La Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores ( AMDA) calcula que hasta 30% de las agencias asociadas podría cerrar por los cambios a la Ley del Impuesto sobre la Renta (ISR). La cifra equivale a alrededor de 1,000 establecimientos y 70,000 empleos en riesgo, en una actividad que genera unos 180,000 puestos de trabajo directos en el país.
El problema, explica el organismo, es que el nuevo límite de 96.6% a la deducibilidad de gastos puede obligar a las empresas a pagar impuestos sobre una utilidad que no obtuvieron. La reforma, aprobada con modificaciones en el Senado de la República y devuelta a la Cámara de Diputados para su revisión constitucional, fue planteada para combatir abusos fiscales, como el uso de facturas falsas, pero su alcance también golpea a negocios que operan legalmente y cuyos márgenes reducidos responden a la propia estructura de su actividad.
En la distribución automotriz, vender más no necesariamente significa ganar más. Y pagar impuestos sobre una rentabilidad que apenas alcanza para sostener la operación puede dejar a algunas agencias sin recursos para continuar.
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El dinero que entra no es el que se gana
Eduardo Sverdlin, director de Grupo Kasa Automotriz, explica la diferencia entre vender un automóvil y ganar dinero con él a partir de una operación sencilla.
“Yo le compro a la marca por 100 y lo vendo en 110. Bueno, ahí está mi margen bruto. Pero luego de esos 10 pesos tengo que pagar salarios, comisiones, la luz, la electricidad, ¿cuánto me queda? Muy poco”, plantea el directivo.
La diferencia entre esos 10 pesos iniciales y lo que finalmente queda en la caja explica por qué el tamaño de la facturación puede ser engañoso. Una agencia puede comercializar cientos de vehículos al mes y, aun así, obtener una utilidad pequeña frente al dinero que mueve.
“En ninguna marca tenemos un margen neto del 10%. Exactamente. Las mejores marcas tenemos un margen del 5%”, afirma Sverdlin.
Las cifras de la AMDA son todavía más ajustadas para el conjunto del sector. El organismo sitúa la utilidad antes de impuestos de las distribuidoras en un rango de entre 1% y 3%.
Es decir, por cada 100 pesos vendidos, una agencia puede obtener entre uno y tres pesos de utilidad antes de impuestos. El resto se consume en el costo de los vehículos y los gastos que permiten venderlos.
El modelo deja poco espacio para errores. Un inventario que tarda demasiado en venderse, una estructura administrativa sobredimensionada o una plantilla que no logra convertir prospectos en compradores pueden deteriorar la rentabilidad. El nuevo límite fiscal agrega presión a una operación en la que cada peso cuenta.
Cuando el impuesto amenaza con comerse la utilidad
Guillermo Rosales Zárate, presidente ejecutivo de la AMDA, advierte que el cambio fiscal no distingue suficientemente entre las empresas que recurren a prácticas indebidas para reducir sus impuestos y aquellas cuyos gastos responden a la operación cotidiana.
“Al tratarse de una fórmula algebraica, la medida no considera la capacidad contributiva, al contrario, a menor margen, mayor tasa efectiva”, señala.
Una distribuidora con una utilidad de 2% sobre sus ventas pasaría de una tasa efectiva de ISR de 30% a 50%. Si su margen fuera de 1%, la tasa efectiva alcanzaría 100%, mientras que con una utilidad de apenas 0.5% llegaría a 200%.
Estas cifras, elaboradas por la AMDA, no representan cambios en la tasa legal general del ISR, que permanece en 30%. Reflejan el efecto que, según el organismo, tendría la limitación de las deducciones sobre el impuesto pagado en relación con la utilidad real de las empresas.
El resultado puede ser especialmente complicado para las agencias menos rentables. Si un concesionario obtiene una ganancia de un peso por cada 100 vendidos, tiene muy poco margen para absorber una carga fiscal mayor sin comprometer su liquidez. Si además necesita pagar intereses por los vehículos que mantiene en inventario, cubrir la nómina y financiar su operación, el dinero disponible para invertir o enfrentar una caída de ventas se reduce todavía más.