La presidenta Claudia Sheinbaum puso sobre la mesa que México adquiera más productos a Estados Unidos para atender uno de los principales reclamos de Donald Trump. El desafío es que esas compras ya crecen a doble dígito y, aun así, el déficit comercial con su vecino se amplía. La apuesta enfrenta una tendencia de más de una década, con una sola pausa anual desde 2014.
Comprar más a EU no basta: el déficit con México sigue creciendo sin freno a la vista
(Dan Mullan/Getty Images)
Entre enero y agosto de 2026, México compró bienes estadounidenses por 263,473 millones de dólares, un aumento de 16.6% anual. Mientras que Estados Unidos importó mercancías mexicanas por 419,344 millones, un incremento de 18.3%, según cifras de comercio de la Oficina del Censo estadounidense.
El resultado fue un déficit comercial para Estados Unidos de 155,871 millones de dólares, 21.2% superior al del mismo periodo de 2025. El intercambio crece en ambas direcciones, pero las compras estadounidenses añaden más dólares que sus ventas y mantienen la brecha al alza.
Una década de aumentos
El déficit estadounidense con México aumentó cada año entre 2014 y 2020. En 2021, el primer año calendario completo del T-MEC, cayó 5%, pero desde 2022 retomó el crecimiento y acumuló cuatro incrementos anuales consecutivos hasta 2025.
El año pasado alcanzó los 197,033 millones de dólares, rompiendo un nuevo récord.
La excepción de 2021 muestra qué se necesita para reducirlo. Las exportaciones estadounidenses a México crecieron 30.4%, frente al avance de 18.3% de sus importaciones desde México.
Comprar más no alcanza
Sheinbaum busca sustituir adquisiciones de otros países por productos estadounidenses. Cada compra adicional representa una exportación para Estados Unidos y, si todo lo demás permanece igual, contribuye a reducir su déficit.
Pero el resto del comercio también cambia. Además, las compras estadounidenses de mercancías mexicanas parten de un monto mayor: incluso si ambos flujos crecieran al mismo porcentaje, las importaciones sumarían más dólares.
Entre enero y agosto, las compras mexicanas a Estados Unidos añadieron 37,572 millones de dólares frente al mismo periodo de 2025. Las adquisiciones estadounidenses desde México aumentaron 64,867 millones. La diferencia agregó 27,295 millones al déficit.
Por cada dólar adicional que México gastó en bienes estadounidenses, Estados Unidos destinó alrededor de 1.73 dólares adicionales a mercancías mexicanas.
Una apuesta de EU
La propuesta mexicana coincide con una ruta que Estados Unidos ya perfilaba desde antes de lo planteado por Sheinbaum: ampliar sus ventas a México para reducir el déficit. Energía, tecnología, minerales y productos agropecuarios figuraban entre los sectores con oportunidades.
Algunos ya mostraban avances importantes, pues en 2025, las ventas estadounidenses de petróleo y gas a México aumentaron 37%, mientras las de equipos informáticos y electrónicos crecieron 34%, según datos del Departamento de Comercio.
Esos incrementos sectoriales tampoco bastaron para reducir el desequilibrio bilateral. El antecedente refuerza el reto: comprar más puede beneficiar a productores estadounidenses, pero no garantiza una caída del déficit si las adquisiciones de mercancías mexicanas agregan todavía más dólares.
El déficit frena el acuerdo
El saldo comercial también pesa sobre la negociación arancelaria. El 13 de octubre, Sheinbaum relató que, antes de su llamada con Trump del 16 de septiembre, el equipo mexicano consideraba resueltos los pendientes. Sin embargo, el presidente estadounidense volvió a señalar que el desequilibrio comercial seguía en aumento.
La presidenta explicó que México busca atender esa preocupación con mayores compras. Los datos hasta agosto muestran el desafío previo a esas declaraciones; todavía no permiten evaluar el efecto de las adquisiciones adicionales que pretende promover.
El 19 de octubre, Trump afirmó durante un mitin en Kansas que ambos países estaban cerca de un acuerdo que reduciría considerablemente la brecha. Incluso planteó que podría bajar “quizá hasta cero”, sin explicar cómo.
Sheinbaum confirmó al día siguiente que las conversaciones estaban avanzadas, aunque persistían diferencias. México busca reducir los aranceles sobre vehículos, acero y aluminio, además de evitar nuevos gravámenes.
Energéticos sobre la mesa
El sector empresarial respalda aumentar las compras. José Medina Mora, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), propone adquirir más gas, gasolina y diésel estadounidenses. “Para el presidente Trump la variable crítica se llama déficit”, afirmó.
También planteó importar petróleo estadounidense y colocar el crudo mexicano en otros mercados.
Desde otra perspectiva, Juan Carlos Baker, exnegociador del T-MEC, plantea que la discusión debe considerar con quién mantiene Estados Unidos el déficit: con México, con China o con otros proveedores. Su argumento introduce una dimensión política a una negociación que Trump concentra en el saldo bilateral.
El déficit cambia de lugar
Durante su reciente participación en el Foro Económico de la American Chamber of Commerce of Mexico (AmCham), el economista Michael Pettis planteó una distinción clave: reducir el déficit comercial de Estados Unidos con México no garantiza disminuir su desequilibrio con el mundo. Las restricciones al comercio con un socio pueden trasladar las compras hacia otros proveedores.
Su argumento cuestiona que los saldos bilaterales, por sí solos, permitan evaluar el resultado de una política comercial. Estados Unidos puede comprar menos a México y más a otros países, sin corregir su déficit total.
La propuesta mexicana de adquirir más productos estadounidenses puede contribuir a estrechar la brecha entre ambos países. Pero una reducción de ese saldo no demostraría, por sí misma, que Washington resolvió su desequilibrio comercial global.
Por ahora, los datos bilaterales tampoco muestran un cambio de dirección. Las compras adicionales pueden contener el déficit frente a lo que ocurriría sin ellas, pero para reducirlo deben superar el aumento de las adquisiciones estadounidenses de mercancías mexicanas. México ya compra más; alcanzar ese otro flujo sigue siendo el desafío.