempo. Conforme crecen las organizaciones y aumenta el número de participantes, también se vuelve más difícil conservar acuerdos, alinear intereses y mantener una visión compartida.

Por ello, Paoli identifica tres elementos que aparecen con frecuencia en las empresas que logran mantenerse en el largo plazo. El primero es la meritocracia, entendida como la capacidad de asignar responsabilidades con base en preparación y resultados, no en parentescos. El segundo es la gobernanza, es decir, reglas claras para tomar decisiones y resolver diferencias. Y el tercero es un liderazgo caracterizado por la humildad, el autocontrol y la disposición a servir antes que a acumular poder.

La confianza también se pone a prueba cuando llega el momento de tomar decisiones difíciles. Muchas organizaciones identifican los cambios que necesitan hacer, pero aplazan las acciones necesarias hasta que el mercado las obliga a reaccionar.

"Cambiar es muy difícil. Aunque el camino que te va a llevar a sobrevivir esté sentado al lado de ti, hay muchas formas de pensar del ser humano que te impiden tomar esa decisión", señala.

Paoli menciona el caso de Kodak como ejemplo de una organización que reconoció una transformación tecnológica, pero no logró adaptarse con la velocidad suficiente. A su parecer, algo similar ocurre en las empresas cuando los problemas son evidentes, pero nadie quiere abordarlos.

La lección, asegura, trasciende a las empresas familiares. "Todo el mundo casi en cualquier organización sabe cuáles son esos temas francamente incómodos que estás poniendo debajo del tapete hasta que estallan", afirma.

Para él, la supervivencia de una organización depende tanto de sus resultados como de la calidad de las relaciones que construye. La confianza rara vez aparece en los balances financieros, pero suele definir la capacidad de una empresa para mantenerse unida y trascender generaciones.

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