Presiones operativas y financieras en el trasfondo del relevo
La salida del funcionario se da en medio de una crisis en la petrolera que se agudizó a inicios del año a causa de derrames petroleros en las costas del Golfo de México, los cuales, de acuerdo con versiones difundidas en ese periodo, habrían sido ocultados durante semanas al propio directivo. Incluso, una vez que tuvo conocimiento de los incidentes, la información le habría sido restringida, lo que lo llevó a solicitarla formalmente mediante oficios a las áreas responsables.
A ello se suman múltiples accidentes e incendios registrados en instalaciones de Pemex, que han derivado en pérdidas humanas. El caso más reciente ocurrió el pasado lunes, cuando una explosión en la planta Hidros 2 de la refinería Antonio Dovalí Jaime, en Salina Cruz, Oaxaca, dejó a seis trabajadores afectados y el fallecimiento posterior de uno de ellos.
En el frente financiero, la presión también se intensificó. La calificadora S&P Global Ratings modificó la perspectiva de calificación crediticia de Pemex de estable a negativa, luego de casi cuatro años sin cambios en su evaluación.
Tras el ajuste en la perspectiva soberana de México, la agencia señaló que Pemex enfrenta una situación altamente especulativa. “El esperado apoyo fiscal sustancial y continuo a Pemex y CFE podría seguir agravando la rigidez fiscal de México. Su estructura de capital es insostenible, dada su escasa liquidez y su elevado apalancamiento”, indicó S&P Global Ratings.
En este contexto, la llegada de Carpio a la dirección general de Pemex representa un giro hacia un perfil más enfocado en la gestión financiera, en un momento en que la petrolera busca estabilizar su operación, ordenar su deuda y mantener su papel como eje de la política energética del país.
Víctor Rodríguez Padilla deja a Pemex con una deuda financiera que alcanza los 79,000 millones de dólares, una disminución de 7.8% respecto a los 85,200 millones de dólares registrados al cierre de 2025, su nivel más bajo desde 2014.