Pero en los campos de Florida esa historia se cuenta distinto, porque ahí el invierno dejó de ser una estación de certeza. Durante décadas, marcó el mejor momento para cosechar, colocar producto y sostener el campo. Ahora también señala la llegada de su mayor competidor: México. Lo que para buena parte del agro estadounidense es una alianza estratégica, para Florida se parece cada vez más a una competencia frontal.
El peso político de Florida para Donald Trump resulta relevante, pues el estado ha demostrado capacidad para influir en decisiones comerciales y puede inclinar la balanza a su favor en el frente agrícola. Tras la primera ronda de negociaciones formales para la revisión del T-MEC, realizada la semana pasada en la Ciudad de México, el siguiente round tendrá lugar en Washington. De acuerdo con la Secretaría de Economía y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, la agenda incluirá temas relacionados con el sector agropecuario. Empresarios mexicanos ya anticipan un estira y afloja por los cultivos de temporada, un terreno donde los productores floridanos buscan mayor protección frente al avance de México en el mercado estadounidense.
El impacto del agro mexicano en Florida
En poco más de dos décadas, las exportaciones agrícolas mexicanas hacia Estados Unidos crecieron más del 500% hasta superar los 40,000 mdd. Ese avance no solo amplió la oferta, también transformó la estructura del mercado, ya que existe una brecha de 37,600 mdd entre lo que exporta México y el valor de producción de Florida en los mismos productos, de acuerdo con el Departamento de Agricultura y Servicios al Consumidor del estado.
Cada año, Florida deja de captar entre 570 y 1,140 millones de dólares en ventas por la competencia mexicana. Esa pérdida arrastra entre 7,072 y 14,144 empleos. A esto, se suman pérdidas fiscales indirectas de entre 21 y 42 millones.
Los datos muestran un desplazamiento, por ejemplo, en pimientos, Florida perdió el 73.4% de su participación de mercado en dos décadas, mientras que México ganó 110.4%. En tomate, la caída supera el 54%, con un avance del 74.7% para el competidor nacional. Incluso en cultivos en los que ambos crecen, como la fresa, México aumentó su participación más de 169%, y en arándanos lo hizo 360% en una década.
El desequilibrio también se mide en volumen físico, pues México manda cerca de 13,200 millones de libras de productos agrícolas al mercado estadounidense, mientras que Florida produjo 4,700 millones. El estado enfrenta una pérdida de tierra agrícola que limita su capacidad para responder a su propia demanda. Aunque cuenta con 232,000 acres sembrados, necesita entre 42,000 y 83,000 adicionales para cubrir un crecimiento de su demanda de entre el 10 y el 20%. Sin embargo, esas tierras no se están incorporando o ya se perdieron, lo que reduce su producción potencial, afecta ingresos locales y deja espacio para otros países, como México.