Durante más de tres décadas, la política industrial mexicana persiguió un objetivo muy claro: atraer inversión manufacturera. Primero fue la industria automotriz. Después llegaron los dispositivos médicos, la electrónica y, más recientemente, las cadenas de suministro asociadas a la inteligencia artificial y los centros de datos. La apuesta convirtió a México en una de las principales plataformas manufactureras de Norteamérica.
Chihuahua y Jalisco dominan 80% del nuevo poder tecnológico exportador
Sin embargo, los datos del primer trimestre de 2026 muestran que el mapa industrial del país volvió a cambiar.
Ya no basta con mirar la frontera norte o los grandes corredores automotrices. Una nueva geografía comienza a tomar forma alrededor de una industria estratégica para la economía digital.
Chihuahua y Jalisco concentraron 34% de todas las exportaciones mexicanas durante el primer trimestre, de acuerdo con cifras del INEGI.
Pero la verdadera historia aparece al observar una sola rama industrial:
En la fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y otros equipos, componentes y accesorios electrónicos, Chihuahua aportó 52% de las exportaciones nacionales y Jalisco otro 27.4%.
En conjunto, casi ocho de cada diez dólares que México exportó en esta actividad salieron únicamente de esas dos entidades.
La cifra describe mucho más que una concentración productiva. Describe el nacimiento de un nuevo eje industrial.
La empresas apostaron
El auge no comenzó con la inteligencia artificial. La demanda global de servidores y centros de datos aceleró un proceso que México llevaba décadas construyendo.
Entre Ciudad Juárez y Guadalajara se consolidó uno de los ecosistemas manufactureros más sofisticados de América del Norte.
Empresas como Foxconn, Jabil y Flex operan plantas en ambos estados. A ellas se suman Pegatron, Inventec, Wistron, Wiwynn y Sanmina, fabricantes especializados en servidores, equipos de comunicación, componentes electrónicos e infraestructura tecnológica para algunas de las mayores empresas del mundo.
Desde esas plantas se abastecen cadenas de suministro donde participan compañías como Microsoft, Amazon, Google y Meta, que hoy expanden agresivamente su infraestructura para inteligencia artificial.
Más que dos estados exitosos, Chihuahua y Jalisco comienzan a funcionar como un solo corredor productivo integrado a Norteamérica.
No se trata de un concepto oficial. Pero los datos permiten empezar a hablar del corredor tecnológico Chihuahua-Jalisco, un eje industrial donde convergen manufactura avanzada, talento especializado, logística, innovación e inversión extranjera.
Competitividad por caminos distintos
Aunque hoy comparten el liderazgo tecnológico, ambos estados llegaron por rutas diferentes.
Jalisco construyó uno de los ecosistemas de innovación más importantes del país. El propio gobierno estatal y funcionarios federales han promovido a la entidad como el "Silicon Valley mexicano", una referencia al corredor tecnológico que se desarrolló alrededor de Guadalajara gracias a la concentración de empresas de semiconductores, electrónica, software e innovación.
El Índice de Competitividad Estatal del IMCO lo ubica entre las entidades mejor posicionadas para atraer talento, generar patentes y diversificar su economía. Guadalajara dejó hace tiempo de ser solamente un centro manufacturero para convertirse en un polo donde convergen universidades, centros de investigación, empresas tecnológicas y servicios especializados.
Chihuahua siguió otro camino. Su ventaja surgió de la integración con la industria estadounidense, la infraestructura fronteriza, la logística y décadas de especialización manufacturera que colocan a Ciudad Juárez entre los principales centros de producción electrónica de Norteamérica.
Los índices urbano y regional más recientes del IMCO muestran que ambas regiones reúnen condiciones para atraer inversión, empresas y capital humano.
Vistos en conjunto, esos factores explican por qué México concentra una parte tan importante de la manufactura tecnológica precisamente entre esas dos entidades.
Más exportación, pero sin crecimiento
Sin embargo, el liderazgo exportador cuenta solo una parte de la historia. Mientras Chihuahua y Jalisco fortalecían su posición como plataforma tecnológica, ambas economías comenzaron 2026 con menor dinamismo.
El Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) del INEGI muestra que, con cifras desestacionalizadas, Chihuahua registró una caída de 1.8% respecto al trimestre previo y de 0.9% frente al mismo periodo del año anterior. Jalisco retrocedió 0.8% en la comparación trimestral y 1.1% anual.
La aparente contradicción pone sobre la mesa uno de los principales desafíos de la política industrial mexicana.
Exportar más no necesariamente significa crecer más. Las cifras del propio INEGI ayudan a entender por qué.
En Chihuahua, las actividades secundarias, que incluyen manufactura, construcción, minería y energía, disminuyeron 6.9% anual. En Jalisco retrocedieron 4.6%. Ambos estados figuraron entre los que más restaron al desempeño industrial nacional durante el primer trimestre.
Eso significa que el extraordinario desempeño de segmentos altamente especializados puede convivir con la debilidad de otras ramas manufactureras y sectores tradicionales que todavía tienen un peso importante dentro de las economías estatales.
Dos modelos de política industrial
La estrategia del gobierno federal también refleja esa dualidad. Como parte del Plan México, la Secretaría de Economía eligió San Jerónimo, en Ciudad Juárez, como uno de los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar.
Se trata de fortalecer un ecosistema que ya cuenta con infraestructura logística, cruces fronterizos, conexión ferroviaria, empresas globales y mano de obra especializada.
Jalisco, en cambio, no forma parte de la primera generación de polos federales.
Su liderazgo tecnológico surgió principalmente de décadas de inversión privada, universidades, centros tecnológicos y cadenas internacionales de suministro. Ambos modelos convergen dentro del mismo corredor industrial.
La siguiente etapa será mucho más compleja, pues no consiste únicamente en producir más servidores, computadoras o componentes electrónicos.
Consiste en lograr que el corredor tecnológico Chihuahua-Jalisco impulse una nueva generación de proveedores nacionales, empresas de ingeniería, centros de investigación, desarrolladores de tecnología, universidades, startups y pequeñas industrias capaces de capturar una mayor proporción del valor agregado.