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La Sener acelera la meta de más paneles en techos tras 17 años de crecimiento marginal

El esquema permite producir electricidad cerca del consumo, inyectar excedentes a la red y reducir presión al sistema eléctrico, pero su expansión depende de certidumbre regulatoria y redes más robustas.
jue 15 enero 2026 05:39 PM
Más paneles en techos: ¿es viable repetir en cuatro años lo logrado en 17?
Los cambios regulatorios también han fomentado la incertidumbre en el sector. (xijian/Getty Images)

Durante casi dos décadas, los paneles solares en techos avanzaron en México como una solución marginal, impulsada más por iniciativas individuales que por una política energética claramente estructurada. Hoy, ese mismo esquema se coloca en el centro de una meta ambiciosa: duplicar su capacidad instalada en apenas cuatro años.

Como parte de los objetivos de sostenibilidad, transición energética y mayor incorporación de energías limpias, la Secretaría de Energía (Sener) considera que la generación distribuida podrá duplicar su capacidad en 2030 respecto a lo registrado en el primer semestre de 2025. En términos concretos, se trata de incorporar casi 4,788 megawatts adicionales al cierre del sexenio.

La cifra contrasta con la trayectoria histórica del sector. Hasta el cierre del primer semestre de 2025, la capacidad instalada bajo este esquema alcanzó 4,751 megawatts, los cuales se desarrollaron entre 2008 y 2025, es decir, a lo largo de 17 años. El reto, entonces, es concentrar en cuatro años lo que tomó más de una década y media construir.

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De acuerdo con el Programa Sectorial de Energía 2025-2030, publicado recientemente por la Sener, la apuesta por la generación distribuida, también conocida como “paneles en techos”, se divide en dos grandes objetivos. El primero es alcanzar la duplicación hacia 2030, y el segundo, de 2031 a 2039, busca llegar a una capacidad acumulada total de 14,432 megawatts.

La estrategia no se plantea de manera aislada. El Plan de Expansión CFE 2025-2030 contempla impulsos al desarrollo de energías limpias desde fuentes como la fotovoltaica y la eólica, pero también pone énfasis en el reforzamiento de las redes eléctricas de transmisión y distribución, condición clave para inyectar excedentes de energía a la red sin comprometer la confiabilidad del sistema.

En ese equilibrio, la generación distribuida aparece como un alivio operativo. Aunque se trata de instalaciones pequeñas en comparación con las grandes centrales, su efecto agregado permite reducir presión sobre la infraestructura, particularmente en zonas urbanas con alta demanda residencial y comercial.

Sin embargo, el comportamiento reciente del sector no ha sido lineal. La última estadística de generación distribuida publicada por la Comisión Nacional de Energía señala que, al cierre del primer semestre de 2025, los paneles en techos perdieron dinamismo en comparación con años previos, aunque se espera una recuperación en el corto plazo.

Parte de ese freno se explica por factores institucionales. La desaparición de la Comisión Reguladora de Energía y los ajustes legales y regulatorios derivados de la reforma energética de 2024 generaron un periodo de incertidumbre que impactó directamente en la toma de decisiones de usuarios e instaladores.

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¿Cómo vamos?

Los datos reflejan ese cambio de ritmo. En enero de 2025 se contabilizaban 4,444 megawatts bajo el esquema de generación distribuida, y para julio la cifra ascendió a 4,751 megawatts, un incremento de 6.9% en siete meses. En el mismo periodo del año anterior, la capacidad pasó de 3,358 a 3,891 megawatts, un crecimiento de 15.8%.

A simple vista, el contraste refuerza la percepción de que duplicar la capacidad en tan poco tiempo luce complejo. No obstante, el análisis histórico muestra que el crecimiento de la generación distribuida no siempre fue homogéneo ni gradual.

En los primeros años en que la extinta CRE comenzó a registrar este tipo de instalaciones, la incorporación era prácticamente marginal. Fue hasta alrededor de 2015 cuando el sector empezó a mostrar un crecimiento más consistente, superando los 100 megawatts instalados y entrando en una fase de aceleración sostenida.

Ese antecedente es clave para evaluar la viabilidad de la meta. Arturo Carranza, experto en temas de energía, considera que el comportamiento acelerado de los últimos años abre la puerta a un escenario en el que la duplicación sí sea posible, aunque no automática.

“Sí se puede alcanzar, pero para que se logre depende de la certeza regulatoria, principalmente por parte de las autoridades de la CNE. Dentro de la visión del las autoridades, la generación distribuida es vista como la forma de resolver las necesidades energéticas del país y de garantizar el acceso, y es donde este esquema podría ayudar a resolver en los sectores residencial y comercial la presión de la demanda que generan”, aseguró.

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¿Meta alcanzable?

La reforma energética de finales de 2024 introdujo un cambio puntual que juega a favor de ese objetivo: el incremento del umbral máximo de capacidad por instalación, que pasó de 500 a 700 kilowatts. Este ajuste amplía el universo de proyectos viables, especialmente para comercios y pequeñas industrias.

Una de las principales ventajas del esquema es que se trata de una generación exenta, es decir, que no requiere permisos de generación ante el regulador. Basta con la planeación del proyecto y la autorización por parte de la CFE, lo que reduce significativamente la carga administrativa frente a otros modelos de generación eléctrica.

“El incremento del umbral es uno de los puntos que podrían sumar a lograr la meta”, añadió Carranza, al referirse a los incentivos regulatorios que podrían detonar una nueva ola de inversiones en paneles solares en techos.

Hacia adelante, el mayor interés podría concentrarse en el sector comercial y en la pequeña industria, donde los costos energéticos y la necesidad de certidumbre en el suministro pesan cada vez más en las decisiones operativas. Aun así, el crecimiento del esquema dependerá de que las instalaciones se realicen con profesionales certificados, bajo estándares de calidad y seguridad que garanticen su funcionamiento óptimo y su aporte real al sistema eléctrico.

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