¿Cuánto cuesta el mantenimiento de un auto de gasolina, uno híbrido y eléctrico?
El gasto anual promedio en mantenimiento para la industria asciende a 6,362 pesos, con 2.2 visitas al taller por vehículo. Pero esa cifra cambia según el sistema de propulsión, de acuerdo con los datos de JD Power.
Los autos híbridos conectables (PHEV) encabezan la lista, con un desembolso anual de 7,990 pesos y 2.3 visitas. Les siguen los vehículos de gasolina, con 6,380 pesos y 2.2 visitas, y los híbridos convencionales, con 6,030 pesos y 2.1 visitas.
En el extremo opuesto están los autos eléctricos, cuyo mantenimiento representa 4,598 pesos al año y 1.9 visitas al taller.
Los híbridos conectables combinan un motor de combustión con uno eléctrico y una batería que puede recargarse mediante una fuente externa, por lo que requieren atención para distintos sistemas de propulsión.
En los eléctricos de batería, en cambio, las intervenciones se concentran en otros componentes y procesos. Anna Peláez, account manager de JD Power México, explica que estos vehículos se acercan cada vez más a la lógica de una computadora móvil, en la que las actualizaciones de software adquieren mayor peso frente a operaciones tradicionales relacionadas con aceites e insumos del motor.
“Estamos empezando a ver una diferenciación para todos los vehículos eléctricos. Aquí ya hay un nivel de especialización que se está requiriendo en los técnicos. Muchos de estos van a una actualización de software a diferencia de los de gasolina que van a revisión de frenos”, expone.
Esta evolución abre una nueva necesidad para los talleres, que deben contar con personal capacitado para atender sistemas electrónicos y diagnosticar fallas específicas de cada tecnología. La reducción de ciertas tareas mecánicas no significa que desaparezca la necesidad de especialización, sino que cambia el tipo de conocimientos y herramientas requeridos.
Los clientes jóvenes presionan por otra experiencia
El costo también plantea un reto comercial para las agencias. Cuando cada visita implica un desembolso mayor, la calidad de la atención y la facilidad del proceso se convierten en parte de la experiencia por la que paga el automovilista.
El estudio de JD Power muestra que los millennials, nacidos entre 1981 y 1996, representan 59% de quienes llevan su vehículo a un taller de servicio. La generación Z, integrada por quienes nacieron a partir de 1997, concentra otro 26%.
Para Gómez, las marcas tienen que ajustar sus procesos a las expectativas de estos consumidores, que buscan una experiencia distinta a la que ofrecen los esquemas tradicionales de servicio.
“Los papás ya están mandando a sus hijos a servicio, y ellos están buscando otro tipo de experiencia, el problema está en que los estamos tratando como siempre. Seguimos con procesos muy tradicionales… Si no nos enfocamos en esta generación vamos a perder clientes”, señala.