Estados Unidos destinó 180 millones de dólares en asistencia técnica para apoyar la implementación del capítulo laboral del T-MEC. Esos recursos permitieron desarrollar plataformas digitales para registrar sindicatos y contratos colectivos, además de fortalecer el Sistema Nacional de Conciliación Laboral (Sinacol).
El Sinacol es utilizado por más de 90% de los centros de conciliación federales y estatales y ya ha procesado más de 3.5 millones de solicitudes de conciliación, de acuerdo con el informe.
Detrás de estos cambios está uno de los objetivos centrales del tratado: asegurar que los trabajadores mexicanos tengan mayor capacidad para elegir a sus representantes sindicales y participar en negociaciones colectivas reales, algo que durante décadas fue cuestionado por sindicatos y legisladores estadounidenses.
Más de 40 casos bajo revisión
La herramienta más visible del nuevo esquema laboral es el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida (RRM), creado para atender casos específicos de violaciones a la libertad sindical y a la negociación colectiva.
Las especialistas Carol Pier y Nadia González Elizondo destacan que el mecanismo representa una de las innovaciones más relevantes del T-MEC porque permite investigar y sancionar con rapidez a empresas señaladas por negar derechos laborales.
Hasta ahora se han presentado más de 40 casos contra empresas establecidas en México, lo que refleja el nivel de escrutinio al que está sujeto el país en materia laboral. Una parte importante de los recursos estadounidenses para asistencia técnica se destinó precisamente a fortalecer la capacidad institucional mexicana para cumplir con estos compromisos.
Los recursos financiaron proyectos de capacitación, fortalecimiento institucional y apoyo a la democratización sindical. También ayudaron a consolidar el funcionamiento del Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, los centros de conciliación y los nuevos tribunales laborales.
Sin embargo, el panorama cambió en 2025. La administración de Donald Trump canceló los programas de asistencia laboral vinculados al T-MEC, lo que redujo significativamente el apoyo destinado a las instituciones mexicanas responsables de implementar la reforma.
Para las especialistas, esta decisión dejó un vacío importante en momentos en que México todavía enfrenta retos para consolidar la infraestructura institucional necesaria para hacer cumplir los nuevos estándares laborales.
El informe también observa una reducción en la prioridad política otorgada a la reforma laboral y alerta sobre la necesidad de fortalecer la capacitación de nuevos jueces laborales y preservar la autonomía de las instituciones creadas durante los últimos años.