La sombra de la incertidumbre comercial
Para una industria que decide inversiones con horizontes de entre 10 y 20 años, el mensaje tiene implicaciones que van mucho más allá de su extensión.
“Las inversiones de gran capital, como las automotrices, requieren certeza en el ambiente de negocios y claridad de las políticas antes de que se comprometa un solo dólar”, advirtió en un análisis Calum MacRae, director ejecutivo de Cadena de Suministro y Tecnología de S&P Global Mobility.
El especialista añadió que, si la administración estadounidense recurre a nuevas amenazas comerciales o modifica las condiciones del acuerdo, el ambiente incierto se intensificará y disminuirán los compromisos de inversión automotriz en México.
La advertencia no es teórica. La industria ya vivió un episodio similar durante el primer mandato de Donald Trump. Cuando el entonces presidente estadounidense amenazó con terminar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y renegociar las reglas comerciales de la región, la incertidumbre se convirtió en un freno para las inversiones de largo plazo.
El caso más emblemático fue el de Ford en San Luis Potosí. Aunque la armadora ya evaluaba ajustes derivados de la sobrecapacidad de producción que enfrentaba la industria global, el deterioro del ambiente de negocios y la incertidumbre comercial contribuyeron a la cancelación de la planta de 1,600 millones de dólares que se construiría en el estado.
Inversión sin nuevas armadoras
La industria nunca recuperó del todo el dinamismo de las grandes apuestas manufactureras realizadas en la década pasada, cuando Nissan, Mazda, Honda, Toyota, Kia, BMW y Audi anunciaron la construcción de plantas armadoras en el país. Esos anuncios, que superaron los 8,000 millones de dólares y que ocurrieron entre 2011 y 2016, perfilaron a México como uno de los principales impulsores del crecimiento de la capacidad global de producción de vehículos ligeros.
De acuerdo con datos de S&P Global Mobility, esas nuevas plantas, sumadas a las expansiones de instalaciones ya existentes, permitirían añadir poco más de dos millones de unidades de capacidad productiva, equivalente a 31.2% del crecimiento global. Este impulso colocaría a México en ruta para superar la barrera de los 5 millones de unidades producidas.
Sin embargo, la incertidumbre frenó esa expansión. México no solo no ha logrado alcanzar ese umbral —en 2025 ensambló 3,953,494 vehículos ligeros—, sino que tampoco ha recibido el anuncio de una nueva planta de ensamblaje de vehículos ligeros en casi una década.
La ausencia de nuevas fábricas no significa que el capital haya abandonado al sector. La inversión automotriz en México alcanzó en el tercer trimestre de 2024 su nivel más alto de lo que va de la década, con más de 3,500 millones de dólares, de acuerdo con datos de S&P Global Mobility.
Pero la composición de esos recursos cuenta una historia distinta. La mayor parte se ha destinado a autopartes, infraestructura, parques industriales y logística. Lo que sigue sin aparecer es una nueva armadora desde cero, que es justo el tipo de inversión y que transforma regiones enteras.