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El maximalismo regresa y cambia las decisiones de negocio de las marcas de moda

Las piezas grandes, los colores intensos y los accesorios acumulables recuperan espacio después de varios años dominados por diseños discretos.
El maximalismo regresa y cambia las decisiones de negocio de las marcas de moda
Las piezas grandes, el color y la mezcla de materiales recuperan espacio frente a los diseños discretos que dominaron la joyería. (Nancy Malacara)

El minimalismo que abrazaron las marcas comienza a perder terreno. El maximalismo regresó como una tendencia que ya influye en las decisiones de negocio de la moda, desde el tamaño de los productos y la selección de materiales hasta la manera de exhibirlos.

Firmas como Coach, Miu Miu y Loewe han incorporado dijes, ornamentos y referencias lúdicas a bolsos y accesorios, mientras que la joyería vuelve a colocar collares, anillos y pulseras en el centro del atuendo.

El giro de tuerca se debe al desgaste de una estética discreta que logró extenderse a diferentes industrias y categorías, pues las líneas limpias, los tonos neutros y la reducción de elementos pasaron de la moda a la tecnología, la belleza, la decoración, los empaques y las tiendas.

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Tanto que, las marcas utilizaron estos códigos para comunicar orden, modernidad y sofisticación , pero su adopción masiva provocó que numerosas propuestas comenzaran a parecerse entre ellas.

“Hubo una sobresaturación de contenido y tendencias sobre cómo te debes ver y cómo no te debes ver. Esto generó cierto hartazgo porque todos nos vemos iguales”, dice Amai Moreno, fundadora y CEO de la marca mexicana de joyería Forchetta.

La compañía busca responder a ese cansancio con una oferta construida alrededor del volumen, la mezcla de materiales y la expresión personal. Su catálogo supera las 350 piezas y el siguiente lanzamiento añadirá más de 200 diseños de manera paulatina.

La decisión implica elevar la apuesta después de comprobar que existe interés por los accesorios llamativos. “El lanzamiento fue precavido porque pensamos qué pasaría si a nadie le gustaba tanto el maximalismo. Pero hicimos un estudio de mercado y vimos que llamó mucho la atención”, comenta Moreno.

De la discreción al exceso

El minimalismo cobró fuerza en la moda durante la década de los 90. Marcas como Calvin Klein, Jil Sander y Prada respondieron a la exuberancia de los años ochenta con prendas sobrias, estructuras sencillas y colores neutros, además la recesión de aquel periodo volvió menos aceptable la ostentación.

La estética se convirtió después en un código comercial que cruzó categorías. Las tecnológicas simplificaron sus productos, las firmas de belleza limpiaron sus empaques y la joyería redujo el tamaño de cadenas, aretes y anillos. El lujo silencioso prolongó recientemente esa preferencia mediante artículos costosos sin grafías visibles.

Ahora el maximalismo regresa, pero no sustituirá por completo a la discreción. Moreno asegura que la oportunidad comercial está en lograr que ambos estilos convivan y que el consumidor los combine según su personalidad, estado de ánimo u ocasión.

Forchetta calcula que entre 30% y 40% de su catálogo corresponde a piezas minimalistas. La marca las integra a su propuesta mediante el uso de capas, donde varias cadenas o pulseras discretas forman una composición más llamativa.

“Un día puedo ponerme un collar que pesa dos kilos y otro usar tres cadenas sencillas. No creo que una persona deba casarse con una sola forma de expresión”, señala la fundadora.

La empresa organiza su oferta en cinco universos llamados Musa, Mar, Esencia, Alquimia y Recreo. Cada uno reúne productos relacionados con diferentes personalidades para facilitar la búsqueda dentro de un catálogo amplio. La estrategia, según Moreno, ayuda a segmentar por afinidades en lugar de limitar la oferta a una temporada o una edad.

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Las millennials recuperan el color

La respuesta de las compradoras también modificó las expectativas que tenía la marca. Moreno pensó que las jóvenes de 18 años mostrarían mayor interés por los diseños grandes, pero encontró una participación relevante entre mujeres de 30 a 40 años, muchas de ellas madres.

El color y las pulseras acumuladas conectan a las millennials con la moda de su adolescencia, siendo la nostalgia una vía para presentar el maximalismo como una experiencia conocida y no nada más como una tendencia pasajera.

“Las personas que más ganas tienen de divertirse son muchas mamás jóvenes. Hemos visto que ellas recuerdan que antes usábamos un montón de pulseras y mucho color”, explica Moreno.

La generación Z tiene otras preferencias. Sus integrantes experimentan con resinas, acrílicos y brazaletes inspirados en los años ochenta, mientras que las millennials suelen valorar más las circonias, los engastes y los acabados asociados con productos de mayor precio.

La CEO comparte que estas diferencias influyen en la selección de materiales , el desarrollo del catálogo y los mensajes dirigidos a cada público. Forchetta combina acero inoxidable y laminados de oro con circonias, esmaltes, acrílicos y resinas. Sus precios oscilan de 250 pesos a cerca de 890, un rango con el que pretende ubicarse entre la bisutería de bajo costo y la joyería fina de alta gama.

La marca vende por internet y acompaña sus piezas con guardapolvos, instrucciones de cuidado y cajas con una presentación premium. El modelo de negocio le permite destinar más recursos al catálogo y sostener precios accesibles sin asumir todavía el costo de tiendas físicas.

Para Moreno, el regreso del maximalismo abre una oportunidad para que las marcas recuperen códigos propios mediante el color, la escala, la personalización y los materiales. Pero la acumulación por sí sola no garantiza una identidad. “Cada quien debe encontrar una expresión reconocible para evitar que el exceso termine convertido en la siguiente fórmula que todas repitan”

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