La cifra es muy superior a la de los demás aviones y los expertos aeronáuticos la consideran inaceptable.
Dickson, que llegó al regulador aéreo este verano tras los dos accidentes, dijo desconocer quién había leído ese informe interno, pero aseguró que las decisiones de la agencia tras lo ocurrido en el mar de Java se basaron en los datos de los que disponía la FAA.
"No sabíamos cuáles eran las causas" del accidente de Lion Air, dijo Dickson. "Obviamente el resultado no es satisfactorio", añadió cuando se le preguntó si la agencia se había equivocado.
El congresista DeFazio contestó que la respuesta de la FAA no solamente había sido insatisfactoria, sino que había sido "catastrófica".
El Comité de Transporte interrogará también a Edward Pierdon, un exdirectivo de Boeing que había avisado a los altos cargos de la compañía aeronáutica de que problemas de producción estaban poniendo la seguridad del avión en entredicho.
Michael Collins, un exingeniero de seguridad de la FAA, que criticó la decisión del regulador de delegar algunas de sus misiones a Boeing, también testificará en el Congreso.
La demora en permitir que el MAX reanude los vuelos ha llevado a Boeing a reducir la producción de su avión más vendido, mientras se encuentran suspendidas las entregas de nuevos aparatos.