La certificación como siguiente paso
La creación de un CEL térmico dependerá primero de establecer mecanismos para demostrar de dónde provienen los residuos y la biomasa utilizados para generar biogás y biometano, así como la reducción de emisiones asociada a su aprovechamiento.
La Sener trabaja en estos instrumentos de trazabilidad, de acuerdo con Gómez. Este proceso podría convertirse en la base para una certificación nacional de los atributos ambientales de los biocombustibles.
Para el sector, contar con un certificado nacional también permitiría evitar que el valor ambiental generado por proyectos mexicanos termine acreditándose en otros mercados.
Gómez considera que el instrumento podría desarrollarse con suficiente rapidez para comenzar a operar en 2027, en lugar de esperar hasta 2030.
“Este es un instrumento nacional que ayudaría obviamente a incentivar el mercado”, señaló.
La intención es que la certificación funcione como un activo adicional para los productores de biogás y biometano, al reconocer no solo el energético que generan, sino también el beneficio ambiental asociado con la reducción de emisiones.
Más proyectos entran al mercado
La creación de un mecanismo de incentivos ocurre cuando el número de proyectos de biogás y biometano comienza a aumentar en México.
En Querétaro ya existe el primer permiso para producir biogás a partir de un relleno sanitario. En Chihuahua se desarrolla un proyecto de gran escala de biogás y biometano que contempla tres etapas y que, una vez concluida la última, se convertiría en el segundo proyecto más grande del continente.
Otro proyecto que ya opera es el de Brimex Energy, en Lagos de Moreno, Jalisco. La instalación es el primer proyecto desarrollado bajo la nueva ley de biocombustibles y utiliza biogás para generar electricidad que inyecta a la red.
Además, produce biometano, que comercializa comprimido mediante transporte terrestre hacia una planta industrial de autopartes ubicada en León, Guanajuato.
El CNB contabiliza actualmente ocho proyectos en operación y prevé que al cierre del año se sumen al menos cuatro más. Con ello, el sector estima terminar 2026 con entre 10 y 12 permisos a lo largo de la cadena de valor del biogás y el biometano.
El reto para los próximos años será convertir este crecimiento inicial en un mercado con suficiente oferta y demanda. Para el sector, un CEL térmico acompañado de una obligación gradual de consumo podría ser uno de los mecanismos para cerrar esa brecha.