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Geely aún no vende autos en EU, pero ya gana influencia en ese mercado con la compra de Volvo y una alianza con Ford

La automotriz china ha construido presencia occidental mediante adquisiciones y alianzas con fabricantes establecidos en EU, como Ford; una estrategia que ahora enfrenta mayor escrutinio de Whasington.
Una multitud de trabajadores de la planta de Ford en Valencia celebran la alianza con Geely en un acto protocolario
Geely tomó una participación de 34% en la empresa conjunta que operará la planta de Almussafes, en Valencia, España, donde ambas compañías producirán cinco vehículos electrificados para Europa a partir de 2028. ( Cortesía )

Geely aún no vende automóviles de su propia marca en Estados Unidos, pero el fabricante chino ha encontrado otras vías para ganar presencia e influencia en ese mercado. Una estrategia que ya comienza a incomodar a Washington.

Esta semana, la administración de Donald Trump cuestionó la alianza de Ford con Geely y otras empresas chinas, bajo el argumento de que la industria estadounidense no debería profundizar su dependencia de tecnologías y compañías de un país que considera un rival estratégico.

El señalamiento llegó de Sean Duffy, secretario de Transporte de Estados Unidos, después de que Ford y la empresa china anunciaran una sociedad conjunta para operar la planta de Almussafes, en Valencia.

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En una carta dirigida a Jim Farley, CEO de Ford, Duffy cuestionó que una marca estadounidense esté profundizando sus vínculos con empresas chinas en un momento en que Washington intenta reducir la exposición de su industria a tecnologías y productos provenientes de ese país.

“Si bien el Departamento de Transporte reconoce las intensas presiones competitivas del mercado global, las recientes decisiones estratégicas de la compañía ofrecen una imagen preocupante de una marca estadounidense fundamental que está entrelazando activamente su futuro con empresas respaldadas por el Estado chino”, escribió Duffy.

El funcionario también afirmó que la dependencia de Ford respecto a tecnologías de países considerados adversarios extranjeros “no es sostenible para Estados Unidos”.

La crítica llega después de que Ford anunciara el 23 de julio su acuerdo con Geely para crear una empresa conjunta que fabricará cinco vehículos en la planta de Almussafes a partir de 2028. Los modelos estarán dirigidos al mercado europeo y serán híbridos y eléctricos.

La sociedad tendrá una participación de 66% para Ford y 34% para Geely. La operación está prevista para comenzar durante la primera mitad de 2027, una vez que obtenga las autorizaciones regulatorias correspondientes.

El acuerdo busca recuperar la utilización de una planta con capacidad para ensamblar 500,000 vehículos al año, pero que actualmente produce menos de 90,000 unidades. La fábrica ensambla actualmente el Kuga y cuenta con unos 4,200 trabajadores.

El proyecto contempla además incrementar la plantilla para hacer frente a la producción de los cinco nuevos modelos.

China entra por la puerta de las alianzas

La reacción de Washington ocurre cuando la administración Trump intenta limitar la presencia de empresas y tecnologías chinas en la economía estadounidense.

La preocupación no se concentra únicamente en los automóviles fabricados directamente en China. También alcanza a vehículos que incorporen software, hardware o tecnologías conectadas desarrolladas por empresas chinas, incluso si son ensamblados en otros países.

Para Estados Unidos, los vehículos conectados pueden representar un riesgo potencial debido a la cantidad de información que generan y a su capacidad para comunicarse con redes e infraestructura.

El otro frente es comercial. Washington impone actualmente un arancel de 100% a los vehículos provenientes de China, mientras que los automóviles importados desde España, por ejemplo, enfrentan un arancel de 25%.

La diferencia hace mucho más viable para los fabricantes chinos exportar desde una planta en Europa que desde otra en China.

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El acuerdo entre Ford y Geely no contempla actualmente la producción de vehículos para Estados Unidos en Valencia. Su objetivo es atender el mercado europeo. Pero la operación ocurre dentro de una transformación más amplia de la industria, en la que los fabricantes occidentales buscan alianzas con compañías chinas para acelerar el desarrollo de vehículos eléctricos, híbridos, baterías y tecnologías de movilidad.

China tiene una posición dominante en varias partes de esta cadena de valor, lo que convierte a sus fabricantes en socios potencialmente útiles para las automotrices occidentales y, al mismo tiempo, en competidores que Washington considera estratégicos.

Ford responde a las críticas

Ford rechazó los cuestionamientos de Duffy y defendió su compromiso con la manufactura estadounidense.

En un comunicado , la compañía calificó la carta como un intento equivocado de obtener atención mediática a costa de una empresa que, según afirmó, ha hecho más por la manufactura estadounidense que prácticamente cualquier otra automotriz del país.

Ford sostuvo que es el fabricante de automóviles más estadounidense, porque produce más vehículos en Estados Unidos, emplea a más trabajadores manufactureros por hora y exporta más vehículos desde ese país que cualquier otra automotriz.

La empresa también destacó la inversión de miles de millones de dólares en BlueOval Battery Park Michigan, en Marshall, una instalación propiedad y operada por Ford que representa alrededor de 1,700 nuevos empleos estadounidenses.

La automotriz aprovechó la respuesta para defender su acuerdo con CATL, el fabricante chino de baterías. Ford afirmó que se trata de un acuerdo limitado de licencia tecnológica y servicios, no de una empresa conjunta ni de una operación manufacturera propiedad de una compañía extranjera.

“Ford es propietaria de la planta, controla la operación y emplea a la fuerza laboral”, sostuvo la empresa.

Ford también cuestionó las afirmaciones de Duffy sobre una supuesta estructura de empresa conjunta en Estados Unidos y afirmó que la carta contiene “errores de hecho”.

La compañía agregó que mantiene una relación de trabajo con distintos integrantes de la administración Trump en temas como comercio, emisiones y relocalización de manufactura.

“Si el secretario Duffy se hubiera puesto en contacto con nosotros antes de emitir su carta a la prensa, habríamos estado encantados de proporcionarle más detalles sobre el compromiso de Ford con Estados Unidos”, respondió Ford.

La automotriz sostuvo además que Estados Unidos debe competir desde una posición de fortaleza mediante propiedad estadounidense, empleos estadounidenses, producción estadounidense y sólidas salvaguardas de seguridad nacional.

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Geely ya enfrentó el escrutinio

La presión sobre Ford ocurre además después de que otras marcas vinculadas con Geely enfrentaran restricciones en Estados Unidos.

Volvo, la marca de origen sueco que perteneció a Ford entre 1999 y 2010, fue vendida por la automotriz estadounidense a Geely en 2010. Desde entonces forma parte del grupo chino.

Otra de las marcas vinculadas con Geely, Polestar, enfrentó este año un problema distinto pero relacionado con las nuevas reglas estadounidenses sobre vehículos conectados.

La Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio de Estados Unidos negó a Polestar la autorización para vender vehículos nuevos en Estados Unidos a partir del modelo 2027, bajo una regulación que restringe determinados vehículos extranjeros que utilizan software y hardware conectados.

Los principales países afectados por estas reglas son China y Rusia.

Como consecuencia, Polestar anunció que dejará de vender automóviles nuevos en Estados Unidos y concentrará su operación en Europa. La compañía liquidará el inventario existente, pero ya no comercializará vehículos nuevos en ese país a partir de ese momento.

Una fuente con conocimiento del tema consultada para este análisis interpreta esta diferencia como una posible estrategia de priorización de Geely. A su juicio, Volvo tiene mayor volumen, penetración en Estados Unidos y una red de distribución más amplia, por lo que el grupo chino habría concentrado sus esfuerzos en conservar esa operación.

La explicación corresponde a la interpretación de la fuente y no a una postura oficial de Geely o del gobierno estadounidense.

La disputa entre Duffy y Ford expone una tensión que alcanza a buena parte de la industria automotriz occidental.

Los fabricantes estadounidenses y europeos necesitan desarrollar vehículos electrificados a mayor velocidad para competir con las compañías chinas. Al mismo tiempo, recurrir a esas empresas para obtener tecnología, componentes, plataformas o capacidad productiva puede generar nuevos riesgos regulatorios y políticos.

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