Trump había dicho el mes pasado que las importaciones de camiones pesados se enfrentarían a nuevos aranceles a partir del 1 de octubre por motivos de seguridad nacional.
Argumentó que los gravámenes buscaban proteger a los fabricantes de la "competencia externa desleal" y que la medida beneficiaría a empresas como Peterbilt y Kenworth PCAR.O, propiedad de Paccar, y Freightliner DTGGe.DE, propiedad de Daimler Truck.
En virtud de los acuerdos comerciales alcanzados con Japón y la Unión Europea, Estados Unidos acordó aplicar aranceles del 15% a los vehículos de carga ligeros, pero no está claro si se aplicará esa misma tasa a los vehículos más grandes.
La administración Trump también ha permitido a los productores deducir el valor de los componentes estadounidenses de los aranceles pagados por los vehículos de carga ligeros ensamblados en Canadá y México.
Los más grandes incluyen todo tipo de vehículos, desde camiones de reparto, camiones de basura, camiones de servicios públicos, autobuses de transporte público, autobuses escolares y tractocamiones, así como semirremolques y vehículos profesionales pesados.
La Cámara de Comercio instó previamente al Departamento de Comercio a no imponer nuevos aranceles a los camiones, señalando que los cinco principales orígenes de las importaciones son México, Canadá, Japón, Alemania y Finlandia, "todos aliados o socios cercanos de Estados Unidos que no representan una amenaza para la seguridad nacional".
México es el mayor exportador de camiones medianos y pesados a Estados Unidos. Un estudio publicado en enero indicó que las importaciones de estos vehículos más grandes desde México se han triplicado desde 2019, alcanzando alrededor de 340,000 en la actualidad, según estadísticas gubernamentales.
Según el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (T-MEC), los camiones medianos y pesados están exentos de aranceles si al menos el 64% de su valor proviene de América del Norte, ya sea por piezas como motores y ejes, materias primas como acero o mano de obra de ensamblaje.