“Hay optimismo, podemos crecer ventas, quizás con la capacidad instalada y con el equipo que ya tenemos. Sin embargo, antes de hacer esas inversiones de largo plazo, quizás es donde hay un poco más de duda”, dijo Alberto Ibarra, profesor y director del área de análisis de decisiones del IPADE.
El dato adquiere peso porque la encuesta recoge la percepción de 1,824 empresarios y directivos del país, muchos de ellos directores generales, socios y consejeros. Además, el levantamiento ocurrió entre marzo y abril, justo antes de que nuevas tensiones políticas y comerciales elevaran otra vez el ruido alrededor de México.
A simple vista, el ambiente parece menos gris que el año pasado. El índice de optimismo personal y empresarial mostró una recuperación frente al segundo semestre de 2025. No obstante, cuando los empresarios hablan de lo que realmente les preocupa, aparecen tres temas que prácticamente empatan entre sí: incertidumbre económica, inseguridad e incertidumbre jurídica.
Y ahí aparece otro hallazgo relevante del estudio. Las empresas ya no están mirando únicamente hacia afuera, el discurso empresarial que durante años puso el foco en Donald Trump, China o las tensiones internacionales comenzó a cambiar. Hoy, 58% de los encuestados considera que los factores internos tendrán mayor impacto en la estabilidad económica del país que los factores externos.
“Las mayores fuentes de preocupación o las palancas que pudieran detonar esta confianza en la inversión son realmente los sucesos del entorno nacional”, reiteró José Carlos Rodríguez Pueblita, profesor del área de entorno económico del IPADE.
La fotografía cambia dependiendo de la región. En Jalisco, la principal preocupación es la inseguridad. En Nuevo León domina la incertidumbre económica. Mientras tanto, en la zona metropolitana de Ciudad de México el peso recae sobre la incertidumbre jurídica.
Incluso el apetito para invertir cambia según la ciudad. En Jalisco, 45% cree que sí es un buen momento para hacerlo. En Nuevo León, el porcentaje cae a 36%, lo cual deja una sensación peculiar y es que las empresas mexicanas no están detenidas, pero tampoco se sienten completamente seguras de pisar el acelerador.