“Ahorrar sigue siendo el gran ancla, pero ya no aparece tan dominante como en años anteriores. Lo que vemos es una recomposición de prioridades, donde el bienestar cotidiano empieza a ganar espacio frente al sacrificio financiero”, explica Edgar Álvarez, Manager of Qualitative de Kantar México.
El estudio muestra que el porcentaje de personas que se plantean ahorrar baja ligeramente de un año a otro, mientras que crecen objetivos como leer más, ir al gimnasio o bajar de peso.
También se observa un repunte en viajar y en la búsqueda de experiencias, una señal de que los empleados buscan recuperar espacios personales después de años marcados por ajustes económicos.
Desde la lectura cuantitativa, Kantar identifica un cambio relevante. Propósitos como pagar deudas, mejorar laboralmente o adquirir bienes materiales mantienen presencia, pero con menor intensidad. En contraste, hábitos asociados con salud física, equilibrio emocional y vínculos personales ganan terreno.
“Hay un cansancio acumulado. Los empleados siguen siendo responsables con su dinero, pero ya no están dispuestos a postergar indefinidamente el bienestar personal. Eso se refleja en los propósitos que eligen”, señala Paloma Sevy, Client Advisor de Kantar México.
Los hallazgos de Kantar coinciden con una investigación de la agencia Ipsos sobre la temporada decembrina en México, que muestra una fuerte carga emocional asociada al cierre e inicio de año. Aunque siguen siendo momentos de celebración familiar, también concentran estrés financiero, nostalgia y una necesidad de reconexión personal.
Ipsos revela que más de la mitad de los mexicanos considera que los gastos excesivos durante estas fechas generan estrés, aun cuando la mayoría planea y financia el consumo con el aguinaldo. Esa tensión explica por qué, al iniciar el año, los propósitos ya no se concentran solo en “ordenar las finanzas”, sino en recuperar control sobre el tiempo, la salud y las relaciones.
Desde el análisis cualitativo de Kantar, la Navidad aparece como un paréntesis emocional. Las personas la describen como un espacio fuera de la rutina, donde todo se permite, pero también como un momento que deja saldo emocional en enero y esa ambivalencia se traslada a los propósitos de Año Nuevo, que funcionan como una forma de reinicio.
“El Año Nuevo ya no se vive únicamente como un borrón y cuenta nueva financiero. Es un ajuste más integral, donde las personas buscan sentirse mejor consigo mismas, no solo gastar menos”, apunta Álvarez.
Para las empresas, el mensaje es que los empleados llegan a 2026 con expectativas distintas. Mantienen responsabilidad económica, pero demandan entornos laborales que reconozcan la importancia del equilibrio, la flexibilidad y el bienestar integral.
Los propósitos personales empiezan a mostrar tensiones estructurales del mercado laboral. "Son una ventana a lo que las personas sienten que les falta. Hoy no es nada más dinero, es tiempo, salud y conexión”, apunta Sevy.