Por ello, el sector busca llegar a la mesa trilateral con una postura común. “Para nosotros es fundamental defender once temas prioritarios (en la revisión del T-MEC), entre ellos la simplificación administrativa y la eliminación de aranceles, porque sin esos ajustes Norteamérica perderá competitividad”, dice González.
No obstante, esta visión no es compartida por Washington. A principios de enero, Donald Trump minimizó el alcance del acuerdo comercial firmado con México y Canadá en 2020, al asegurar que “no hay ninguna ventaja real” para la economía estadounidense. Desde su perspectiva, el pacto resulta prescindible para Washington. “Podríamos tenerlo o no, no importaría”, dijo ante periodistas, al ser cuestionado sobre su disposición a renegociarlo o permitir que expire. “Es irrelevante”.
Sus declaraciones añadieron tensión a un proceso de revisión ya de por sí complejo, previsto para julio.
El mensaje del mandatario contrasta con la postura de los principales ejecutivos de la industria automotriz, que ven en el T-MEC un pilar operativo más que un instrumento político. Días después de las declaraciones de Trump, el presidente ejecutivo de Ford Motor Company, Jim Farley, subrayó que el acuerdo es “crucial” para el sector, al recordar que la compañía funciona bajo un modelo de manufactura regional integrada, con plantas estratégicas tanto en Estados Unidos como en México.
Para las automotrices, el tratado no es un accesorio negociable, sino la base que permite coordinar inversiones, cadenas de suministro y decisiones de producción en América del Norte, justo cuando el discurso político vuelve a poner en duda su vigencia. El riesgo es que una relocalización acelerada hacia Estados Unidos, con una estructura de costos más alta que la de México y Canadá, termine restando eficiencia a toda la región.
A esa presión se suma la merma de liquidez. Aranceles, reinversiones y tasas elevadas reducen el margen financiero. “El problema inflacionario es, sobre todo, que las tasas referenciales soberanas van a permanecer un poco más elevadas de lo que quisiéramos”, señala Vildozo. “La industria automotriz financia el 60-70% de la cadena”.
Las cifras de rentabilidad reflejan el ajuste. En 2025, el Grupo Volkswagen recortó su expectativa de margen operativo a entre 2% y 3%, desde el 4% al 5% previo. Nissan vio caer el suyo a 0.5%, desde 1.5%.
China llena el vacío
Ese estrechamiento financiero limita la capacidad de invertir en nuevas plataformas. En los pisos de venta, alrededor de 40% de la oferta corresponde a productos antiguos, lo que reduce el atractivo para concesionarios y consumidores, explica Vildozo.
El vacío estratégico ha sido aprovechado por China. Tras una década de control de recursos críticos, dominio en tierras raras, semiconductores y una fuerte apuesta por innovación, el país asiático consolidó una ventaja estructural. “China conserva la capacidad de refinación de estos minerales críticos”, recuerda Vildozo.