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México tiene un problema para fabricar ropa deportiva, pero una marca mexicana encontró cómo resolverlo

La falta de textiles y componentes técnicos en México dificulta crear ropa outdoor, pero MAJA Sportswear diseñó una estrategia que le permite desarrollar colecciones desde el país y expandirse.
Una tienda de MAJA Sportsware en donde se muestran diferentes tipos de ropa especializada para actividades al aire libre, como pesca deportiva o senderismo.
La empresa abrió su primera tienda física en 2020, durante la pandemia, y encontró en ciudades como Mazatlán, Hermosillo y Tijuana consumidores con afinidad por la pesca deportiva, el turismo y las actividades al aire libre. (Cortesía )

La historia de MAJA Sportswear comienza con un problema que suele quedar fuera de la vista del consumidor. Para fabricar una prenda outdoor, no basta con elegir un diseño y llevarlo a una línea de producción. Las telas técnicas, los acabados especializados y componentes para incorporar protección solar o resistencia al agua requieren una red de proveedores con capacidades que todavía son difíciles de encontrar en México.

MAJA Sportswear nació hace seis años en Culiacán, Sinaloa, con el objetivo de construir una marca mexicana especializada en actividades al aire libre. La apuesta no consiste únicamente en vender ropa para actividades al aire libre, sino construir una marca mexicana capaz de competir con compañías globales que tienen décadas de experiencia, grandes presupuestos y cadenas de suministro consolidadas.

“MAJA es la primera marca mexicana de ropa outdoor y eso define cómo operamos. Todo se diseña en México, pero trabajamos con una red internacional especializada porque cada región tiene fortalezas distintas en materiales y categorías”, explica José Ignacio de Nicolás, fundador de la compañía.

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El modelo responde a una limitación que la empresa identifica en el mercado mexicano. Aunque De Nicolás reconoce la calidad de la manufactura nacional, señala que todavía es complicado encontrar localmente muchos de los materiales y componentes técnicos que requiere una prenda especializada.

Asia concentra buena parte de los proveedores que desarrollan los insumos utilizados por la industria global de apparel. El mercado de ropa técnica alcanzará este año un valor global de 28,900 millones de dólares y llegará a 57,300 millones de dólares en 2035, de acuerdo con Global Market Insights Inc.

Los aranceles a textiles importados de China

MAJA mantiene en Ciudad de México un equipo de alrededor de 24 personas dedicado al diseño y desarrollo de producto. Ahí se crean las colecciones y se define qué necesita cada prenda antes de conectarlas con los proveedores internacionales.

La compañía cuenta además con una oficina en Shanghái que funciona como enlace con ese ecosistema de proveeduría.

“La oficina en Shanghái nos va diciendo qué materiales nuevos existen, qué botones están disponibles y qué tecnologías están llegando al mercado. A partir de ahí tomamos decisiones sobre cada detalle de la prenda”, cuenta el empresario.

La integración de esos materiales no ocurre de manera inmediata. Entre el desarrollo inicial, las muestras, los ajustes, la producción y el traslado hasta los centros de distribución de Culiacán y Guadalajara transcurre prácticamente un año.

Esa planeación es relevante para una empresa cuyo portafolio se ha ampliado al mismo tiempo que crece su red comercial. El reto consiste en coordinar con anticipación los materiales y la producción necesarios para mantener disponibles las colecciones en una operación que ya tiene presencia en distintas regiones del país.

La estructura, no obstante, también expone a MAJA a los cambios en las condiciones comerciales. México aplica aranceles de entre 15% y 50% a las importaciones textiles provenientes de países asiáticos sin tratado de libre comercio, entre ellos China, India y Vietnam.

De acuerdo con De Nicolás, las modificaciones arancelarias elevaron alrededor de 14% el costo integral de algunos productos. La empresa decidió absorber ese incremento y no trasladarlo al consumidor.

“No queremos jugar nada que ponga en riesgo la permanencia. Somos una empresa de seis años y lo que tengamos que hacer para durar más de 100 años en el mercado lo vamos a hacer”, asegura De Nicolás.

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De 12 tiendas a una red de 150 unidades

La cadena de suministro se desarrolló al mismo tiempo que la compañía construía su presencia comercial. MAJA abrió su primera tienda física en 2020, durante la pandemia, y posteriormente comenzó a expandirse por ciudades del norte del país como Mazatlán, Hermosillo y Tijuana.

En esas ciudades encontró consumidores vinculados con actividades como la pesca deportiva, el turismo y la vida al aire libre. En dos años, la compañía acumuló 12 unidades y aceleró su expansión entre 2023 y 2025.

Ahora proyecta cerrar 2026 con alrededor de 150 tiendas.

La siguiente etapa no está centrada en aumentar el ritmo de aperturas, sino en modificar el formato de sus establecimientos. La compañía busca fortalecer su presencia en mercados metropolitanos como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, sin dejar las ciudades medianas donde encontró algunos de sus mercados más fieles.

“Este año vamos a abrir menos tiendas, pero vamos a duplicar de tamaño y a renovar las primeras para alinearlas al nuevo formato”, explica De Nicolás.

Las primeras tiendas tenían en promedio 68 metros cuadrados, una superficie que, de acuerdo con el fundador, limitaba la cantidad de colecciones que podían exhibir.

“Teníamos en promedio 68 metros cuadrados, muy chiquitas y nos limitan la capacidad de crecimiento en el número de colecciones, pero la última tienda que inauguramos en Monterrey es 10 veces más grande”, dice.

Los nuevos establecimientos incorporan cafeterías, simuladores de golf y pesca, además de espacios inmersivos con embarcaciones recreativas. La empresa contempla remodelar 35 unidades durante este año y desarrollar, a largo plazo, al menos 20 tiendas bajo este concepto.

El crecimiento también se refleja en las ventas. MAJA reportó un incremento de 75% en ventas mismas tiendas durante 2025 y un crecimiento de 230% en ventas totales, aunque la compañía no revela los montos.

Convertir la complejidad en producto

Para Arturo Méndez, experto en negocios y académico de la Escuela Bancaria y Comercial, el desarrollo de la cadena de suministro solo se convierte en una ventaja si el consumidor puede identificarla a través del desempeño de la prenda.

“El posicionamiento va a depender mucho de que el producto realmente satisfaga la necesidad de su mercado. Si yo lanzo una prenda para hacer deporte y me funciona, la seguiré utilizando y la seguiré recomendando. El cliente es la mejor publicidad que pueden tener”, explica.

Desde esta perspectiva, tener acceso a materiales, tecnologías y componentes diferenciados puede ayudar a una empresa mediana a competir con compañías de mayor trayectoria, siempre que esas características se traduzcan en beneficios que el consumidor pueda percibir.

“Si el mercado percibe que está recibiendo el mismo beneficio que le ofrecen otras marcas, incluso a un precio competitivo, eventualmente las va a preferir. Es cuestión de tiempo. El hecho de que sea una empresa mediana no significa que no tenga la capacidad de competir con compañías de mucha mayor tradición”, agrega.

Para MAJA, la diferenciación no se limita a los materiales. La compañía también ha construido su estrategia comercial a partir de las particularidades de cada región del país.

“Las marcas internacionales ven a México como un solo mercado y México es completamente distinto en cada región”, dice De Nicolás.

Esa lectura determina incluso la operación de los inventarios y las colecciones. La empresa ajusta su oferta según el clima, los hábitos de consumo y las actividades predominantes en cada región.

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