La negociación del T-MEC puede perder prioridad para Donald Trump después de las e lecciones intermedias de Estados Unidos, mientras los equipos comerciales mantienen las conversaciones sin una gran presión para concluir, planteó Daniel Watson, exfuncionario de la Oficina del Representante Comercial estadounidense (USTR).
El T-MEC puede perder prioridad para Trump tras las elecciones, prevé Daniel Watson
Durante una conversación con integrantes del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index), Watson explicó que los problemas internos y otros asuntos internacionales podrían ocupar la atención del presidente durante los próximos dos años.
También planteó un escenario distinto: que Trump busque terminar la revisión del acuerdo en sus propios términos, antes de que otra administración reciba el reconocimiento.
Ambas posibilidades forman parte de su análisis sobre el futuro de la negociación. Mientras se define ese rumbo político, siguen pendientes asuntos como el alivio arancelario, las reglas de origen, los compromisos laborales y ambientales y las preocupaciones estadounidenses sobre programas como IMMEX.
Watson señaló que, si los demócratas obtienen el control del Congreso, Trump podría enfrentar dificultades internas significativas. A esas presiones sumó otros asuntos internacionales que también demandan tiempo del presidente.
En ese contexto, consideró posible que la revisión del tratado deje de ser una prioridad política. El USTR podría continuar el trabajo con el gobierno mexicano y registrar avances, aunque sin una gran presión para cerrar el proceso.
Su explicación distingue entre la continuidad de las conversaciones y la urgencia política para alcanzar un resultado. Una menor atención presidencial no implica, bajo ese escenario, que los equipos comerciales suspendan sus tareas.
La alternativa es que Trump vea en la negociación una oportunidad para presentar un logro propio. Frente a problemas difíciles de resolver, podría decidir que quiere concluir el proceso en sus términos y antes de que un futuro presidente reciba el crédito.
Watson dejó abiertas ambas posibilidades. También consideró que disponer de más tiempo no sería necesariamente negativo, porque todavía existen asuntos que requieren análisis para alcanzar el mejor resultado.
El alivio a los aranceles podría esperar más allá de este año
Watson consideró poco probable que México obtenga alivio a los aranceles de la Sección 232 antes de terminar el año, aunque no descartó esa posibilidad.
Al abordar la expectativa de una reducción de los gravámenes al acero y aluminio dentro de un entendimiento inicial, explicó que el alivio arancelario representa la principal petición mexicana en ese momento de la negociación.
Su argumento fue que Estados Unidos difícilmente entregaría a su contraparte su mayor demanda a mitad del proceso.
“En ningún momento de la historia de Estados Unidos hemos concedido a nuestro socio negociador su principal petición a mitad de una negociación. No creo que eso ocurra antes de que termine el año. Podría ocurrir”, expresó.
También reconoció que Trump podría tomar una decisión en cualquier momento. Su evaluación, por tanto, expresa una expectativa sobre el curso de las conversaciones y no un anuncio oficial sobre los aranceles.
Una declaración inicial dejaría los temas difíciles para después
Watson explicó que el esquema de negociación en dos fases no fue el planteamiento original, sino una fórmula que evolucionó conforme avanzó el proceso y en función del calendario electoral.
Describió un objetivo de corto plazo que probablemente consistiría en una declaración de principios generales, seguida por negociaciones el próximo año sobre los asuntos más difíciles.
Entre esos pendientes mencionó las reglas de origen y los cambios en materia laboral y ambiental. También incluyó la seguridad económica como otro componente central de las conversaciones.
La negociación sustantiva de esos asuntos, señaló, todavía está por venir.
Sin embargo, advirtió que la estructura de dos fases podría cambiar. No descartó que las conversaciones se concentren directamente en los temas críticos para alcanzar un acuerdo final.
También consideró posible que el proceso tome más tiempo. Sus comentarios no establecen una fecha definitiva para concluir la revisión o acordar la extensión del tratado.
Estados Unidos tiene una agenda comercial y política
Watson agrupó los objetivos estadounidenses en tres categorías. La primera consiste en resolver una lista de pendientes bilaterales, sobre la cual reconoció avances importantes con México.
La segunda corresponde a los componentes estructurales o estratégicos de la negociación. En ese terreno ubicó la cooperación entre Estados Unidos, México y Canadá para responder a los desafíos de la competencia con China.
La tercera reúne los asuntos políticos, entre ellos el déficit comercial estadounidense con México y los temas laborales y ambientales.
Sobre el desequilibrio comercial, explicó que su importancia para Trump lo convierte en una prioridad de la discusión.
El exfuncionario también señaló que los objetivos estadounidenses evolucionaron debido al interés del presidente en el proceso. Por ello, advirtió que todavía pueden cambiar y que no está completamente definido cuáles tendrán mayor peso en el resultado final.
Uno de los asuntos que Watson vinculó con la seguridad económica es la percepción de algunos actores estadounidenses sobre programas como IMMEX.
Explicó que las preocupaciones surgieron durante las audiencias públicas sobre el tratado, con señalamientos de participantes de la industria del acero y de otros sectores.
Existe la percepción de que esos instrumentos crean ventajas para ciertos productores y pueden permitir que los insumos chinos conserven una posición favorable dentro de las cadenas que exportan a Estados Unidos.
México tiene una oportunidad en las cadenas regionales
Pese a las dificultades, Watson identificó oportunidades para las empresas mexicanas en el traslado de cadenas de suministro a Norteamérica y señaló que 2027 será un año importante.
Consideró que la colaboración entre los sectores privados de México y Estados Unidos tiene un papel central para identificar proyectos viables.
Las compañías necesitan determinar qué productos pueden fabricar en la región, qué condiciones requieren y cuánto tiempo tomaría desarrollar esa capacidad. Watson estimó que una parte de la producción que se traslade a Norteamérica podría llegar a México.