“Generalmente en el corto plazo las aerolíneas suelen absorber parte del impacto en márgenes, especialmente si la demanda es sensible a precios; sin embargo, conforme el entorno se estabiliza, terminan trasladando una parte relevante vía tarifas más altas”, señala Alejandra Vargas, analista de Banco Ve por Más. “Desde mi punto de vista es probable que se traslade a los boletos en los próximos meses”.
La demanda es fuerte, pero el gasto se puede contener
Para el caso del Mundial, el comportamiento del consumidor cambia, pero la demanda es altamente inelástica, lo que significa que los viajeros mantendrán sus planes incluso con precios más altos.
“Incluso con boletos más caros, la llegada de turistas se mantendría sólida. Lo que se podría observar son estancias más cortas o menor presupuesto para gastar”, apunta Vargas.
Esto ocurre en un contexto en el que el torneo tendrá un impacto positivo, aunque acotado. Estimaciones de Oxford Economics señalan que el Mundial podría añadir cerca de un punto porcentual al crecimiento de llegadas internacionales en Estados Unidos, con hasta 1.2 millones de visitantes adicionales. En México, aunque el volumen será menor, se anticipan crecimientos de doble dígito durante el evento, más como un impulso temporal que como un cambio estructural, de acuerdo con un reporte de Deloitte, que añade que se esperan 280,000 turistas internacionales durante el torneo.
El peso del combustible en el boleto
De acuerdo con la IATA, el precio global del jet fuel subió 7.1% semanal en abril, hasta 209 dólares por barril; el doble del precio antes del conflicto en Medio Oriente. Y en Estados Unidos, Airlines for America reportó que los precios se dispararon en marzo por disrupciones en refinación y distribución.
El impacto del precio del petróleo en el turismo puede llegar a ser directo, dependiendo de las circunstancias del mercado y cada aerolínea. El combustible representa entre 35% y 40% del costo total de un boleto de avión (según datos de organismos como la IATA), seguido por tarifas aeroportuarias como la TUA, que en México pueden alcanzar entre 15% y 25% del precio, e incluso más en aerolíneas de bajo costo.
Esto implica que, en un entorno de petróleo caro, el mayor costo del viaje no proviene solo de las aerolíneas, sino también de componentes estructurales que elevan el costo final para el pasajero. Aerolíneas internacionales ya comenzaron a prever un efecto negativo, Delta estimó un aumento de 400 millones de dólares en costos solo en marzo.
En México, las aerolíneas están atentas
En 2025, el menor precio del combustible benefició principalmente a las aerolíneas mexicanas al mejorar márgenes, pero no se tradujo necesariamente en boletos más baratos. Aeroméxico reportó que el costo del combustible por litro cayó 7.6% ese año, mientras que alcanzó un margen ajustado de 31.2%, el más alto de su historia, y un margen operativo de 17.3%. Ahora el escenario es el inverso y las compañías comienzan a anticipar ajustes.