Precios de los combustibles
Los precios de las gasolinas es el canal más inmediato de traslado del alza en los precios internacionales del petróleo para los consumidores mexicanos.
En un mes de guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, los precios de la gasolina en México se han incrementado 7.3%, mientras el diésel se incrementó 8.7%. Esto después de que los precios internacionales del petróleo se incrementaron más de 50% a raíz del conflicto bélico.
De tal modo que el gobierno ya implementó subsidios a gasolina y diésel para aliviar el choque para los consumidores.
A pesar de esto, un reporte de Oxford Economics señala que el shock no representa un punto de inflexión para la política monetaria en la mayoría de países de América Latina, incluyendo a México. Por un lado, porque el país no depende de las importaciones de Medio Oriente, tiene producción propia y cercanía con Estados Unidos, productor de gas, petróleo y gasolina. Por otro lado, a pesar de que se incrementan los precios internacionales de gasolinas, el gobierno amortigua el alza a través de subsidios al IEPS, aunque en detrimento parcial de sus finanzas públicas.
En 2022, el gobierno mexicano absorbió el impacto del alza petrolera con subsidios a combustibles que costaron hasta 397,000 millones de pesos, equivalentes a 1.4% del PIB, según Hacienda.
Los precios de los alimentos
El aumento en el precio de las gasolinas ha comenzado a presionar los costos logísticos, lo cual se traslada a los precios finales al consumidor, señaló la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC).
“Aunque estos incrementos son graduales, su impacto en la canasta básica es directo, encarecen el transporte, presionan los precios y terminan afectando tanto a los pequeños comercios como al bolsillo de las familias del consumidor. Al final, cada aumento, por pequeño que parezca, se traslada al precio de los productos, siguiendo una cadena que golpea lo más sensible, la calidad de la alimentación diaria en los hogares”, destacó Cuauhtémoc Ribera, presidente de ANPEC.
México importa cerca del 75% de los fertilizantes que utiliza (entre 3.8 y 4 millones de toneladas en 2025), principalmente desde Rusia, China y países del Golfo como Omán, lo que vuelve al campo especialmente vulnerable a choques externos, advierten especialistas.
Esta dependencia cobra relevancia en pleno ciclo de siembra primavera-verano, clave para la producción de maíz. El Consejo Nacional Agropecuario, por su parte, explicó recientemente que los fertilizantes pueden representar hasta un tercio de los costos de producción de granos como maíz y trigo, y su encarecimiento se traslada, con rezago, a los precios de los alimentos. Además, los tiempos logísticos —de hasta 60 días para cargamentos desde el Golfo Pérsico— implican que las disrupciones globales se reflejen en el mercado interno semanas después.