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El subsidio de Hacienda a la gasolina premium revela que la crisis del petróleo se intensifica

Por segunda semana Hacienda vuelve a otorgar estímulos a la gasolina 'roja', la cual es catalogada por ser consumida por usuarios de mayor poder adquisitivo.
Estación de servicio que muestra los precios de las gasolinas y el diésel, donde la premium está a un centavo de los 28 pesos por litro.
El incremento de los petroprecios se trasladó al mercado mexicano y llevó a que la gasolina regular superara los 24 pesos por litro, mientras el diésel y la Premium rebasaron los 28 pesos. (Diana Gante)

El gobierno federal está cambiando la estrategia para contener el impacto del encarecimiento de los combustibles. Mientras mantiene topes de precio para la gasolina regular y el diésel, ahora refuerza los estímulos fiscales para la gasolina Premium, un combustible cuyo precio está liberado y que puede alcanzar los 30 pesos por litro en algunas estaciones.

La decisión ocurre en un contexto de mayor presión sobre los precios internacionales del petróleo y muestra que la volatilidad provocada por el entorno geopolítico todavía no cede. Para los especialistas, la situación podría prolongarse durante el resto de 2026 e incluso los primeros meses de 2027, lo que representa un riesgo adicional para la inflación y para las finanzas públicas.

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Para la semana del 5 al 11 de septiembre, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público estableció un estímulo fiscal de 23.90% para la gasolina Premium, equivalente a un descuento de 1.35 pesos por litro en el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS).

La gasolina regular también mantiene un apoyo fiscal de 31.45%, equivalente a 2.10 pesos por litro, mientras que el diésel recibe un estímulo de 90.78%, con lo que los consumidores dejan de pagar 6.68 pesos por litro de IEPS.

La gasolina regular mantiene un precio máximo de 24 pesos por litro y el diésel uno de 27 pesos, mientras que la Premium no está sujeta a un tope y algunas estaciones ya reportan precios cercanos a los 30 pesos.

El petróleo vuelve a presionar

La presión sobre los combustibles tiene como principal detonante el conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán, iniciado el pasado 28 de febrero, que ha llevado al alza las cotizaciones internacionales del petróleo y, con ellas, los costos de los combustibles automotores.

Actualmente, el Brent ronda los 95 dólares por barril, mientras que el WTI se ubica alrededor de los 94 dólares. La Mezcla Mexicana de Exportación cerró el viernes en 90.94 dólares por barril.

Cuando comenzó el conflicto, las referencias se encontraban considerablemente más abajo. El Brent cotizaba en 72.48 dólares, el WTI en 67.02 dólares y la mezcla mexicana en 63.46 dólares por barril.

El incremento de los petroprecios se trasladó al mercado mexicano y llevó a que la gasolina regular superara los 24 pesos por litro, mientras el diésel y la Premium rebasaron los 28 pesos.

El episodio de mayor presión se presentó entre abril y mayo, cuando los precios de las gasolinas y el diésel alcanzaron sus niveles más elevados. La respuesta del gobierno fue incrementar los estímulos fiscales y establecer mecanismos para contener los precios al consumidor.

Carlos Vallejo, socio de QUA Energy Consulting, considera que la renovación de los acuerdos de precios responde principalmente a la necesidad de contener la inflación, particularmente en el caso del diésel por su relevancia para la actividad económica.

“La medida refleja que continúa la volatilidad en los precios de los combustibles derivado del entorno geopolítico y, en especial, la situación derivada del conflicto de Estados Unidos e Irán en el estrecho de Ormuz, la cual se pudiera extender por lo que resta del 2026, inclusive los primeros meses del 2027, lo cual no es nada alentador”, aseguró.

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El gobierno prolonga los topes

La gasolina regular cuenta con un precio máximo de venta al público desde febrero de 2025. Desde entonces, el mecanismo se ha renovado periódicamente mediante acuerdos entre las autoridades y el sector gasolinero, impulsados por la Secretaría de Energía.

En el caso del diésel, el precio máximo de 27 pesos por litro se estableció en abril pasado mediante un acuerdo de carácter voluntario. Aunque no existe un documento oficial firmado entre las autoridades y los representantes del sector, el gobierno comenzó a tomar medidas contra las estaciones que comercializaban los combustibles por encima de los precios acordados.

Entre esas acciones estuvieron las visitas de la Procuraduría Federal del Consumidor, Profeco, y la colocación de lonas en estaciones para advertir a los automovilistas sobre establecimientos que vendían por encima del precio establecido.

El mes pasado, la Secretaría de Energía renovó por seis meses, hasta enero de 2027, los pactos a la gasolina regular y al diésel .

La continuidad de estas medidas muestra que el gobierno no está apostando únicamente por contener los precios mediante controles o acuerdos con los distribuidores. También está utilizando el IEPS como mecanismo para amortiguar el impacto de los precios internacionales sobre el consumidor.

Premium, el nuevo frente

El cambio más visible ocurre en la gasolina Premium. A diferencia de la regular y el diésel, este combustible no tiene un precio máximo de venta, por lo que su costo puede reflejar con mayor libertad las condiciones del mercado.

Paradójicamente, el gobierno está destinando parte del estímulo fiscal a un combustible que suele asociarse con vehículos de mayor precio y consumidores con mayor poder adquisitivo. Además, la Premium representa una menor proporción del consumo total de combustibles.

Aun así, Hacienda ha tenido que reactivar el estímulo ante la presión sobre los precios.

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El termómetro del IEPS

De las 37 semanas transcurridas de 2026, en 16 semanas se ha aplicado algún estímulo fiscal a la gasolina Premium, aunque de manera intermitente.

El apoyo comenzó nuevamente la semana pasada. Entre el 29 de agosto y el 4 de septiembre, el estímulo fue de apenas 6.01%, equivalente a 0.34 pesos por litro.

Para esta semana, el porcentaje prácticamente se cuadruplicó hasta 23.90%, con un descuento de 1.35 pesos por litro.

Para Ramsés Pech, socio de Grupo Caraiva, este incremento muestra que el gobierno enfrenta una presión cada vez mayor para evitar que el encarecimiento del petróleo se traslade por completo a los consumidores.

“Si el precio del crudo y del tipo de cambio siguen presionando a los combustibles, el subsidio de Hacienda deberá ampliarse y competir con otros rubros del gasto público, lo que implica un costo fiscal creciente”, señaló.

El problema es que el estímulo funciona en dos sentidos. Por una parte, amortigua el impacto de los precios internacionales sobre los consumidores y las estaciones de servicio. Por otra, reduce la señal de precio que recibiría el mercado si el combustible se vendiera sin apoyo fiscal.

“El estímulo se convierte en una doble arma, pues mientras protege al consumidor, también implica que éste no percibe el costo real, por lo que no se incentiva el ahorro de combustible y la crisis energética que se presenta”, aseguró Pech.

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