“Los padres buscan otras opciones, como escuelas de gobierno, donde además les dan becas. Y nos afecta”, señala. También reconoce que hay menos alumnos de nuevo ingreso que en años anteriores y que los incrementos en servicios, cuotas frente a la BUAP, procesos de admisión, impuestos, renta y nómina obligan a ajustar costos.
Licenciaturas, el foco de presión
La presión no es igual en todos los niveles. Laudex otorga financiamientos educativos y advierte que, dentro de su propia cartera, el encarecimiento se está concentrando más en licenciatura que en posgrado. De acuerdo con datos de sus clientes, el precio promedio reportado por alumnos de licenciatura subió de 72,075 a 81,256 pesos en un año, un aumento de 12.7%. En diplomados, el alza fue de 8%, mientras que en maestrías el precio promedio bajó de 72,114 a 60,566 pesos, una caída de 16%.
La explicación es que la licenciatura tiene una demanda más firme, ya que muchas familias la consideran una etapa difícil de postergar. En cambio, una maestría puede aplazarse si el precio no cuadra. Eso da a las universidades más margen para ajustar precios en licenciatura que en ciertos programas de posgrado.
Circe lo ve también como consumidora de educación continua. “Como consumidor, yo percibo que los posgrados son cada vez más inaccesibles, por los precios, están exorbitantes”, dice. En su universidad, agrega, los convenios con instituciones como Canacintra se han vuelto relevantes para seguir capacitando al personal docente.
El encarecimiento de la educación privada no solo pega al bolsillo, también puede deteriorar las condiciones educativas por dos vías. Por un lado, familias que tienen que bajar de nivel de gasto y, por otro lado, escuelas que, al no poder trasladar todos sus costos, recortan inversión. Cuando una universidad congela colegiaturas para apoyar a sus alumnos, como relata Circe, puede terminar sacrificando mantenimiento, laboratorios o equipamiento.
Cuando una preparatoria ofrece becas y descuentos para retener matrícula, como cuenta Jonathan, protege a familias, pero reduce margen financiero. El riesgo es que se cierre aún más un embudo educativo para familias de menores recursos. De hecho, Laudex advierte que solo uno de cada tres jóvenes que empieza primaria llega a la universidad, y que 6.4 millones de niños y jóvenes de 3 a 18 años están fuera de la escuela. Además, afirma, con evidencia de IMCO y PISA que el nivel socioeconómico es el predictor más fuerte del desempeño académico en México, con una brecha equivalente a tres grados escolares en matemáticas entre los hogares más ricos y los más pobres.