Una historia de desencuentros
El sector energético llega a esta nueva etapa con uno de los historiales de mayor conflicto dentro del T-MEC.
Durante la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador, el gobierno impulsó una política para fortalecer a Pemex y CFE, al considerar que la reforma energética de 2013 había sido diseñada para debilitar a las empresas estatales y favorecer la privatización del sector.
Esa estrategia derivó en modificaciones legales, cambios regulatorios y un intento de reforma constitucional que, aunque no prosperó, detonó una ola de amparos y litigios promovidos por empresas privadas para proteger inversiones ya realizadas o proyectos en desarrollo.
Las diferencias escalaron hasta julio de 2022, cuando el gobierno de Estados Unidos solicitó consultas energéticas bajo el mecanismo de solución de controversias del T-MEC, al considerar que diversas políticas públicas y decisiones regulatorias favorecían a Pemex y CFE en detrimento de empresas estadounidenses.
Para Torres Landa, las consecuencias de aquellas decisiones aún pesan sobre la percepción de los inversionistas.
“El hecho de que se haya destruido la reforma energética de 2014, cuando se estaban logrando precios de energía más baratos del mundo, fue criminal. El hecho de que una reforma que estaba dando resultado se destruyera dio como resultado parar las inversiones, parar el crecimiento y se formó un control artificial por parte de CFE”, afirmó.
Aunque actualmente la discusión comercial entre México, Estados Unidos y Canadá abarca diversos sectores, los especialistas consideran que la energía mantiene un peso particular debido a ese historial de controversias.
A esa presión regulatoria se suma un desafío operativo. El crecimiento de la demanda eléctrica —que avanza alrededor de 3% anual y ha registrado máximos históricos durante los últimos veranos— obliga a acelerar el desarrollo de nueva infraestructura de generación y transmisión, proyectos que requieren inversiones intensivas y horizontes de recuperación de varias décadas.
Inversiones de 30 años bajo revisiones anuales
Más allá del contenido de la reforma energética, González considera que el mayor desafío proviene de la incertidumbre que introduce el nuevo esquema de revisión del tratado.
Explicó que el problema para los inversionistas no es únicamente el contenido de la legislación mexicana, sino la posibilidad de que las condiciones comerciales y regulatorias queden sujetas a evaluaciones periódicas entre los tres países.
Los proyectos de generación eléctrica, infraestructura de transmisión, almacenamiento de combustibles, exploración y producción petrolera suelen planearse con horizontes de recuperación de inversión de hasta 30 años, por lo que la estabilidad regulatoria constituye uno de los principales factores para tomar decisiones de inversión.
“Construir, desarrollar y operar proyectos de largo plazo, en un contexto en donde las reglas son susceptibles de cambiar anualmente por estas revisiones, creo que integran un factor de incertidumbre mayor al inversionista en lo que respecta al mecanismo de inversión; cuando una empresa toma decisión de invertir lo que busca es estabilidad regulatoria en todo el periodo”, aseveró.
En ese contexto, la revisión anual del T-MEC podría convertirse en un elemento adicional de riesgo para proyectos cuyo éxito depende de contar con reglas estables durante varias décadas.