Porque, mientras Estados Unidos endurece discurso político, revisa cadenas de suministro y convierte el comercio en instrumento de presión estratégica, la Unión Europea le está enviando a México una señal completamente distinta; le dice a México: queremos hacer más negocios contigo.
La eliminación de aranceles para más del 90% de productos mexicanos no solamente abre oportunidades para exportadores agroindustriales o manufactureros, también comienza a mover la gran posibilidad de que México deje de caminar económicamente mirando hacia una sola dirección.
Creo que hoy, Europa aparece como algo más que un socio comercial. Se nos presenta como un punto de equilibrio, y eso importa muchísimo en el contexto actual.
Durante años, la economía mexicana encontró estabilidad exportando masivamente hacia Estados Unidos, y sí, funcionó a las mil maravillas. El problema es que esa integración también dejó la vulnerabilidad estructural de que cualquier tensión política, electoral o comercial en Washington termina golpeando directamente expectativas de inversión, manufactura y crecimiento en México. Lo estamos viendo ahora mismo.
Donald Trump volvió a endurecer su discurso comercial, Estados Unidos elevó presión sobre cadenas de suministro y el T-MEC comienza a entrar lentamente en una zona de revisión mucho más compleja de lo que muchos anticipaban. En medio de ese escenario, el acuerdo modernizado con la Unión Europea llega como verdadero tanque de oxígeno para una economía que necesita diversificar riesgos.
Porque, considero que el verdadero valor de este acuerdo, no está únicamente en vender más productos, sino en depender menos. Y esto cambia completamente la conversación y las reglas del juego.
Es un hecho que, México ya no puede darse el lujo de concentrar toda su estabilidad económica alrededor de un solo mercado, por poderoso que sea. La nueva realidad global obliga a construir más rutas comerciales, más alianzas y más márgenes de maniobra.
Además, el mundo totalmente conectado, ya no funciona bajo las reglas comerciales de hace veinte años. Estados Unidos subsidia industrias estratégicas, China fortalece control estatal y Europa endurece regulaciones ambientales y tecnológicas. El libre comercio “puro” prácticamente desapareció. Hoy lo que existe son bloques económicos intentando proteger sus intereses.
México necesita aprender a navegar en ese nuevo tablero, y al parecer, comienza a hacerlo.
Y aquí aparece un punto que me parece medular, de suma importancia: exportar más no necesariamente significa capturar más riqueza, ojo.
Nuestro país aprendió a ensamblar, producir y exportar con enorme eficiencia. Pero el siguiente salto económico ya no depende únicamente de volumen; depende de cuánto valor tecnológico, logístico e industrial logra quedarse dentro del país. Porque, si únicamente cambiamos dependencia estadounidense por dependencia europea, el problema estructural seguirá ahí.