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México se acerca al fin de la era de la ropa barata

El alza del poliéster, energía, logística y aranceles presiona al fast fashion y amenaza con elevar costos para consumidores y empresas.
El modelo de ropa barata que dominó al mundo empieza a romperse: por qué será más difícil comprar en México
México elevó aranceles a textiles, ropa y calzado asiáticos mientras las importaciones desde China retroceden y la industria busca aprovechar el nearshoring.
(Iryna Imago/Getty Images/iStockphoto)

La ropa barata en México y otras partes del mundo enfrenta una presión creciente debido a que el modelo que durante décadas permitió producir y mover prendas a bajo costo empieza a tensionarse simultáneamente por factores como energía, logística, cadenas de suministro, materias primas y comercio global.

Por el conflicto en Medio Oriente y la fragmentación comercial, las condiciones que hicieron posible el auge del fast fashion —petróleo relativamente barato...— comienzan a encarecerse, cadenas globales eficientes, fletes bajos, producción asiática masiva y materias primas abundantes comienzan a encarecerse y a volverse más volátiles.

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La consultora Oxford Economics advirtió que el estrés en las cadenas globales de suministro alcanzó en abril su mayor nivel desde 2022, impulsado principalmente por el aumento en tarifas de carga aérea y marítima, mayores costos energéticos y retrasos logísticos derivados del conflicto en Oriente Medio.

Uno de los principales detonantes fue la crisis alrededor del Estrecho de Ormuz, por donde normalmente transita cerca de 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo. StoneX advirtió en un informe sobre el comportamiento de los commodities que el cierre parcial de esa ruta alteró costos energéticos, fertilizantes y logística marítima a escala global.

La organización Business and Human Rights calificó el episodio como ‘el shock más severo para la industria textil desde la pandemia’. El tránsito marítimo cayó 97%, mientras el petróleo subió 26% y el combustible clave para barcos (bunker fuel) se duplicó. Además, consultoras del sector estiman que estos cuellos de botella podrían elevar entre 10% y 15% los costos globales de producción textil.

El poliéster revela la dependencia del petróleo

La presión sobre la industria textil no proviene únicamente del algodón. El poliéster es la fibra dominante en la ropa de fast fashion y depende directamente de derivados petroquímicos. De acuerdo con Business and Human Rights, el poliéster representa entre 55% y 57% del consumo mundial de fibras textiles, lo que vuelve a la industria especialmente sensible a los precios energéticos.

En India, uno de los principales centros manufactureros del mundo, la fibra de poliéster pasó de 100 rupias por kilogramo a 126.5 rupias en apenas un mes tras las tensiones petroleras y logísticas derivadas del conflicto en Medio Oriente. Aunque el gobierno redujo aranceles a materias primas petroquímicas, el precio seguía alrededor de 20% arriba de los niveles previos.

En China, los precios del hilo texturizado de poliéster aumentaron cerca de 12.7% durante el primer trimestre del año, al pasar de 8.22 RMB por kilo en enero a 10.56 RMB en marzo, debido al encarecimiento del crudo y de insumos derivados de la petroquímica como MEG y PTA.

La consultora DCSC estima además que entre 60% y 70% de la nafta utilizada por Asia para producir petroquímicos depende del Estrecho de Ormuz, cuyo cierre disparó los precios de ese insumo.

En paralelo, el algodón también comienza a perder parte del exceso de oferta que mantuvo contenidos los precios durante años. StoneX prevé una caída de 10.1% en la producción brasileña de algodón en 2026, tras la cosecha récord de 2025, mientras que Procurement Resource reportó precios cercanos a 64.69 centavos de dólar por libra en marzo, ligeramente por encima del año anterior por mayores costos de fertilizantes y combustible.

El fast fashion enfrenta márgenes más estrechos

Las grandes compañías del sector ya reflejan esa presión en sus resultados financieros. H&M reportó una caída anual de 10% en ventas en su primer trimestre fiscal de 2026 y reconoció un entorno de consumidores cautelosos, presión cambiaria y mayor incertidumbre macroeconómica.o. Y aunque logró mejorar su margen bruto mediante estrictos controles de costos, su utilidad operativa equivalió apenas a 3% de las ventas.

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Nike informó que los mayores aranceles y costos logísticos redujeron su margen bruto 130 puntos base, mientras su utilidad neta cayó 35% en el trimestre. La empresa reconoció que las tarifas comerciales y los costos de carga seguirán afectando inventarios y rentabilidad.

Inditex, matriz de Zara, ha logrado resistir mejor gracias a escala y eficiencia logística. La empresa anunció inversiones por 2,300 millones de euros para ampliar centros de distribución y reforzar inventarios y operaciones. El ajuste podría no traducirse necesariamente en ropa mucho más cara de inmediato.

Parte de la estrategia de las grandes marcas consiste en absorber costos mediante automatización, mejor administración de inventarios, análisis predictivo, diversificación de proveedores y cadenas logísticas más flexibles.

De hecho, Oxford Economics señaló que muchas empresas están entrando en una lógica de “resiliencia” más que de eficiencia extrema, debido a que no basta con minimizar costos y ahora también deben prepararse para guerras, bloqueos marítimos, tensiones geopolíticas y choques energéticos.

México endurece aranceles mientras se encarece producir ropa

En México, el fenómeno coincide con una política comercial más restrictiva hacia importaciones asiáticas. El decreto que entró en vigor el 1 de enero de 2026 elevó aranceles de entre 5% y 50% para 1,460 productos provenientes de países sin tratados comerciales. Para textiles, las tarifas subieron de 10% a entre 25% y 35%; en prendas de vestir alcanzan entre 35% y 45%, y en calzado llegaron a 35%.

La oferta vía importaciones ya tuvo su primer efecto, como Expansión reportó recientemente, en el primer bimestre de 2026, las importaciones mexicanas de calzado desde China cayeron 62%, mientras las de textiles y manufacturas textiles retrocedieron 26%.

El consumidor mexicano, además, se ha vuelto más sensible al precio y más selectivo en su gasto, lo que empieza a presionar a la industria de ropa y accesorios. Bain & Company detectó que 32% de las personas afirma que actualmente solo tiene dinero suficiente para cubrir bienes y servicios esenciales y que 35% redujo su gasto en ropa y accesorios durante los últimos tres meses, una de las principales categorías discrecionales afectadas, junto con bebidas alcohólicas (42%), restaurantes y cafés (41%) y comida a domicilio (38%). Al mismo tiempo, el estudio muestra que 27% de los consumidores ya compra ropa principalmente en línea, favoreciendo marketplaces como Shein, Temu, Amazon y Mercado Libre.

Fernanda Lima, socia de Bain México en Private Equity & Financial Services, señaló durante una conferencia de prensa que el menor consumo en dichas categorías aún no refleja las presiones inflacionarias y de disrupción en cadenas de suministros derivada del conflicto en Medio Oriente, pues la encuesta fue levantada antes del evento. Adicionalmente, señaló que lo que está todavía en las tiendas refleja precios y pedidos negociados con varios meses de anticipación, por lo cual el impacto podría verse más adelante.

“Dada la presión sobre el presupuesto del consumidor, el poco espacio del gobierno para seguir expandiendo el gasto social y el incremento de precios” sí se pueden prever mayores dificultades en esas categorías, señaló la experta.

La Secretaría de Economía argumenta que las medidas buscan proteger alrededor de 350,000 empleos y fortalecer la reindustrialización del país. Sin embargo, especialistas advierten que el efecto también podría traducirse gradualmente en menos oferta y mayores precios para consumidores, particularmente en segmentos de ropa y calzado baratos altamente dependientes de Asia.

Recientemente, un análisis de Banamex señaló que los efectos de estos aranceles todavía están por verse en los precios finales de textiles y calzado y se manifestarán gradualmente.

Hasta 2025, la dependencia de México de las importaciones textiles sigue siendo elevada. Datos de Canaintex muestran que el año pasado las importaciones mexicanas de productos textiles y confeccionados alcanzaron 13,271 millones de dólares, mientras la balanza comercial del sector registró un déficit de 5,607 millones. Cuatro países concentraron 66% de las importaciones: China (33%), Estados Unidos (21%), Vietnam (7%) y Bangladesh (5%), lo que refleja el peso que todavía tienen las cadenas asiáticas de bajo costo en el mercado mexicano. Al mismo tiempo, la industria nacional sigue sin recuperar sus niveles prepandemia, el PIB textil-confección permanecía 22% debajo de los niveles de 2019 y el segmento de prendas de vestir acumulaba una caída de 28%.

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