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Gobierno e industria chocan por la tortilla… mientras el kilo se acerca a los 30 pesos

El encarecimiento del maíz, la energía y la logística presiona a la cadena productiva, mientras los industriales advierten riesgos para la operación de pequeñas tortillerías.
mié 15 abril 2026 05:04 PM
(Fotografía de tortillas)
La desproporción entre más de 110,000 tortillerías y un número menor de molinos que procesan y distribuyen masa presiona los costos logísticos del sector.
(Daniel Augusto/Cuartoscuro)

Aunque el principal insumo ha bajado de precio, la tortilla enfrenta un nuevo intento de alza que podría llevar el kilo hasta 30 pesos en algunas regiones, en medio de un desacuerdo entre productores, analistas y autoridades sobre si existen razones reales para encarecerla.

Mientras productores anticipan incrementos de entre 1 y 4 pesos, dependiendo del lugar del que se trate, otras voces dentro del mismo sector advierten que no existen condiciones técnicas para justificar un ajuste de esa magnitud. Las familias, sin embargo, se están preparando para pagar más por un producto que difícilmente pueden sustituir.

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En la canasta alimentaria que Inegi usa para calcular las líneas de pobreza extrema por ingresos, la tortilla de maíz representa 153.82 pesos mensuales por persona en el ámbito rural, equivalente a casi 7.9% del valor total de esa canasta, y 99.30 pesos en el urbano, alrededor de 3.9%.

Además, el consumo de referencia es de 220.8 gramos diarios por persona en zonas rurales y de 139.9 gramos en urbanas, lo que muestra por qué cualquier alza en su precio pega con más fuerza en los hogares de menores ingresos.

No todo se trata de insumos básicos

El principal insumo industrial, la harina de maíz, no se ha encarecido al menos en el último año. El costal de 10 kilos de Maseca pasó de 190.28 pesos en promedio durante todo 2025 a 188.64 pesos en los primeros tres meses de 2026. Sin embargo, el precio final al consumidor ha seguido otra lógica.

De acuerdo con el Sistema Nacional de Información e Integración de Mercados, el kilo de tortilla pasó de 13.18 pesos en 2022 a 14.52 pesos en 2026 en promedio nacional, aunque en la práctica ya se vende entre 20 y 25 pesos dependiendo de la zona.

La aparente contradicción se explica —según los productores— por una estructura de costos más compleja de lo que sugieren los insumos básicos. Homero López, presidente del Consejo Nacional de la Tortilla, ha defendido el incremento al señalar que el precio lleva años sin moverse pese a presiones acumuladas. “Nosotros sí lo vamos a incrementar… tenemos tres años en los que no se ha movido el precio de la tortilla”, afirmó.

Esa presión no viene solo del maíz, sino de factores que van desde costos logísticos, crisis del sector molinero, hasta temas de seguridad y extorsión.

Fernando Cruz, socio director del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, plantea que el error del debate público es reducir la tortilla a su materia prima. El grano, explica, representa apenas una tercera parte del costo total. “El maíz representa entre 33% y 35% de los costos… sí ha bajado, pero lo que no se está viendo son los incrementos en salarios, energéticos, rentas y logística”.

Explica que las tortillerías no operan como grandes empresas capaces de absorber choques temporales, sino que son micronegocios que trasladan casi de inmediato cualquier presión. Actualmente, los precios de los energéticos, como la gasolina, el gas o la electricidad pueden implicar presiones adicionales. Además, Cruz explica que los incrementos al salario mínimo también están afectando los costos de este tipo de microempresas. “Las tortillerías viven al día… cualquier movimiento en los costos se refleja muy rápido en el precio final”, añade.

Hasta ahora, el argumento de costos se ha centrado en insumos visibles como el maíz o el gas, pero hay un factor menos evidente que empieza a explicar por qué el precio no baja aunque algunos componentes lo hagan y es la forma en que se produce y distribuye la masa.

Fernando Cruz advierte que no todas las tortillerías elaboran su propia masa; una parte importante depende de molinos que la procesan y la distribuyen diariamente. El problema es que esa red no crece al mismo ritmo que el número de negocios. “Tienes alrededor de 110,000 tortillerías en el país, pero muchos menos molinos que abastecen la masa. Esa desproporción encarece la distribución”, explica.

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Esa brecha introduce una presión adicional a la logística de producción donde la masa (una mezcla de nixtamal y harina) se transporta todos los días en lo que el sector conoce como “maletas de masa”, lo que vuelve al sistema altamente dependiente del precio de los combustibles y de la eficiencia de la red de reparto.

Además de eso, “hay gastos que no se pueden declarar, como la extorsión… y eso también termina pegando al precio”, añade el experto y señala que el Estado de México es una de las entidades que más incidencia tiene de este delito.

Red de Maíz rechaza aumentos abruptos

Desde la Red de Maíz, que agrupa a actores de la cadena productiva, el mensaje es más cauteloso, pues aunque reconocen presiones como las descritas, al mismo tiempo rechazan que estas justifiquen aumentos abruptos.

“No existen elementos técnicos, económicos ni de mercado que justifiquen un incremento en la magnitud señalada”, aseienta el posicionamiento firmado por la coordinadora de Red de Maíz, Blanca Estela Mejía Castillo. Y añade que "la ruta no es la especulación ni el alarmismo, sino el fortalecimiento integral de la cadena maíz–masa–tortilla, desde el productor hasta el punto de venta".

Desde 1990, el precio de la tortilla está liberado y, en teoría, cada productor decide su precio en función de sus costos. Por lo cual los expertos llaman a estar atentos a hasta qué punto los aumentos responden a condiciones de mercado y no a decisiones coordinadas.

“Si todos deciden subir el precio al mismo tiempo, eso es comportamiento de cártel y debería investigarse”, señala Fernando Cruz. Pero también señala que los pactos con los cuales el gobierno busca moderar las alzas de precios son "una herramienta viejísima… de los setentas y ochentas, cuando el gobierno definía los precios” y que “hoy estamos en libre mercado, los tortilleros están libres de decidir si van a subir el precio o no”. Es decir, si bien hay libre mercado y el gobierno no debería fijar precios, sí debe actuar cuando hay colusión entre productores.

La estructura del mercado es otro reto

En México, siete de cada diez tortillas provienen de tortillerías de barrio, una red que sostiene el consumo cotidiano y que, según la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), es indispensable para evitar mayores presiones de precio. Cuauhtémoc Rivera, presidente del organismo, señala que el problema no es la cantidad de tortillerías, sino el costo de producir.

“El encarecimiento de la tortilla responde principalmente al incremento en sus costos… no al número de establecimientos”, ha señalado. Bajo esa lógica, limitar canales de distribución (como la venta en tiendas o el reparto) podría incluso agravar el problema. Esto lo dijo en referencia a la reciente intervención de la Profeco para regular la venta de tortillas en tiendas, con el uso de hieleras, al señalar que se violan diversas reglamentaciones, de precio y de higiene incluidas.

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