De acuerdo con un análisis del Centro de Estudios del Parlamento Europeo, este avance responde a una estrategia deliberada de largo plazo enfocada en asegurar el acceso a recursos naturales, ampliar mercados para sus manufacturas y consolidar su presencia económica y política en la región. El documento subraya que América Latina se ha convertido en un socio clave para China por su abundancia de minerales críticos, su capacidad energética y su peso creciente en las cadenas globales de suministro.
El intercambio comercial entre China y América Latina se multiplicó de forma acelerada. Entre 2000 y 2020 creció 26 veces, al pasar de 12,000 millones a 315,000 millones de dólares. Para 2024, el comercio total alcanzó 518,000 millones de dólares y las proyecciones apuntan a que podría superar los 700,000 millones hacia 2035.
Las exportaciones latinoamericanas hacia China se concentran en productos primarios. Los minerales representan 32% del total, seguidos por oleaginosas como la soya con 18% y combustibles minerales con 12%. A cambio, China envía principalmente maquinaria, equipo eléctrico, vehículos y autopartes.
La mancha roja se extiende sin freno no solo en la región. Según el Lowy Institute, casi 80% de los países del mundo importan más productos desde China que desde Estados Unidos. El centro de investigación australiano trazó un mapa que muestra cómo el gigante asiático se convierte en el principal proveedor global, desplazando a Washington.
Las inversiones
Más allá del comercio, la inversión china deja una huella profunda, pues América Latina es el segundo mayor destino de inversión directa china, solo detrás de Asia. El acervo acumulado se estima en 187,500 millones de dólares, con cerca de dos terceras partes concentradas en energía, minería y recursos naturales, en particular minerales clave para la transición energética.
El Monitor de la Inversión Extranjera Directa China en América Latina y el Caribe señala que la inversión china en la región sumó 8,530 millones de dólares en 2024. Entre 2000 y 2024, el monto promedio anual se redujo de forma significativa, al pasar de 13,830 millones de dólares en 2015-2019 a 11,125 millones en 2020-2024, incluso por debajo del promedio de 2010-2014.
Brasil es por mucho el principal destino de la inversión china en la región, con un promedio anual de 2,678 millones de dólares entre 2000 y 2024, seguido por Perú con 1,460 millones, México con 990 millones y Argentina con 978 millones. Venezuela, en contraste, promedió apenas 129 millones de dólares anuales. Aun así, la estructura se ha diversificado de forma notable. Mientras que en 2000-2004 Brasil concentró 55.13% , su participación bajó a 30.50% en 2020-2024.
Recientemente, Argentina, Perú, México y Chile se consolidaron como los receptores más dinámicos, aunque Brasil mantiene el primer lugar.
Dominio en minería e infraestructura
El litio y el cobre ocupan un lugar central en esta estrategia. China ha invertido al menos 11,000 millones de dólares en proyectos de extracción de litio desde 2018, sobre todo en Argentina, Bolivia y Chile, el llamado triángulo del litio, que concentra cerca de la mitad de las reservas mundiales. En cobre, Chile y Perú, los dos mayores productores globales, tienen a China como su principal destino.
La infraestructura es otro eje clave. Desde 2018, China extendió a la región su Iniciativa de la Franja y la Ruta. Uno de los proyectos más emblemáticos es el megapuerto de Chancay, en Perú, que abrirá una ruta marítima directa con Asia y modificará la logística sudamericana al reducir la dependencia del Canal de Panamá.
Beijing también financia proyectos de aeropuertos, carreteras, puertos y ferrocarriles. Entidades chinas mantienen distintos niveles de propiedad o control sobre más de 100 proyectos portuarios en el mundo, al menos una docena en América Latina y el Caribe. A finales de 2024, la inauguración del nuevo megapuerto en Perú reforzó este despliegue.
De acuerdo con un análisis del Consejo de Relaciones Exteriores, el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportación e Importación de China figuran entre los principales prestamistas de la región. Desde 2005 han otorgado más de 120,000 millones de dólares a países y empresas estatales de América Latina y el Caribe, en muchos casos vinculados a petróleo y destinados a proyectos de energía e infraestructura.
Venezuela concentra casi 60,000 millones de dólares de estos préstamos, casi el doble que Brasil, el segundo mayor prestatario. China además participa como miembro no prestatario con derecho a voto en el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco de Desarrollo del Caribe.
China también impulsa el desarrollo de la llamada nueva infraestructura, que abarca inteligencia artificial, energías renovables, ciudades inteligentes y tecnología 5G, con empresas de telecomunicaciones como Huawei al frente.