El académico señaló que el comportamiento responde a la estructura financiera de las aerolíneas, altamente expuestas al costo energético. En muchos casos, la turbosina representa alrededor de 40% de sus costos operativos, una proporción que deja poco margen de maniobra cuando el petróleo entra en una espiral alcista.
El efecto comienza desde los mercados internacionales. Cuando el petróleo sube, los derivados refinados reaccionan automáticamente. La turbosina no espera ciclos trimestricos ni decisiones administrativas prolongadas. El impacto llega rápido a las finanzas de las compañías aéreas.
“Si el precio del petróleo aumenta, pues hay una transferencia a los precios de los derivados. Entonces esos movimientos en los precios son automáticos”, explicó Valdés Cervantes.
El combustible que define el precio del boleto
La rapidez del ajuste ya comenzó a reflejarse en las decisiones comerciales de las aerolíneas. Volaris reconoció que el incremento en los precios del combustible obligará a realizar aumentos graduales en tarifas.
“Estamos monitoreando de cerca el impacto del aumento en los precios del combustible e implementaremos ajustes de capacidad tácticos, así como incrementos graduales en tarifas y servicios adicionales conforme sea necesario”, dijo a principios de abril Enrique Beltranena, Presidente Ejecutivo y Director General de Volaris.
El fenómeno no es exclusivo de las aerolíneas locales. La aerolínea alemana Lufthansa anunció un alza de tarifas a finales de abril. "El impacto que ha tenido también nuestro abastecimiento de combustible ha llevado a incrementar los costos exponencialmente, y obviamente hemos tenido que ajustar nuestra oferta en el mercado para poder seguir operando ciertas rutas”, declaró Frank Naeve, vicepresidente de Ventas y Distribución Globales de la aerolínea en un encuentro con medios.
La rapidez del ajuste también obedece a la fragilidad histórica del negocio aéreo. Pocas industrias operan con una combinación tan compleja de costos fijos elevados, alta competencia, sensibilidad al ciclo económico y presión permanente sobre precios.
“Las aerolíneas han perdido dinero los últimos 30 o 40 años”, resumió el investigador al hablar sobre la rentabilidad estructural del sector a nivel global.
En este contexto, Valdés Cervantes explica que aquellas aerolíneas que tengan la flota más nueva pueden generar eficiencias y reducir costos. “Conforme tienes nuevas generaciones de motores, eres menos dependiente a esos cambios en la estructura de las tarifas de la turbosina”, explicó Valdés Cervantes.
Pero esa modernización enfrenta un cuello de botella mundial. Las cadenas de suministro de la industria aeroespacial continúan presionadas por retrasos en componentes, problemas de calidad y listas de espera históricas en fabricantes como Airbus y Boeing.
Las aeronaves nuevas llegan a cuentagotas. Y mientras no llegan, muchas compañías deben seguir operando aviones menos eficientes, con mayores consumos de combustible y costos de mantenimiento más altos.
Menos rutas, menos frecuencias
La combinación entre petróleo caro, aviones escasos y competencia agresiva ha creado una tormenta perfecta para las aerolíneas. Algunas han comenzado a reducir frecuencias, cancelar rutas o frenar planes de expansión.
El especialista citó el caso de Air Canada, que decidió cancelar seis nuevas frecuencias entre Canadá y Guadalajara, una señal de cómo las presiones financieras empiezan a reflejarse en la conectividad internacional.
La paradoja es que el ajuste ocurre justo cuando Norteamérica se prepara para uno de los eventos turísticos más importantes de la década: el Mundial de futbol que organizarán conjuntamente México, Estados Unidos y Canadá.
En teoría, el torneo debería representar un impulso extraordinario para el tráfico aéreo regional. En la práctica, el incremento de costos amenaza con encarecer los boletos en uno de los momentos de mayor demanda en la región.
El problema no es únicamente para los pasajeros. También lo es para los destinos turísticos, que dependen de conexiones accesibles y frecuencias suficientes para atraer visitantes internacionales.
¿Qué tanto el encarecimiento de un boleto puede afectar el éxito de un destino turístico? La respuesta, dice Valdés Cervantes, es que estos shocks sí tienen efecto en el desarrollo de un destino.
México ha colocado entre sus objetivos turísticos escalar posiciones en el ranking global de países más visitados. Pero ese objetivo depende de un ecosistema donde aeropuertos, conectividad y costos de transporte funcionen de manera coordinada.
El aumento de tarifas aéreas puede reducir la elasticidad de la demanda, particularmente en viajeros sensibles al precio, como familias o turistas internacionales de larga distancia que comparan múltiples destinos antes de comprar.