¿Seguirá siendo un beneficio?
Por ahora, la evidencia no apunta a un recorte generalizado. Héctor Zazueta, director de placement para Marsh México, señala que el impacto aún es limitado en decisiones de cancelación. “Durante 2025 tuvimos cierres de prestaciones, pero fueron menores al 2% de las compañías. Y no necesariamente por el impacto del IVA, sino por resultados financieros propios de las empresas”.
El dato cobra más dimensión cuando se contrasta con el comportamiento de contratación. “Se cancelaron alrededor del 2% de pólizas, pero al mismo tiempo hubo un incremento cercano al 10% en la contratación durante 2025”, añade.
Eso no significa que no exista tensión financiera. El encarecimiento de primas sí obliga a las empresas a revisar presupuestos y a priorizar beneficios, pues el impacto depende del tamaño y la capacidad financiera de cada organización.
Las grandes corporaciones tienen mayor margen para absorber incrementos en primas sin modificar de inmediato su paquete de beneficios. En cambio, para las pequeñas y medianas empresas el efecto puede ser más sensible, porque el seguro de gastos médicos mayores forma parte de un presupuesto laboral mucho más limitado.
“Mientras más pequeña sea la compañía, mayor volatilidad tiene para absorber incrementos. Una empresa grande puede aguantar ajustes, una pyme de 20 o 30 empleados no necesariamente”, sostiene Héctor Zazueta.
Desde la óptica legal y laboral, el riesgo no solo es recortar coberturas, sino que algunas empresas opten por no ofrecer el beneficio desde el inicio o replanteen sus esquemas de contratación.
Fernando Rojas advierte que el efecto puede escalar más allá del paquete de prestaciones. “El encarecimiento puede llevar a que algunas empresas, sobre todo micro y pequeñas, opten por reducir empleo formal o migrar a esquemas menos costosos”, señala.
Ahí aparece una conexión estructural con la informalidad. Si el costo total de contratar —salario, seguridad social y beneficios— sigue aumentando, algunas organizaciones pueden frenar contrataciones formales o buscar esquemas alternativos para contener gasto laboral.
El impacto no solo recae en la empresa, también en el trabajador, que pierde acceso a cobertura privada, ahorro para el retiro y otras prestaciones asociadas al empleo formal, reduciendo su protección financiera frente a enfermedades o accidentes.