“El arranque de producción requirió meses de preparación y trabajo intenso, sobre todo porque tuvimos que apagar temporalmente los motores de la planta”, dijo en una videoconferencia Christopher Glover, vicepresidente de Producción y Logística de Volkswagen.
“Hemos luchado para que, pese al covid-19, no tuviéramos que mover esta fecha de lanzamiento”, añadió Steffen Reiche, presidente de Volkswagen de México. "Este proyecto es una demostración de la confianza del grupo en la filial mexicana", añadió.
La empresa detalló que la producción del modelo requirió una inversión de 400 millones de dólares, que se destinaron para la expansión de cerca de 3,000 metros cuadrados en capacidad de almacenamiento para troqueles, la adición de 17 nuevos herramentales en el área de prensas para la producción de piezas de la carrocería, la compra de 354 nuevos robots y la construcción de dos nuevas cabinas de soldadura láser.
En la nave de pintura se reprogramaron todas las líneas y se añadieron dos nuevos robots de aplicación de sello; mientras que en la línea de montaje del segmento poniente se modificaron las líneas para que en una misma nave se puedan ensamblar dos modelos diferentes, el nuevo Taos y el Golf de séptima generación.
Volkswagen de México destinó cerca de 30,000 horas de entrenamiento para el personal.
