Al año siguiente se creó formalmente Zhejiang Geely Holding Group, estructura que permitió ordenar y concentrar las distintas operaciones automotrices. Poco después, en 2005, la compañía comenzó a cotizar en la Bolsa de Valores de Hong Kong, un movimiento que le abrió nuevas posibilidades de financiamiento y crecimiento.
La consolidación continuó durante la década siguiente. En 2012 apareció por primera vez en la lista Fortune Global 500, mientras que en 2014 presentó el sedán insignia BoRui y adoptó la misión de marca “Making Refined Cars for Everyone”, traducida como “fabricar automóviles refinados para todos”.
Los resultados comenzaron a reflejarse en las cifras. Para 2020, el grupo había superado los 10 millones de vehículos vendidos a nivel mundial. Cinco años más tarde, esa cifra rebasó los 20 millones de unidades acumuladas, confirmando que el fabricante chino ya jugaba en otra liga dentro de la industria.
La compra de Volvo cambió para siempre la historia de Geely
Aunque el crecimiento dentro de China fue importante, el momento que transformó la percepción internacional de la compañía llegó en 2010.
Aquel año adquirió el 100% de Volvo Cars a Ford Motor Company. El acuerdo se firmó el 28 de marzo y quedó completado el 2 de agosto de 2010, convirtiéndose en una de las operaciones más relevantes realizadas por una empresa china dentro del sector automotriz.
Más allá del tamaño de la transacción, la compra tuvo un enorme impacto estratégico. Volvo aportó prestigio internacional, experiencia tecnológica y acceso a mercados occidentales donde la armadora asiática todavía tenía poca presencia.
Desde entonces, el fabricante chino dejó de ser visto únicamente como una empresa enfocada en vehículos accesibles y comenzó a posicionarse como un actor global capaz de administrar una de las marcas más reconocidas de Europa.