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Pemex extiende hasta 2027 la puesta en marcha de sus coquizadoras

Las plantas de Tula y Salina Cruz, clave para reducir la producción de combustóleo y elevar la fabricación de gasolinas y diésel, acumulan nuevos retrasos dentro de la estrategia de refinación de Pemex.
mar 12 mayo 2026 05:55 AM
Las coquizadoras prometidas por AMLO siguen sin ver la luz: Pemex aún no las termina en Tula y Salina Cruz
Las coquizadoras son instalaciones altamente especializadas integradas a las refinerías para transformar residuos pesados del petróleo en combustibles de mayor valor comercial. (OMAR TORRES/AFP)

Cuando Octavio Romero Oropeza aseguró en julio de 2024 que la coquizadora de Tula entraría “en producción completa en el primer trimestre de 2025”, la promesa parecía marcar el inicio de una nueva etapa para Petróleos Mexicanos: menos combustóleo, más gasolinas y diésel, y una mayor cercanía a la autosuficiencia energética impulsada por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Pero casi dos años después, la fecha volvió a aplazarse.

Ahora, la petrolera mexicana reconoce que la coquizadora de Tula podría quedar lista hasta finales de este año, mientras que la de Salina Cruz tendría que esperar hasta el segundo semestre de 2027, un nuevo aplazamiento para dos de las obras más emblemáticas de la modernización del Sistema Nacional de Refinación.

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“Estamos en el caso de Tula esperando terminar el proyecto y ponerlo en operación para finales de este año. Y en el caso de Salina Cruz (en) el segundo semestre de 2027”, dijo Marco Antonio González, subdirector de Planeación y Evaluación Operativa de Procesos Industriales de Pemex, durante la llamada con inversionistas por los resultados financieros del primer trimestre de 2026.

La actualización de las fechas no es un simple ajuste administrativo. También refleja las dificultades que ha enfrentado Pemex para concluir dos proyectos que se volvieron centrales dentro de la narrativa energética del sexenio pasado.

La promesa que sigue moviéndose

Las coquizadoras prometían resolver la elevada producción de combustóleo derivada del procesamiento de crudo pesado y con altos niveles de azufre, uno de los problemas estructurales más complejos de las refinerías mexicanas.

En lugar de vender ese residual de bajo valor —y cada vez más cuestionado por sus impactos ambientales—, Pemex buscaba transformarlo en combustibles más rentables como gasolina y diésel.

Era, en esencia, una apuesta para refinar mejor el petróleo mexicano.

La coquizadora de Tula fue presentada como el proyecto más avanzado de esa estrategia. Hoy opera parcialmente desde junio pasado de 2025 y, según la petrolera, ya permitió incrementar el procesamiento de crudo en alrededor de 39,000 barriles diarios.

Pero la obra aún no concluye.

El propio reporte 20-F entregado por Pemex a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos reconoce que, al cierre de 2025, el proyecto registraba un avance físico de 96.2%.

En Salina Cruz, el rezago es todavía más visible. La obra cerró el año pasado con un avance de 75.1%, una cifra que explica por qué el nuevo horizonte operativo ya se extendió hasta 2027.

Durante años, las coquizadoras fueron presentadas como una pieza clave para acercar al país a la autosuficiencia energética.

Romero Oropeza incluso aseguró que, con la entrada plena de Tula, México alcanzaría prácticamente ese objetivo. “Cuando lleguemos a septiembre solo se van a comprar 52,000 barriles diarios, y en el primer trimestre del 2025, ya con la entrada en pleno de la coquizadora de Tula, lograremos el 98% de la autosuficiencia en combustibles”, afirmó entonces.

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¿Qué es una coquizadora?

Aunque el término se volvió común dentro del discurso energético de los últimos años, las coquizadoras son instalaciones altamente especializadas integradas a las refinerías para transformar residuos pesados del petróleo en combustibles de mayor valor comercial.

El Instituto Mexicano del Petróleo explica que estas plantas realizan un proceso conocido como “craqueo térmico”, donde el combustóleo es sometido a temperaturas superiores a los 482 grados centígrados para romper sus moléculas y convertirlas en refinados más ligeros.

En términos prácticos, funcionan como una segunda refinación capaz de maximizar más valor del barril de petróleo.

Aunque el proceso también genera coque —un subproducto utilizado en cementeras—, la apuesta es reducir significativamente la producción de combustóleo y elevar la fabricación de gasolinas y diésel.

¿Cómo ayudan las coquizadoras?

El desafío no es menor para Pemex. México sigue dependiendo de importaciones de combustibles en un entorno internacional marcado por volatilidad en precios energéticos y tensiones geopolíticas que han elevado la relevancia de contar con producción nacional suficiente.

Ahí es donde las coquizadoras cobran valor estratégico.

Para Ramsés Pech, el problema de fondo es que México produce principalmente crudo pesado, lo que naturalmente genera mayores volúmenes de combustóleo si las refinerías no cuentan con suficiente capacidad de procesamiento profundo.

“Lo que se espera en México, cuando ya estén listas las coquizadoras, es que se pueda incrementar entre 70,000 y 110,000 barriles entre gasolinas y diésel”, explicó el especialista.

Ese volumen no sólo ayudaría a disminuir importaciones. También podría darle a Pemex una mayor capacidad para controlar precios y obtener mayores ingresos por la venta de combustibles de mayor valor agregado.

“Si se incrementa el volumen de gasolina y diésel, se disminuye la importación, y eso permite tener una mayor capacidad de amortiguar variaciones de precios, además de mayores márgenes a Pemex que comercializa combustibles al mayoreo; entonces son proyectos importantes”, puntualizó.

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