De 12 tiendas a una red de 150 unidades
La cadena de suministro se desarrolló al mismo tiempo que la compañía construía su presencia comercial. MAJA abrió su primera tienda física en 2020, durante la pandemia, y posteriormente comenzó a expandirse por ciudades del norte del país como Mazatlán, Hermosillo y Tijuana.
En esas ciudades encontró consumidores vinculados con actividades como la pesca deportiva, el turismo y la vida al aire libre. En dos años, la compañía acumuló 12 unidades y aceleró su expansión entre 2023 y 2025.
Ahora proyecta cerrar 2026 con alrededor de 150 tiendas.
La siguiente etapa no está centrada en aumentar el ritmo de aperturas, sino en modificar el formato de sus establecimientos. La compañía busca fortalecer su presencia en mercados metropolitanos como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, sin dejar las ciudades medianas donde encontró algunos de sus mercados más fieles.
“Este año vamos a abrir menos tiendas, pero vamos a duplicar de tamaño y a renovar las primeras para alinearlas al nuevo formato”, explica De Nicolás.
Las primeras tiendas tenían en promedio 68 metros cuadrados, una superficie que, de acuerdo con el fundador, limitaba la cantidad de colecciones que podían exhibir.
“Teníamos en promedio 68 metros cuadrados, muy chiquitas y nos limitan la capacidad de crecimiento en el número de colecciones, pero la última tienda que inauguramos en Monterrey es 10 veces más grande”, dice.
Los nuevos establecimientos incorporan cafeterías, simuladores de golf y pesca, además de espacios inmersivos con embarcaciones recreativas. La empresa contempla remodelar 35 unidades durante este año y desarrollar, a largo plazo, al menos 20 tiendas bajo este concepto.
El crecimiento también se refleja en las ventas. MAJA reportó un incremento de 75% en ventas mismas tiendas durante 2025 y un crecimiento de 230% en ventas totales, aunque la compañía no revela los montos.
Convertir la complejidad en producto
Para Arturo Méndez, experto en negocios y académico de la Escuela Bancaria y Comercial, el desarrollo de la cadena de suministro solo se convierte en una ventaja si el consumidor puede identificarla a través del desempeño de la prenda.
“El posicionamiento va a depender mucho de que el producto realmente satisfaga la necesidad de su mercado. Si yo lanzo una prenda para hacer deporte y me funciona, la seguiré utilizando y la seguiré recomendando. El cliente es la mejor publicidad que pueden tener”, explica.
Desde esta perspectiva, tener acceso a materiales, tecnologías y componentes diferenciados puede ayudar a una empresa mediana a competir con compañías de mayor trayectoria, siempre que esas características se traduzcan en beneficios que el consumidor pueda percibir.
“Si el mercado percibe que está recibiendo el mismo beneficio que le ofrecen otras marcas, incluso a un precio competitivo, eventualmente las va a preferir. Es cuestión de tiempo. El hecho de que sea una empresa mediana no significa que no tenga la capacidad de competir con compañías de mucha mayor tradición”, agrega.
Para MAJA, la diferenciación no se limita a los materiales. La compañía también ha construido su estrategia comercial a partir de las particularidades de cada región del país.
“Las marcas internacionales ven a México como un solo mercado y México es completamente distinto en cada región”, dice De Nicolás.
Esa lectura determina incluso la operación de los inventarios y las colecciones. La empresa ajusta su oferta según el clima, los hábitos de consumo y las actividades predominantes en cada región.